LOS LÍDERES DE LA POLÍTICA

Opinión

El velo: entre la fe, la tradición y la imposición

Hannia Novell aborda el uso del velo y lo que implica este accesorio en los países de Medio Oriente

Velo Islámico

Foto: Creative Commons

Hannia Novell

Hannia Novell

Publicada: ene 21 a las 07:30, 2026

En el Medio Oriente, los pañuelos y velos que usan las mujeres —como el hiyab, el niqab, el chador o la burqa— no significan lo mismo en todos los países.

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Para muchas mujeres, cubrirse el cabello o el cuerpo es una elección personal, ligada a la fe, a la identidad cultural o a la tradición familiar.

En otros contextos, sin embargo, el velo deja de ser una decisión y se convierte en una obligación impuesta por el Estado.

La diferencia es clave. En países del Golfo o en Irak, por ejemplo, muchas mujeres usan velo por costumbre social o religiosa, con distintos grados de flexibilidad.

En contraste, en Irán o Afganistán, el control sobre el cuerpo femenino está respaldado por leyes y fuerzas de seguridad. Allí, mostrar un mechón de cabello, el cuello o parte de la piel puede considerarse una falta moral o legal.

Los castigos no son simbólicos: multas, detenciones, golpizas, cárcel e incluso la muerte.

Velo islámico

Foto: Redes sociales

La llamada “policía de la moral” vigila la vestimenta femenina en espacios públicos, convirtiendo el cuerpo de las mujeres en un territorio de control político. El mensaje es claro: no se trata solo de religión, sino de poder.

Por eso, las protestas de las mujeres en Irán tienen un peso histórico. Quitarse el velo en público no es un gesto estético ni una provocación cultural: es un acto de resistencia. Muchas saben que al hacerlo arriesgan su libertad y su vida, pero también saben que obedecer significa aceptar una violencia cotidiana y normalizada.

El debate sobre el velo no puede simplificarse. No es “opresión” en todos los casos, ni “libertad religiosa” en otros.

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La verdadera línea divisoria está en una sola pregunta: ¿se elige o se impone? Allí donde hay imposición y castigo, no hay tradición que lo justifique, solo una lucha urgente por los derechos humanos de las mujeres.