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Opinión

La guerra que no termina: del frente en Ucrania al narco en México

Grupos criminales estarían buscando perfiles con conocimientos tácticos y operativos militares para que formen parte de sus filas o los capaciten

Imagen de presuntos integrantes del CJNG

Foto: Cuartoscuro

Hannia Novell

Hannia Novell

Publicada: mar 18 a las 08:27, 2026

La guerra ya no termina cuando se firma una tregua. Tampoco cuando un combatiente deja el frente. Hoy, la guerra se recicla. Se transforma. Y en algunos casos, se exporta.

El conflicto en Ucrania no solo ha redefinido la geopolítica global; también ha abierto una nueva etapa en la evolución de la violencia contemporánea: la profesionalización acelerada del combate y su posterior traslado a otros escenarios, incluidos los del crimen organizado.

De acuerdo con reportes de organismos internacionales y análisis de seguridad, la guerra en Ucrania ha atraído a miles de combatientes extranjeros —algunos integrados formalmente, otros bajo esquemas más opacos— que han adquirido experiencia en combate urbano, inteligencia táctica y, particularmente, en el uso de drones como herramientas ofensivas.

No es menor. La Organización de las Naciones Unidas y centros de estudios estratégicos han advertido sobre el riesgo de que estos conocimientos se diseminen fuera del conflicto, alimentando mercados irregulares de entrenamiento y servicios armados.

Del campo de batalla al mercado negro

La figura del “combatiente exportable” ya no es una hipótesis. Es una realidad en construcción.

Exmilitares, voluntarios internacionales y contratistas privados —algunos con experiencia directa en Ucrania— se han convertido en perfiles altamente demandados. No necesariamente por Estados, sino por actores no estatales que buscan replicar tácticas de guerra en sus propios territorios.

Entre ellos, el crimen organizado.

En México, autoridades federales han documentado desde al menos 2021 el uso de drones por parte de grupos criminales para lanzar artefactos explosivos improvisados. La Secretaría de la Defensa Nacional ha reconocido ataques con este tipo de dispositivos en entidades como Michoacán y Jalisco, donde células delictivas han incorporado tecnología accesible para ampliar su capacidad de fuego.

Lo que antes parecía rudimentario, hoy apunta a una tendencia más sofisticada.

El narco aprende rápido

El crimen organizado mexicano ha demostrado históricamente su capacidad de adaptación. Lo hizo con las telecomunicaciones, con el lavado de dinero y con el uso de armamento de alto calibre. Ahora lo hace con tecnología de guerra.

El reclutamiento ya no se limita a jóvenes sin oportunidades. Hoy, los cárteles buscan perfiles específicos:

  • Exmilitares con entrenamiento táctico.
  • Técnicos capaces de modificar drones comerciales.
  • Operadores con experiencia en vigilancia aérea y ataque remoto.

Aunque no existen cifras públicas concluyentes sobre la presencia de veteranos de conflictos como Ucrania en las filas del narco, especialistas en seguridad coinciden en que el interés existe. Y donde hay demanda, eventualmente aparece la oferta.

El patrón no es nuevo. Tras conflictos en Medio Oriente, África y los Balcanes, se documentó la dispersión de combatientes hacia mercados privados de seguridad —y en algunos casos, hacia estructuras criminales—. La diferencia hoy es la tecnología: más barata, más accesible y más letal.

Un vacío que se llena con violencia

La ausencia de regulación internacional efectiva sobre el uso de drones y la movilidad de combatientes experimentados abre un espacio peligroso. Un vacío que no tarda en ser ocupado.

En regiones donde el Estado enfrenta limitaciones estructurales, como algunas zonas de México, la incorporación de tácticas de guerra por parte del crimen organizado representa un salto cualitativo en la violencia.

No se trata solo de más armas. Se trata de inteligencia en tiempo real, precisión remota y capacidad de operar sin exposición directa.

La advertencia ignorada

Diversos informes internacionales han advertido durante años sobre el “efecto rebote” de los conflictos armados: combatientes que regresan a sus países o migran a otros llevando consigo entrenamiento, contactos y experiencia en combate.

Lo que cambia ahora es la velocidad.

La guerra en Ucrania ha acelerado ese proceso. Ha democratizado el acceso a tácticas que antes estaban reservadas a ejércitos altamente especializados. Y ha puesto ese conocimiento —de forma directa o indirecta— al alcance de actores que operan fuera de la ley.

La guerra que se infiltra

México no está en guerra en términos formales. Pero en muchos territorios, la violencia ya se comporta como tal.

La incorporación de tecnología, entrenamiento especializado y lógica militar en estructuras criminales obliga a replantear la estrategia de seguridad. Porque el adversario ya no es el mismo.

Y porque la guerra, aunque se libre a miles de kilómetros, siempre encuentra la manera de cruzar fronteras.

La pregunta no es si ¿llegará?

La pregunta es ¿desde cuándo ya está aquí?