
Foto: Obtenida de redes
La disputa por la refinería y el control del ‘triángulo del huachicol’ convierten al municipio en el botín más codiciado entre el CJNG y el Cártel de Santa Rosa de Lima

Salamanca se ha convertido en una radiografía brutal de la violencia que atraviesa Guanajuato. La ciudad no es un caso aislado, sino una pieza clave dentro del corredor industrial donde se concentran los mayores niveles de incidencia delictiva del estado, junto con León, Irapuato y Celaya, según datos oficiales y reportes de seguridad recientes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Guanajuato y la Fiscalía General del Estado de Guanajuato.

Estos municipios reportan las cifras más altas en delitos de alto impacto, particularmente homicidios dolosos, lo que ha colocado al corredor industrial como una de las regiones más violentas del país.
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León registra frecuentemente el mayor número total de homicidios dolosos, impulsado por su tamaño poblacional y concentración urbana, además de una percepción de inseguridad elevada entre sus habitantes.
Irapuato se mantiene de forma consistente entre las ciudades más inseguras del estado y del país, con una percepción de inseguridad pública alta y una incidencia persistente de violencia, conforme a estadística federales y estatales.

Celaya, junto con Salamanca e Irapuato integra el llamado triángulo del huachicol, una franja estratégica donde se han expandido crímenes de alto impacto como homicidio y extorsión. En este corredor, la violencia no solo se mide en cifras absolutas, sino en tasas proporcionales que revelan una presión criminal extrema en municipios más pequeños como Santiago Maravatío, Salvatierra y Tarimoro, que han registrado índices de homicidio doloso por cada 100 mil habitantes extremadamente altos en comparación con otros municipios del estado, según índices municipales de homicidio doloso de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Guanajuato.
La concentración de actividad económica en el corredor industrial ha generado dinámicas criminales asociadas al crimen organizado, extorsiones y narcomenudeo, de acuerdo con informes de seguridad y percepción pública de 2024 y 2025. En ciudades como León e Irapuato, la percepción de inseguridad refleja el impacto directo de la violencia en la vida cotidiana de la población.
Salamanca destaca como un punto estratégico de disputa criminal. De acuerdo con datos del gobierno federal, una nueva jornada violenta se registró cuando un ataque del Cártel de Santa Rosa de Lima en campos de fútbol dejó diez heridos y once muertos, identificándose a cinco de las víctimas como integrantes de una empresa de seguridad ligada al Cártel Jalisco Nueva Generación, según reportes de inteligencia.

La masacre fue atribuida a Moisés Soto Bermúdez, integrante del grupo de choque Los Marros, bajo órdenes de Mario Eleazar Lara Belman, alias El Negro, líder del Cártel de Santa Rosa de Lima que disputa esta zona estratégica.
Para el crimen organizado, Salamanca representa un botín irrenunciable por su papel como corazón energético del país. La presencia de la refinería Antonio M. Amor y una red masiva de ductos convierte a la zona en un centro neurálgico del huachicol que genera millones en efectivo.
Su conectividad dentro del llamado triángulo de la muerte, facilita el tránsito de drogas y armas desde el Pacífico hacia el norte, mientras la base industrial y la capacidad de extorsión a contratistas de Pemex alimentan la disputa entre el Cártel de Santa Rosa de Lima y el grupo Jalisco, que busca el monopolio del Bajío.

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Las autoridades estatales y federales han identificado a Salamanca e Irapuato como focos rojos de violencia, en un escenario donde la criminalidad se superpone con infraestructura estratégica, actividad económica y rutas de trasiego.
Los reportes de incidencia delictiva disponibles en la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Guanajuato y la Fiscalía General del Estado muestran que la violencia en el corredor industrial no es episódica, sino estructural.
Salamanca es el espejo de esa estructura. Una ciudad donde la disputa territorial, la economía ilícita del combustible, el tránsito de drogas y armas, y la extorsión industrial convergen en una violencia persistente que define la dinámica criminal de Guanajuato.