
Foto: Prensa Presidencia Venezuela / Wikimedia Commons
Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, estos son los actores políticos de Estados Unidos y Venezuela que definirán el rumbo de la crisis y la transición en Caracas.

La ejecución de la Operación Martillo por parte de Estados Unidos el pasado 3 de enero, que culminó con la captura y traslado del expresidente Nicolás Maduro a Nueva York, no solo marcó un antes y un después en la crisis venezolana; también reconfiguró el poder interno en Caracas y abrió un nuevo capítulo en la relación entre Estados Unidos y Venezuela.
Mientras Maduro y su esposa, Cilia Flores, enfrentan cargos por narcoterrorismo en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, en Caracas se ha instalado una “calma tensa”. El poder ha cambiado de manos, pero la estructura —aunque golpeada— se mantiene operativa bajo la mirada vigilante de la administración de Donald Trump.

Para entender hacia dónde va Venezuela y qué busca realmente Estados Unidos con lo que se ha llamado la “Doctrina Donroe”, es importante analizar a los personajes clave que hoy sostienen los hilos de la transición.
La caída de Nicolás Maduro no significó el fin del chavismo pero el movimiento se reacomoda alrededor de figuras que han demostrado lealtad durante décadas.
Delcy Rodríguez gobierna bajo presión, mientras Cabello y Padrino observan desde las sombras en medio de presiones de Trump y con la cautela de evitar un “quiebre” dentro del chavismo.
Si hay una figura que ha salido fortalecida del caos, es Delcy Rodríguez. Investida como presidenta interina tras la extracción de Maduro, ha pasado de ser la vicepresidenta ejecutiva a la interlocutora principal de la Casa Blanca.
Hija del guerrillero Jorge Antonio Rodríguez, Delcy -de 56 años-, exvicepresidenta, ministra de Hidrocarburos y una de las operadoras políticas más leales al chavismo, Rodríguez ha sido mediadora entre el régimen, las élites económicas y actores internacionales.

El gobierno de Trump la considera una opción “funcional” para negociar estabilidad y apertura petrolera. De hecho, desde Washington se ha dejado claro que la relación dependerá de qué tan dispuesta esté a permitir el ingreso de petroleras estadounidenses y facilitar una transición política controlada.
Hermano de Delcy y actual presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez es el estratega político del régimen.
Ha sido el histórico negociador entre Caracas y Washington. Su control sobre el poder legislativo y su influencia sobre el Consejo Nacional Electoral (CNE) lo convierten en una pieza fundamental para cualquier proceso de transición o eventuales elecciones que Estados Unidos pudiera exigir a mediano plazo.

Ha sido vicepresidente, alcalde de Caracas y rector del Consejo Nacional Electoral, además de principal negociador del chavismo en diálogos con Estados Unidos.
Su papel es clave para mantener la cohesión interna del oficialismo y administrar el proceso legislativo en un momento de alta fragilidad institucional. Para Washington, podría ser considerado un actor incómodo pero inevitable.
Si Delcy Rodríguez representa el rostro político, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López encarnan el poder coercitivo del chavismo.
Los dos hombres controlan las armas y la inteligencia, y ambos tienen precio sobre sus cabezas en Estados Unidos.
Es el rostro del ala más radical. Cabello, actual ministro de Interior y uno de los hombres más temidos del régimen, controla los aparatos de inteligencia y seguridad.
Washington ofrece 25 millones de dólares por su captura, acusándolo de coordinar envíos de droga con disidencias de las FARC.
Ante la situación de Cabello, algunos analistas advierten que la caída de Maduro puede provocar una fractura en el chavismo.

El exdiplomático estadounidense, Brian Naranjo, citado por AFP, advirtió que Cabello podría intentar desplazar a Delcy en cualquier momento: “Estaría más que feliz de tomar el control”.
Pieza inamovible desde 2014, Padrino garantiza la lealtad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).
Aunque ha jurado lealtad al interinato de Rodríguez, enfrenta cargos federales en EUA por sobornos y narcotráfico. Su permanencia es el garante de la “unión cívico-militar”, pero también un obstáculo para la normalización total de relaciones con Estados Unidos.
Analistas coinciden en que cualquier fractura entre estos dos actores podría desestabilizar por completo al país.

Del lado estadounidense, el conflicto está liderado por el presidente Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, uno de los principales arquitectos de la ofensiva contra Maduro.
Rubio ha dejado claro que, por ahora, no es prioridad convocar elecciones inmediatas, sino estabilizar el país y resolver el tema energético.
Desde Washington, la estrategia hacia Venezuela ha dejado de ser diplomacia tradicional y apuesta a que el sector privado, especialmente la industria petrolera, juegue un papel central en la reconstrucción venezolana.
El presidente de Estados Unidos ha dejado claro que su interés es pragmático: petróleo y estabilidad hemisférica.
Trump busca que empresas como Chevron lideren la reconstrucción de la infraestructura venezolana. Su administración no descarta administrar Venezuela de forma “provisional” a través de la influencia económica, reviviendo una versión moderna de la Doctrina Monroe.
La llamada “Doctrina Donroe” ha permeado la conversación en últimos días tras la intervención militar en Venezuela y ante las constantes amenazas de Trump de “hacer algo” en otros países de la región como México y Colombia.

El arquitecto político de la operación. Rubio, de origen cubano-estadounidense, y por años ha cuestionado el régimen chavista en Venezuela.
En el proceso, como encargado de la transición en Venezuela, ha advertido que la relación con el nuevo gobierno de Delcy Rodríguez dependerá estrictamente de la apertura a las petroleras estadounidenses y la alineación con los intereses de seguridad de EUA.
Rubio cuenta con Pete Hegseth y Stephen Miller como aliados para llevar la transición en Venezuela, la cual dijo constará de tres fases.

Mientras la cúpula chavista se reacomoda, otros actores buscan su espacio:

La captura de Maduro no es el fin de la historia. La estabilidad de Venezuela dependerá de un delicado equilibrio entre negociación política, control militar y la agenda energética de Estados Unidos. El desenlace aún está abierto, pero los personajes clave ya están sobre la mesa.