Política en tiempos de acusaciones

El periodista Sergio Sarmiento aborda la popularidad que mantienen AMLO y Trump de cara a los comicios de 2024 en México y Estados Unidos, respectivamente.

Política en tiempos de acusaciones
AMLO y Donald Trump en una reunión de trabajo en la Casa Blanca en 2020.
Foto: Presidencia / Cuartoscuro

Durante décadas una acusación penal contra un político podía poner fin a su carrera. Hoy no tienen de qué preocuparse.

Donald Trump es un ejemplo. Este 1 de agosto se formalizaron cuatro acusaciones formales contra él por su intento de revertir los resultados de la elección de 2020, en la que el demócrata Joe Biden ganó por amplio margen. Como parte de estos procesos se le acusa de haber incitado el asalto de una muchedumbre al Capitolio el 6 de enero de 2021, para evitar la ratificación en el Congreso del triunfo de Biden. Este violento ataque costó cinco vidas. Con anterioridad, en abril, se acusó a Trump de haber hecho pagos ilegales para comprar el silencio de una actriz porno con la que tuvo relaciones sexuales. En junio se presentaron cargos en su contra por haberse llevado de la Casa Blanca, al terminar su mandato en 2021, documentos confidenciales gubernamentales.

Estas son solo las acusaciones más recientes. Antes de asumir la presidencia de Estados Unidos, que ejerció de 2017 a 2021, Trump fue acusado por cuando menos 25 mujeres de distintos tipos de acoso sexual, desde besos no consentidos y toqueteos hasta violación.

Las acusaciones, sin embargo, no han afectado su popularidad. Trump mantiene una ventaja abrumadora sobre su principal contendiente por la nominación presidencial del Partido Republicano: 53 por ciento contra solo 15 de Ron de Santis. Trump y Biden, además, aparecen empatados con 43 por ciento en caso de que se repitan sus candidaturas en los comicios de 2024. A los republicanos no les importan las faltas cometidas por Trump.

En México, el presidente Andrés Manuel López Obrador no ha cometido crímenes de la seriedad de Trump, es cierto, pero ha desacatado una y otra vez distintas decisiones judiciales, como en el caso del Tren Maya. También ha desobedecido las medidas cautelares del INE y del Tribunal Electoral para no intervenir en un proceso electoral que él mismo anticipó de manera ilegal. En estos últimos días ha advertido que no respetará las suspensiones emitidas por los tribunales para impedir la distribución de los libros de texto que el director de materiales educativos de la SEP, Marx Arriaga, elaboró sin cumplir con los requisitos de ley, como tener un plan de estudios previo y llevar a cabo consultas con especialistas y con la sociedad. A pesar de todo, el presidente mantiene una gran popularidad. Su partido, Morena, es favorito para ganar las elecciones de 2024 con cualquier candidato.

Es difícil saber por qué ha cambiado tanto el ánimo de la gente. De un moralismo acendrado hemos pasado a una gran indiferencia. Parece que un político popular puede hoy violar las leyes que quiera sin perder apoyo. Lo explicó Trump en enero de 2016, cuando buscaba la candidatura presidencial del Partido Republicano: “Podría estar en medio de la Quinta Avenida y dispararle alguien, y no perdería votantes. ¿OK?”… Es, como, increíble”.

Lo es; estamos viviendo nuevos tiempos en que las acusaciones más serias no afectan la popularidad de los políticos.