Sin beneplácito

Una columna de Sergio Sarmiento.

Sin beneplácito

Es bastante inusitado que un país niegue a otro el beneplácito de un embajador. Que lo haga dos veces, es casi impensable. Supongo que esa es la apuesta del presidente López Obrador, al declarar en su mañanera del 1ro de febrero que someterá a Panamá el nombre de Jesusa Rodríguez como embajadora, una vez que el gobierno panameño negó el beneplácito al historiador Pedro Salmerón. “A ver si la acepta el gobierno de Panamá”, comentó. 
El presidente ha violado los protocolos diplomáticos. Un gobierno primero somete en privado el nombre de un presunto embajador al gobierno anfitrión y solo cuando este otorga el beneplácito se hace público y se somete a los órganos legislativos para su ratificación. No fue el caso de Salmerón, anunciado por el presidente sin consulta con Panamá. La situación se complicó porque resurgieron las acusaciones en su contra por acoso sexual. 
La canciller panameña Érika Mouynes, una abogada de 44 años con maestrías de la Universidad de Nueva York y Berkeley, reconocida por sus posiciones progresistas y feministas, tuvo que tomar la decisión. El nombramiento de Salmerón tenía el problema de haber sido anunciado públicamente sin contar con el beneplácito de Panamá, pero además implicaba aceptar como embajador a un personaje acusado de acoso sexual. 
El gobierno de Panamá mantuvo un prudente silencio durante varias semanas, lo cual se considera en la diplomacia como señal de que el candidato no recibirá el beneplácito. Pero no había diplomáticos del lado mexicano que interpretaran el mensaje o quizá el presidente no estuvo dispuesto a escucharlos. Cuando se le preguntó públicamente a la canciller Mouynes el 24 de enero si se le daría el beneplácito a Salmerón, ella respondió con estricto apego a los protocolos: “Desde que fuimos notificados de la designación, la cancillería panameña manifestó su postura a la mexicana por los canales diplomáticos que corresponden”. 
El presidente López Obrador ha cometido después otras tres faltas al protocolo en la relación con Panamá. En su conferencia de prensa del 1ro de febrero reveló que el país centroamericano había rechazado la nominación de Salmerón: “Pues resulta que lo propusimos para embajador en Panamá, y como si fuese la Santa Inquisición, la ministra o canciller de Panamá se inconformó, que porque estaban en desacuerdo en el ITAM. Ya les vamos a dar a conocer el documento que envío… y que nos pedía que no enviáramos la solicitud de beneplácito”. 
Las comunicaciones de un gobierno a otro, sin embargo, no se pueden dar a conocer públicamente. Esto es una falta de respeto. Otra es referirse con menosprecio a la canciller de un país soberano como lo hizo el presidente al afirmar que la canciller Mouynes era “como si fuese la Santa Inquisición”. 
También fue una falta de respeto anunciar nuevamente una propuesta para la embajada sin obtener primero el beneplácito panameño. AMLO declaró: “Pues yo les informo que vamos a proponer como embajadora para Panamá a la senadora suplente, Jesusa Rodríguez. Ella va a ser, si lo acepta el gobierno de Panamá, si da su beneplácito, la embajadora de México en Panamá”. 
La designación de Jesusa tiene otro aspecto negativo. La senadora suplente cuenta con virtudes, especialmente como comediante, pero también con defectos importantes, entre ellos la soberbia. Por otra parte, ha violado abiertamente las leyes mexicanas cuando ha utilizado drogas en espacios públicos. 
No sé si el gobierno de Panamá rechazará por segunda ocasión el beneplácito. Sería un acto sin precedentes. Lo que sí es claro es que el presidente López Obrador necesita la asesoría informada de algún miembro del distinguido Servicio Exterior Mexicano.  
Twitter: @SergioSarmiento