
Foto: DEA-GOV
La reciente captura de Pedro Inzunza Noriega, “El Sagitario”, destapó el historial de una familia que operó durante dos décadas con un perfil discreto pero letal.

En el mapa del narcotráfico sinaloense, el apellido Inzunza pesa tanto como el plomo, pero durante años se manejó con el silencio del dinero.
La reciente detención en Culiacán de Pedro Inzunza Noriega, alias “El Sagitario” o “El Señor de la Silla”, ocurrida en las últimas horas de 2025, no es solo una captura más: es el golpe a la estructura vertebral que mantuvo vivos a los Beltrán Leyva tras la caída de sus fundadores.
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Los Inzunza pasaron de ser jefes de sicarios a convertirse en los primeros objetivos juzgados bajo cargos de narcoterrorismo por Estados Unidos.

A diferencia de la estridencia de otros líderes, “El Sagitario” se caracterizó por un perfil bajo y una capacidad diplomática para tejer alianzas. Se le atribuye el control de plazas estratégicas en Sinaloa (Guasave y Los Mochis) y Tijuana, claves para el trasiego de drogas hacia la frontera norte.
Su nombre pasó a la historia judicial en mayo de 2025, cuando la Fiscalía de California lo acusó formalmente de narcoterrorismo. No solo por tráfico de drogas, sino por liderar una red de violencia política, extorsión masiva y, crucialmente, por ser uno de los mayores introductores de fentanilo a EE. UU., vinculado a un decomiso histórico de más de una tonelada del opioide en 2024.

Si el padre era el estratega, el hijo fue el ejecutor moderno. Pedro Inzunza Coronel, alias “El Pichón”, representó la modernización del clan. Fue señalado junto a su padre en la acusación de narcoterrorismo del Departamento de Justicia, identificado como el encargado de las redes de producción de metanfetamina y fentanilo a escala industrial.
Reportes de inteligencia indican que su carrera criminal terminó meses antes de la captura de su padre, al ser abatido a finales de 2025 en un enfrentamiento armado, cerrando así la línea sucesoria directa del mando operativo.
El apellido Inzunza no es nuevo en la crónica roja. El clan cimentó su reputación con sangre a través de Gonzalo Inzunza Inzunza, alias “El Macho Prieto”.
Abatido en diciembre de 2013 en Puerto Peñasco, Sonora, Gonzalo fue el jefe de sicarios de confianza de Ismael “El Mayo” Zambada antes de la ruptura de facciones. Su legado de violencia extrema y capacidad de fuego (conocido como “El Señor de las Bazucas”) le dio al apellido el “respeto” territorial que luego Pedro Inzunza Noriega capitalizaría para negociar rutas y lavar dinero sin necesidad de tanta exposición mediática.