
Foto: Cuartoscuro
Informes oficiales de México y de Estados Unidos muestran que el uso de tecnología y drones ya forma parte de la operación del crimen organizado.

Los cárteles mexicanos ya no sólo pelean en carreteras, brechas o laboratorios clandestinos. Ahora también usan drones para vigilar movimientos de autoridades, seguir rutas y, en algunos casos, lanzar explosivos, señalan informe oficiales de México y Estados Unidos
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Estados Unidos ha señalado al CJNG y el Cártel de Sinaloa por el uso de drones para soltar explosivos contra autoridades mexicanas y contra comunidades . En los registros de uso de esos dispositivos también aparecen Cárteles Unidos en Michoacán.

En la frontera norte, agencias de Estados Unidos han alertado sobre el uso de drones para inteligencia, vigilancia y apoyo al trasiego en estados como Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Sinaloa, Durango, Zacatecas y San Luis Potosí.
En México, los aseguramientos también han dejado evidencia. En Parácuaro, Michoacán, autoridades reportaron baterías para dron, cartuchos, cargadores, uniformes y otros pertrechos.
En Sinaloa hubo aseguramientos de drones, baterías y artefactos explosivos para dron en Culiacán, Mazatlán, Mocorito y Elota. En Sonora también quedó registro oficial de artefactos explosivos para dron.
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La dimensión del problema ya obligó a una respuesta institucional. Sedena documentó capacitación especializada en análisis técnico de drones y en manejo de explosivos, una señal de que el fenómeno dejó de ser aislado y se volvió un frente de riesgo real.
El crimen organizado ya convirtió los drones en una herramienta de espionaje, hostigamiento, traslado y ataque.

La incorporación de estos aparatos a la dinámica criminal marca un cambio de escala en la violencia. Lo que comenzó como una herramienta útil para observar caminos, detectar retenes o seguir desplazamientos de fuerzas de seguridad, terminó por abrir una nueva capacidad táctica para organizaciones que hoy pueden vigilar, mover cargamentos pequeños, intimidar a rivales y atacar con mayor distancia.

La preocupación de las autoridades estadounidenses no se limita al lado mexicano de la frontera. Sus diagnósticos sostienen que los drones ya son utilizados para observar movimientos de agentes, ubicar puntos vulnerables y respaldar operaciones de tráfico ilícito. Esa combinación de vigilancia y apoyo logístico elevó el nivel de alerta binacional, sobre todo porque demuestra que los grupos criminales pueden operar con una tecnología comercial relativamente accesible y adaptarla a fines ofensivos.