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Opinión

Tragedia en las vías

Con lo ocurrido en el Tren Interoceánico queda claro una vez más el costo enorme de gobernar por ocurrencias. También el de invertir cientos de miles de millones de pesos en proyectos que no tienen forma de ser rentables.

Descarrilamiento del Tren Interoceánico

Foto: Cuartoscuro

Sergio Sarmiento

Sergio Sarmiento

Publicada: dic 31 a las 07:00, 2025

La línea Z del Tren Interoceánico de pasajeros fue inaugurada apenas el 22 de diciembre de 2023 por el expresidente Andrés Manuel López Obrador. El 22 de octubre de 2025, la presidenta Sheinbaum dijo en su conferencia de prensa que los trenes de pasajeros “son más seguros”, lo cual es falso, porque si bien son más seguros que los autos particulares, lo son menos que la transportación aérea o los autobuses.

Este pasado 28 de diciembre, sin embargo, se registró el descarrilamiento de ese nuevo y seguro Tren Interoceánico, en un accidente trágico que dejó 13 víctimas mortales y 98 heridos.

Al expresidente López Obrador le gustaba jugar con trenes. Impulsó la construcción del Tren Maya, un proyecto que prometió dejaría concluido en diciembre de 2023 y cuyo costo calculó originalmente en 120 mil millones de pesos.

Dos años después, la construcción no ha terminado y el costo se ha disparado por arriba de los 500 mil millones. También prometió que no derribaría ni un árbol, pero la destrucción ambiental ha sido enorme: el proyecto devastó unas seis mil hectáreas de selva, fragmentó ecosistemas y contaminó acuíferos y cenotes por las perforaciones para colocar pilotes en el frágil suelo kárstico de la península de Yucatán.

El proyecto lo empezó y lo encabeza todavía, a pesar del retraso, la Secretaría de la Defensa, que no tenía experiencia previa en la construcción de vías férreas.

El Tren Interoceánico era en principio más sencillo, porque implicaba renovar vías ya existentes del antiguo corredor transístmico. Este otro proyecto se realizó bajo la dirección de la Secretaría de Marina, que tampoco tenía experiencia en el desarrollo de ferrocarriles; y lo hizo con prisas, sometido a tiempos políticos para darle oportunidad al presidente de López Obrador de inaugurar el servicio, y bajo acusaciones de corrupción.

Los contratos se otorgaron de manera directa y discrecional. Gonzalo López Beltrán, hijo del presidente López Obrador, fue nombrado supervisor “honorífico” del proyecto, a pesar de no tener tampoco experiencia en ferrocarriles.

El director del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, el responsable final, el vicealmirante Raymundo Morales Ángeles, fue ascendido a almirante y nombrado secretario de Marina por la nueva presidenta Claudia Sheinbaum.

Ninguno de estos trenes es rentable: por eso no hubo empresario privado que buscara la concesión, ni siquiera los que manejan los exitosos servicios de carga ferroviaria en el país. El Tren Maya, en efecto, no puede competir con los autobuses de pasajeros que recorren la península de Yucatán a precios módicos y con corridas constantes. El Tren Interoceánico ha sido un sueño por décadas: Porfirio Díaz construyó la vía original en 1907, con el propósito de ofrecer un servicio de carga entre el océano Pacífico y el golfo de México, pero nunca fue rival del canal de Panamá.

López Obrador le añadió un servicio de pasajeros que ha resultado un problema logístico y que ha asegurado que pierda dinero. AMLO no se molestó siquiera en pedir un estudio previo de factibilidad económica.

Hoy la tragedia del Tren Interoceánico ha hecho que el país vuelva la vista a estos proyectos. Queda claro una vez más el costo enorme de gobernar por ocurrencias. También el de invertir cientos de miles de millones de pesos en proyectos que no tienen forma de ser rentables y que se encargan a personas e instituciones sin experiencia.

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