
Foto: Redes sociales
La jueza federal Gabriela Salcedo Manzo está en el ojo de la polémica por prácticas ajenas a su labor

El conflicto dentro del Poder Judicial de la Federación en Michoacán escaló a un nivel explosivo. Integrantes del Sindicato de Renovación Nacional de Servicios de los Trabajadores del Poder Judicial señalan a la jueza federal Gabriela Salcedo Manzo por una cadena de presuntos abusos contra personal de su ponencia, que van desde hostigamiento laboral hasta presiones para someter a trabajadoras a dinámicas ajenas al servicio público, como una lectura de tarot en horario laboral y la instalación de una cama de masajes dentro del juzgado.
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“Ya no nada más estamos hablando de un hostigamiento laboral, sino de un hostigamiento de índole sexual también para las compañeras”, sostiene la delegada sindical Nélida Elvira Ríos.
La denuncia pública fue expuesta por la representante sindical, quien afirma que dos colaboradoras, identificadas como Lorena y María Araceli, han sido sometidas a un patrón de presiones y actos que, sostienen, rebasaron el ámbito administrativo.
El caso fue llevado a instancia disciplinaria. “Nosotros hicimos una queja administrativa ante el Tribunal de Disciplina”.
Entre los episodios descritos, uno detonó el mote de ‘Jueza del tarot’. Nélida Ríos sostiene que la dinámica ocurrió dentro del ámbito de trabajo y bajo presión.
“Mandó llamar a una tarotista, ahí al privado y fue y les leyó el tarot” a integrantes de la ponencia, “en horario laboral”, y añade la línea que, según su versión, marcó la imposición.
“Fue y ella les dijo que tenían que dejarse que les leyeran el tarot”.

El otro foco rojo, según el testimonio, fue la presencia de una cama de masajes dentro del juzgado.
“La jueza Gabriela metió una cama de masaje a su privado para darles masaje a las muchachas”, afirma Ríos.
Una foto que ha circulado por redes sociales evidencia presuntamente que esa cama está dentro del juzgado.
El choque se volvió más grave cuando, de acuerdo con el testimonio, comenzó un hostigamiento sostenido con mensajes y exigencias para la entrega de acuerdos bajo presión.
“Todo el tiempo mandándoles mensajes de texto, diciéndoles, tienes tal hora para hacer el acuerdo”, afirma Ríos, quien sostiene que el clima llegó a un punto de afectación física por miedo.
“Una de ellas estuvo a punto de darle una parálisis facial, con miedo”.
En paralelo, el sindicato acusa que la jueza intentó deslegitimar a la representación sindical.
“Ella sale a dar, según ella, entrevistas donde dice que yo no tengo la representación sindical, claro que la tengo… Yo le di un oficio que me dieron a mí en el órgano de administración donde me dicen que soy la delegada de aquí, de Michoacán”.
El origen inmediato del pleito, según el testimonio, se ubica el 19 de diciembre, cuando la jueza presentó una denuncia penal en la Fiscalía General de la República por la supuesta extracción de dos equipos de cómputo.
“Ella dice que las chicas se llevaron unas computadoras sin permiso de ella a las 3 de la mañana”.
La versión de las acusadas es que el retiro de esos equipos fue para sacar el trabajo durante el periodo vacacional y evitar rezagos, no para sustraer bienes.
Dice que cuando las trabajadoras intentaron devolverlas, se toparon con un bloqueo.
“La jueza había dado una orden a los policías de la entrada que no las dejaran entrar, les prohibían la entrada”, por lo que terminaron entregándolas a otra autoridad interna.
“Entregan los equipos con el administrador del centro de justicia”.
Al regresar de sus vacaciones el 5 de enero, la jueza les cerró el acceso a su área.
“Ya no las dejan entrar a su espacio laboral, les niegan la entrada”, y quedaron “a disposición del centro de justicia, pese a que, sostiene, debió aplicarse un procedimiento interno.
“En el Poder Judicial tenemos una serie de procedimientos que debe de hacerse con los trabajadores cuando hay alguna falta cometida, procedimiento que se saltó de por sí la jueza”.
Mientras el caso entra a una fase de conciliación y se busca una salida institucional, la delegada sindical advierte que para las colaboradoras el día a día sigue marcado por la presión y la incertidumbre, en un ambiente que no baja la guardia y que mantiene el conflicto vivo dentro del propio juzgado, con un clima de tensión que, sostiene, no se despeja mientras no haya una solución de fondo conforme a derecho.