
Foto: Gabinete de Seguridad
La captura de “el Jardinero” revela el tamaño de su poder dentro del CJNG: no era solo un operador más, sino el perfil que garantizaba continuidad tras el vacío de liderazgo.

Audias Flores Silva, alias “el Jardinero”, se consolidó como uno de los mandos con mayor peso dentro del Cártel Jalisco Nueva Generación en el momento más crítico para la organización, el vacío de poder que dejó Nemesio Oseguera Cervantes.
Su nombre no surgió por exposición pública, sino por el control directo de operaciones clave que lo colocaron como el principal perfil de continuidad dentro del grupo criminal.

Nacido el 19 de noviembre de 1980 en Huetamo, Michoacán, Flores Silva construyó su trayectoria dentro del CJNG desde una posición de cercanía con el liderazgo.
Fue jefe de escoltas de “el Mencho”, encargado de tareas sensibles que incluían la compra de armamento en el extranjero y la infraestructura necesaria para sostener la operación del líder del cártel. Esa posición le permitió escalar hasta convertirse en comandante regional.
“El Jardinero” dominaba la operación de laboratorios clandestinos en la costa del Pacífico, dedicados a la fabricación de metanfetaminas y otras drogas sintéticas. En el nuevo modelo criminal, donde la producción química es el centro del negocio, ese control lo colocó en una posición estratégica dentro del CJNG.
El segundo eje fue el territorio. Flores Silva tenía control e influencia en zonas clave como Nayarit, Jalisco, Zacatecas, Michoacán y Guerrero. Desde ahí impulsó la expansión del cártel, particularmente hacia Nayarit y Zacatecas, en un momento en el que el mapa criminal se reconfiguraba tras la caída de varios liderazgos.
A esa estructura se sumó una red logística transnacional. Supervisaba rutas de traslado que incluían pistas clandestinas, aviones y transporte terrestre para mover cocaína, heroína, fentanilo y otros cargamentos desde Centroamérica hacia Estados Unidos. Su papel no era únicamente territorial, era de articulación operativa completa.
Esa combinación de control químico, expansión territorial y logística lo colocó como el sucesor natural de “el Mencho”. No era un jefe simbólico, era un operador con capacidad de sostener la estructura criminal en ausencia del líder histórico.

Su perfil también cruzó hacia la negociación criminal. Fue señalado como el encargado de articular un acuerdo entre el CJNG y la facción de “los Chapitos”, liderada por los hijos de Joaquín Guzmán Loera. En ese esquema, Flores Silva asumió tareas de protección para Iván Archivaldo Guzmán Salazar y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, a cambio de acceso a rutas de trasiego en el norte del país. Ese movimiento reforzó su posición dentro del CJNG como operador estratégico.
El interés de Estados Unidos en su captura respondió a ese nivel de operación. Fue acusado en agosto de 2020 por el Departamento de Justicia en una corte del Distrito de Columbia por delitos de narcotráfico y uso de armas de fuego. El Departamento de Estado ofrecía hasta 5 millones de dólares por información que llevara a su captura, una cifra reservada para objetivos de alto valor dentro del crimen organizado.

Antes de consolidarse como uno de los perfiles más buscados, Flores Silva ya tenía antecedentes. Cumplió una condena en Estados Unidos a principios de los años 2000. En 2016 fue detenido en México por su presunta participación en una emboscada contra policías en Jalisco, proceso que fue revertido y que derivó en su liberación en 2019. En 2023 logró evadir un operativo militar en Guadalajara, lo que reforzó su perfil como objetivo prioritario.