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El periodista Sergio Sarmiento analiza los cambios a la propuesta del ejecutivo federal en materia de Salud

No acabo de entender por qué la presidenta Sheinbaum se ha molestado en anunciar la creación de un “sistema universal de salud”. Si ya el expresidente López Obrador nos legó un esquema mejor que el de Dinamarca, y también una megafarmacia con todos los medicamentos del mundo, para qué necesitaríamos una enésima reforma.
El jefe Obrador nos dijo que el Seguro Popular no era ni seguro ni popular, pero eso no impidió que cuando lo eliminó millones de mexicanos se quedaran sin servicios de salud. Lo reemplazó con el INSABI, que por su ineptitud solo duró de 2020 a 2023. Después vino el IMSS Bienestar, rescatado del IMSS Coplamar de Luis Echeverría, al que le dio la responsabilidad de atender a los pacientes sin seguridad social, aunque nuevamente con insatisfactorios resultados.
Ante este nuevo fracaso la presidenta Sheinbaum ha sacado de la chistera el sistema universal de salud. En principio parece sencillo. Si un paciente se presenta en cualquier institución pública, aunque no sea derechohabiente, esta le deberá dar atención. Las clínicas y hospitales del IMSS, las mejores que tenemos, recibirán a los pacientes del IMSS-Bienestar, que son las peores. Es un gran regalo para los pacientes del IMSS-Bienestar, que no pagan cuotas, pero un golpe brutal para los derechohabientes del IMSS, que sí pagan y mucho, y que tendrán que compartir los ya saturados servicios con los nuevos beneficiarios.
El IMSS no ofrece en realidad servicios de salud que compensen el costo que derechohabientes y patrones pagan por la afiliación obligatoria, pero con esta medida, a menos de que el gobierno eleve de manera muy importante el subsidio que entrega a la institución, los derechohabientes tendrán un trato todavía peor.
Aplaudo la intención de construir un sistema de salud universal, pero esto no se logra con ocurrencias o con un simple decreto presidencial. Un sistema de salud requiere recursos y una planificación detallada. De los mejores servicios del mundo, el de Dinamarca es público, pero los médicos, clínicas, hospitales y farmacias son independientes y el seguro simplemente rembolsa los gastos. El de Suiza, en contraste, es privado, pero la inscripción a los seguros es obligatoria para todos los residentes.
El sistema mexicano, en cambio, centraliza todos los servicios en tres gigantescas e ineficientes instituciones, IMSS, ISSSTE y ahora IMSS Bienestar. Juntar todas solo bajará la calidad del sistema al nivel del IMSS Bienestar. Los patrones y trabajadores se rebelarán ante la perspectiva de seguir pagando cuotas por un servicio al que podrán tener acceso quienes están en el IMSS Bienestar sin pagar nada. Será también un nuevo golpe para el empleo formal. ¿Para qué afiliar a un trabajador al Seguro Social si un informal podrá tener acceso a sus clínicas y hospitales?
Un buen servicio de salud requiere de recursos, pero el gobierno no quiere presupuestarlos porque las dádivas, como los subsidios a adultos mayores, ganan más votos. También requiere de un diseño inteligente que haga más eficiente el uso de los recursos. Tanto el de Dinamarca como el de Suiza nos ofrecen muchas útiles lecciones. El problema es que en la 4T piensan que, si ya tenemos un sistema de salud mejor que el Dinamarca, no tiene caso aprender de la experiencia de otros.