LOS LÍDERES DE LA POLÍTICA

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T-MEC bajo asedio: De la promesa de Salinas al desdén de Trump

Desde su fundación el acuerdo comercial ha pasado de ser una promesa de modernidad a una herramienta de presión política constante

Sombra de Trump con banderas de eua, Mexico y canada

Foto: Cuartoscuro, composición propia

Víctor Maldonado

Víctor Maldonado

Publicada: feb 01 a las 09:00, 2026

Lo que comenzó como la apuesta más ambiciosa de México para integrarse al “primer mundo” se ha transformado, tres décadas después, en una moneda de cambio sujeta a los caprichos de la política estadounidense.

Donald Trump

Foto: POTUS

Las recientes declaraciones de Donald Trump, quien calificó al tratado como “irrelevante”, no son un exabrupto aislado, sino el capítulo más reciente de una estrategia que ha mantenido al comercio de América del Norte en la cuerda floja de manera sistemática.

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1994: La promesa de modernidad

La historia de esta inestabilidad se remonta al origen mismo del TLCAN en 1994. Aunque el gobierno de Carlos Salinas de Gortari vendió el acuerdo como el boleto de entrada a la modernidad y al “primer mundo”, su nacimiento estuvo marcado por una profunda polarización social.

Ernesto Zedillo toma de protesta

Foto: Archivo Cuartoscuro

Desde aquel entonces, diversos sectores señalaron la peligrosa asimetría económica entre los socios y la falta de mecanismos para proteger la soberanía nacional frente al gigante del norte, como lo rescata José Luis Calva en su artículo “Ajuste estructural y TLCAN”.

Esta etapa consolidó una dependencia comercial casi absoluta de México hacia Estados Unidos, desmantelando sectores internos como el campo en favor de la agroindustria exportadora. Fue precisamente esta vulnerabilidad estructural, construida durante más de dos décadas, la que preparó el terreno para que el acuerdo dejara de ser un instrumento puramente económico y se convirtiera en la herramienta de presión política.

1995: El bloqueo de los camiones de carga

Si 1994 fue la promesa, 1995 fue el primer golpe de realidad. Aunque el TLCAN estipulaba que los camiones de carga mexicanos podrían circular libremente por estados fronterizos de EUA, la administración Clinton, cediendo a la presión del poderoso sindicato de los Teamsters, bloqueó unilateralmente esta cláusula.

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Foto: Cuartoscuro

El anuncio se dio bajo el argumento de mejorar la seguridad fronteriza por parte del entonces secretario estadounidense de transporte Federico Peña; así lo informaron en su momento medios internacionales como El País.

Durante más de 15 años, bajo gobiernos demócratas y republicanos, Estados Unidos violó flagrantemente su propia firma. No fue hasta 2011, y solo después de que México impusiera aranceles de represalia a productos estadounidenses que se permitió el paso.

Este episodio dejó una lección clara para Washington, el tratado es obligatorio para México, pero opcional para ellos cuando sus votantes están en juego.

2008: El tratado como botín electoral, “Nafta-gate”

La calma relativa se rompió nuevamente durante la carrera presidencial de 2008, demostrando que el uso del acuerdo como arma política no distingue colores partidistas.

En un intento por ganar el voto obrero del “Rust Belt” (el cinturón industrial), tanto Barack Obama como Hillary Clinton prometieron renegociar el TLCAN o incluso abandonarlo si no se modificaban las condiciones laborales y ambientales. Diversos medios acuñaron el término NAFTA-gate para aludir a este periodo electoral.

Barack Obama - Hillary Clinton

Foto: Facebook

Aunque una vez en el poder la administración Obama optó por el pragmatismo, aquel ciclo electoral dejó un precedente riesgoso: confirmó que atacar la relación comercial con México es una estrategia rentable para ganar elecciones en Estados Unidos, sembrando la semilla del proteccionismo que florecería una década después.

2017: Cuando estuvo a una firma de morir

El panorama cambió drásticamente con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2017. Tras ganar las elecciones con una plataforma nacionalista bajo el lema “Make America Great Again”, el nuevo mandatario puso al comercio exterior en el centro de su política de confrontación.

Donald Trump

Foto: Captura de pantalla

El momento más crítico de esta relación se vivió en abril de 2017, cuando la supervivencia del acuerdo pendió de un hilo. Según reportes de la época, Donald Trump tuvo en su escritorio una orden ejecutiva redactada y lista para retirar a Estados Unidos del TLCAN de manera unilateral.

Fue necesaria una intervención de emergencia de su gabinete y líderes empresariales para frenar lo que habría sido una catástrofe económica inmediata.

Aquel episodio forzó la renegociación que dio vida al T-MEC, un pacto que, lejos de traer calma, institucionalizó nuevas vías de presión.

2025: La guerra perdida del maíz

En febrero de 2025, México sufrió su primer gran revés bajo las reglas del nuevo tratado, cuando un panel de solución de controversias falló a favor de Estados Unidos en la disputa por el maíz transgénico. El medio El País informó en su momento que esta decisión respondía a la buena voluntad del gobierno mexicano por respetar el acuerdo comercial.

Maíz transgénico

Foto: Cuartoscuro

La prohibición mexicana a la importación de este grano para consumo humano fue declarada incompatible con los compromisos del T-MEC, evidenciando que los mecanismos del acuerdo pueden ser utilizados para doblegar políticas internas de salud o soberanía alimentaria cuando chocan con los intereses comerciales de Washington.

2026: La “irrelevancia” como nueva estrategia de negociación

Hoy, el escenario es más volátil que nunca. Con la revisión del tratado programada para julio de 2026, la postura de Trump de desestimar la importancia del acuerdo sugiere que el T-MEC dejará de ser visto como un marco jurídico estable para convertirse en una palanca de negociación política.

El presidente Donald Trump acudió a la planta automotriz  de Ford

Foto: Redes Sociales

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Al declarar que “no piensa en el T-MEC” y que Estados Unidos "no necesita" los productos de sus vecinos, el mandatario busca elevar el costo político para México, colocando a la economía nacional en una posición defensiva antes de que siquiera comiencen las mesas de diálogo formales.

Entre batallas perdidas en los paneles internacionales y la retórica de desprecio desde la Oficina Oval, el tratado comercial navega su tormenta más compleja, demostrando que en la relación bilateral, la economía es, inevitablemente, rehén de la política.