
Foto: Capturas de pantalla
La salud renal del “Mencho” obligó al capo a construir una especie de hospital, desde donde controlaba al CJNG

Nemesio Oseguera Cervantes, “el Mencho”, ya no tenía la movilidad de otros años para desplazarse y operar como antes, pero eso no significaba que hubiera soltado el control del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
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De acuerdo con Mike Vigil, exdirector de Operaciones Internacionales de la DEA, el capo arrastraba problemas renales que lo llevaron a construir una clínica para atenderse y, aun con ese deterioro físico, mantenía el control de la organización mediante un sistema de comunicaciones con el que seguía autorizando cada movimiento importante.
En la comunidad de El Alcíhuatl, en Villa Purificación, Jalisco, se ubica uno de los indicios más reveladores.
Reportes de inteligencia sostienen que ahí mandó construir un hospital privado para atender su insuficiencia renal sin tener que aparecer en centros médicos públicos, donde cualquier ingreso podía traducirse en detección, seguimiento o captura.
La inteligencia de la Unión Americana en la reconstrucción del caso, advertía que “el Mencho” mandó construir ese hospital privado para recibir tratamiento especializado.

El exdirector de Operaciones Internacionales de la Agencia Antidrogas sostuvo que el deterioro renal del líder del CJNG era compatible con la necesidad de una instalación de ese tipo, pues un personaje con ese nivel de exposición no podía acudir a un hospital convencional.
La versión se refuerza con los hallazgos reportados en operativos recientes. Según crónicas difundidas en medios a partir de fuentes de seguridad, y de acuerdo con la propia versión del Gobierno de México, en la cabaña de Tapalpa donde se escondía “el Mencho” antes de ser abatido, fueron localizados medicamentos, un elemento que apuntala la hipótesis de que su estado de salud estaba comprometido.
El exfuncionario de la agencia antidrogas estadounidense explicó que, a diferencia del Cártel de Sinaloa, donde históricamente algunos mandos tenían mayor margen para decidir, en el CJNG prevalecía una estructura vertical. Según su lectura, todo debía pasar por la aprobación del “Mencho”.
Nadie tomaba decisiones de fondo sin su visto bueno. Por eso, aunque ya no estuviera en campo como en sus años de mayor movilidad, seguía siendo el centro de mando de la organización.
Vigil afirmó que desde hace tiempo existían versiones sobre el deterioro físico del líder del CJNG y recordó que informantes ya hablaban de la clínica.
Según explicó, desde tiempo atrás ya no era visto como antes en convoyes armados recorriendo regiones controladas por el cártel, y esa ausencia pública alimentó durante meses rumores sobre su estado de salud e incluso sobre su muerte.

Para Vigil, la enfermedad no lo había sacado del tablero, pero sí lo había obligado a modificar su forma de operar. Su poder, dijo, descansaba ya menos en la presencia física y más en la comunicación constante con sus mandos.
Aseguró que “el Mencho” contaba con un sistema de comunicaciones sólido, con radios y posiblemente teléfonos encriptados, que le permitían seguir conectado con la estructura criminal y mantener la cadena de mando sin necesidad de trasladarse de manera permanente.
Esa hipótesis, según relató, se refuerza con lo que presuntamente fue hallado en el sitio donde estaba escondido en Tapalpa.
Vigil dijo que en la residencia encontraron una libreta con referencias operativas del cártel.
Entre esos apuntes, mencionó pagos a comandantes, mercenarios colombianos y jóvenes reclutados para combatir a grupos rivales y a fuerzas armadas, lo que a su juicio refleja que el jefe del CJNG seguía atento a la administración interna de su aparato criminal.
En esa lógica, Tapalpa ya no habría sido solo un escondite, sino una base desde donde “el Mencho” pasaba revista a la operación del cártel mientras su salud lo mantenía cada vez más atado a un solo punto.

Vigil planteó que en sus últimos periodos dentro de la organización, Oseguera Cervantes prácticamente despachaba desde ahí, con menos desplazamientos y con mayor dependencia de terceros para sostener el enlace con sus operadores.
Incluso atribuyó a ese deterioro una de las decisiones que, en su opinión, terminó por exhibir su vulnerabilidad.
Relató que, tras la visita de una mujer identificada como su amante al lugar donde se ocultaba en Tapalpa, “el Mencho” ya no se movió.
Para un capo perseguido durante años, dijo, lo normal habría sido cambiar de ubicación de inmediato. El hecho de no hacerlo, agregó, pudo obedecer justamente a que su condición física ya no le permitía reaccionar con la rapidez de antes.