Subsidios y controles

Una columna de Sergio Sarmiento.

Subsidios y controles

Los precios son un simple mecanismo de información: mandan mensajes a la sociedad para que los productores sepan cuánto producir y los consumidores cuánto comprar. Cuando suben demasiado, en períodos de alta de inflación, o cuando bajan en exceso, durante las recesiones, deben verse como un síntoma: no son la enfermedad. Pretender resolver estos problemas manipulando los precios es como querer curar una enfermedad atacando solo los síntomas. 
Por eso preocupa que el gobierno nacional quiera enfrentar el actual episodio de inflación, que no es exclusivo de México, con subsidios y controles de precios, como en los tiempos del viejo PRI. La actual inflación tiene su origen en fenómenos internacionales. Los gobiernos de casi todos los países inyectaron demasiado dinero a la economía durante la pandemia y causaron inflación. Además, los precios internacionales del petróleo se elevaron de forma abrupta por la invasión rusa de Ucrania y por las sanciones económicas que los países occidentales le impusieron a Rusia. 
La gasolina ha subido en todo el mundo, pero no en México, porque el presidente López Obrador se comprometió a bajar el precio durante su campaña electoral. En lugar de obtener un mayor ingreso por las ventas de petróleo, el gobierno primero redujo el impuesto especial sobre productos y servicios de la gasolina y ahora está pagando un subsidio al consumo de este combustible. 
Según Raquel Buenrostro, jefa del Sistema de Administración Tributaria (SAT), el costo de este subsidio podrá oscilar entre 350 mil y 400 mil millones de pesos en este 2022. Es un nivel extraordinariamente alto. Es más que los 303 mil millones de pesos del gasto en “Salud para todos”, que beneficia a quienes no tienen seguridad social y reemplaza el Seguro Popular, y mucho más que los 250 mil millones que se dedican a “Seguridad y paz”. En un país en que el sistema de salud se está desmoronando, y en que la inseguridad y la violencia están despedazando decenas de miles de vidas, gastar tanto para subsidiar la gasolina, que utilizan principalmente los ricos, es una enorme irresponsabilidad. Lo peor es que este subsidio no baja la inflación, y no puede hacerlo, porque no ataca el fondo del problema, sino solo los síntomas. 
Ahora el gobierno ha empezado a negociar con las grandes empresas un “pacto” para congelar los precios de ciertos productos. La experiencia nos dice, sin embargo, que los controles son la peor solución. No solo no eliminan las causas, sino que castigan la producción y la reducen, por lo que aumentan todavía más la inflación. Si el gobierno quisiera realmente atacar los altos precios, debería eliminar trámites a la inversión y reducir impuestos a la producción. Quitar obstáculos a la oferta de bienes y servicios es el mejor antídoto contra la inflación. 
Es posible que los funcionarios que están negociando los controles de precios con los empresarios estén actuando de buena fe. Se dan cuenta, quizá, del sufrimiento que los altos precios ocasionan a la población. Sin embargo, así como es importante que tengan conciencia de los males que afectan a la sociedad, así deben conocer también qué medidas realmente los resuelven. Los controles de precios no solo no detienen la inflación, sino que la profundizan. 
Twitter: @SergioSarmiento