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Sectores de la izquierda han salido a defender a Irán en su conflicto con Estados Unidos e Israel, pese a que el régimen iraní contradice valores como derechos humanos, feminismo y libertades civiles. El debate está encendido.

Para no pocos ha sido una sorpresa la vehemencia con la que que medios, políticos y usuarios de redes sociales identificados con la izquierda han emprendido la misión de defender la postura de Irán en el más reciente capítulo del conflicto en contra de Estados Unidos e Israel.
Y el cuestionamiento es válido. Mientras la izquierda abandera causas como el feminismo, igualdad social, protección a grupos vulnerables, derechos reproductivos, de la comunidad LGBTQ+, libertad de asociación y manifestación, entre otros, el régimen teocrático de los ayatolas está en las antípodas de todo esto.
En Irán, para las mujeres, no llevar velo, usar ropa muy colorida o el largo de los pantalones puede significar una amonestación de la Policía de la Moral, terminar en un centro de detención o latigazos.
La homosexualidad es un delito que se castiga con la muerte, ya sea arrojado desde lo alto de un edificio o la horca en una grúa colocada en un lugar público. De diciembre del año pasado a la fecha, Amnistía Internacional estima en 5 mil los ciudadanos asesinados por la Guardia Revolucionaria por participar en protestas y manifestaciones contra el gobierno; los detenidos superan los 15 mil.
Ni que decir que estos medios e influencers en redes sociales jamás se han pronunciado en contra de la lapidación o el derecho de pernada, que son prácticas cotidianas en Irán.¿Entonces, cómo es que estas dos visiones tan distintas del mundo? La respuesta es tanto económica como ideológica, pero no por compartir valores sino un odio en común.
El fundador y exlíder del partido político español Podemos, Pablo Iglesias, lo explicaba así en 2014. Iglesias producía y conducía programas audiovisuales para la cadena iraní HispanTV y la rusa RT.
“La geopolítica es así y no vamos a ser los únicos imbéciles que no hagamos política cuando todos están haciendo política…a los alemanes les interesaba ponerle un tren a Lenin para que desestabilizara a Rusia, a los iraníes les interesa que se difunda, en América Latina y en España, un discurso de izquierdas porque afecta a sus adversarios, ¿aprovechamos o no aprovechamos? Para mí, quien haga política, tiene que asumir cabalgar contradicciones y nosotros estamos dispuestos a cabalgarlas, son contradicciones, por supuesto que sí.”
En julio de 2025 Pablo Iglesias expandió su proyecto de comunicación Canal Red Latinoamérica y estableció su sede en la Ciudad de México, aquí sigue aplicando aquello que explicaba hace 12 años en España, pero a una escala mayor.
En ese sentido se deben observar también lo escrito por el subsecretario de Gobierno de la CDMX, Fadlalá Akabani en respuesta a Enrique Krauze, quien posteaba en X sobre los valores de Occidente.
“Este miserable sionista al servicio del imperialismo anglosajón omite señalar a la entidad enemiga de la humanidad auto nombrada “Israel” organización terrorista fundamentalista religiosa que está cometiendo genocidio al pueblo palestino.
Habla de populismo aliado al narcotráfico pero omite señalar a un gobierno neoliberal que se alió a un cártel vía el Secretario de Seguridad Federal y su empleado el espurio Felipe Calderón. Ya nadie cree que este empobrecido chayotero sea el centro de los intelectuales en México”, escribió Akabani.
O el otro posteo de la directora de Política de Cuidados de la Secretaría de la Mujer, Gracia Alzaga, quién respondió a otro ciudadano “No discuto con sionistas”.
Investigaciones periodísticas y de agencias de seguridad estatales han documentado el financiamiento y la utilización de granjas de cuentas automatizadas en redes sociales para impulsar los temas que les interesan e inhibir aquellos con los que están en contra. Recientemente el director de X canceló varias cuentas dedicadas a la desinformación, 31 de ellas, anónimas, manejadas por un solo individuo con sede en Pakistán.
Así podemos ver cómo cuentas de México igual protestan por captura de Maduro, que la aprehensión de Pedro Castillo o se lamentan por los civiles muertos en Irán, pero nunca se indignan por los civiles asesinados a diario por drones en Ucrania, las miserables salarios de los habitantes de Cuba o la utilización de la población civil y hospitales como escudos humanos por parte de Hamás en Gaza.
La reciente facilidad con la que se puede acceder a herramientas de Inteligencia Artificial para crear de la nada imágenes que respalden las más locas afirmaciones es una vuelta de tuerca más en el juego de la desinformación que permiten participar con exactamente el mismo discurso a una cuenta de Pakistán que a otra en Puebla.
Los valores de la izquierda salen por la ventana en cuanto el financiamiento y el apoyo entran por la puerta, venga de donde venga. Porque de eso se trata una intifada, palabra que se traduce del árabe como “sacudida” o desestabilización; es algo más que una protesta, pero es menos que una revolución. Es algo que tiene más que ver con la conveniencia que con la convicción en cualquier transformación.