
Foto: SCJN
Desde el arranque del nuevo pleno de la SCJN, las diferencias entre los nuevos ministros han salido a relucir

Desde su arranque en septiembre de 2025, la nueva etapa de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha ido dejando atrás la imagen de solemnidad, mesura y diplomacia que históricamente acompañó al Pleno.
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En su lugar, las sesiones se han convertido en un escaparate de diferencias abiertas, respuestas secas y choques que rápidamente saltan a las redes sociales y al escrutinio público.
En ese escenario, Lenia Batres Guadarrama aparece de manera reiterada fuera del ánimo general del Pleno.
Desde las primeras semanas, su postura ha chocado con la de otros ministros, no solo por el fondo de los asuntos, sino por la forma directa y de confrontación con la que ha respondido en sesión.
Lejos de tejer consensos, Batres ha quedado aislada en más de una votación y enfrentada de manera abierta con sus propios compañeros.

Uno de los episodios más tensos se registró en la reciente discusión sobre cosa juzgada. A Batres se le solicitó suprimir de su proyecto un párrafo que abría la posibilidad de reabrir un caso ya concluido. La ministra se negó y lo hizo sin rodeos frente al Pleno.
Afirmó que no existía ninguna norma que permitiera modificar su proyecto de esa manera, sostuvo que su texto se publicaría tal como fue presentado y señaló que quienes discreparan debían hacerlo mediante votos concurrentes o particulares.
Incluso reclamó que se le estaba aplicando una regla inexistente y pidió que, si se quería cambiar el funcionamiento del Pleno, se hiciera de forma formal y no de manera improvisada.
La escena dejó un ambiente cargado y evidenció una resistencia abierta frente a la mayoría.
Las fricciones de Lenia Batres no terminaron ahí. Ha tenido desencuentros con Yasmín Esquivel Mossa, derivados de diferencias de criterio y del manejo de los debates.
A ello se sumaron los choques con Loretta Ortiz Ahlf, que pasaron del desacuerdo jurídico a intercambios directos y ríspidos en plena sesión, con respuestas que quedaron asentadas en los registros oficiales y que alimentaron la conversación crítica en redes.
Pero las broncas no se limitaron a Batres. Loretta Ortiz Ahlf protagonizó otro momento de alto voltaje cuando lanzó reproches contra secretarios y funcionarios del máximo tribunal, cuestionando su actuación durante el desarrollo de los trabajos.
La respuesta fue inmediata y poco habitual para el estándar de la Corte. Giovanni Figueroa Mejía, Sara Irene Herrerías Guerra y hasta el propio presidente del tribunal intervinieron para responderle, marcando límites claros y dejando atrás el tono diplomático que solía imperar en el Pleno.
A ese clima se añadieron las diferencias entre María Estela Ríos González y Giovanni Figueroa, otro episodio que exhibió fricciones internas por la forma de procesar proyectos y por el papel de las áreas técnicas.

Con apenas unos meses de funcionamiento, la nueva Suprema Corte ha mostrado un rostro poco habitual.
Las respuestas cuidadas y políticamente correctas han cedido espacio a diferencias marcadas, negativas públicas y reproches que alimentan la crítica ciudadana y el ruido en redes sociales.
Más que anécdotas aisladas, los choques acumulados desde septiembre de 2025 revelan a un Pleno tensionado, expuesto y cada vez más observado por una opinión pública que ya no ve solo sentencias, sino también las broncas internas que acompañan su construcción.