
Foto: Tomada de Internet
La recién publicada Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026 de Estados Unidos marca un giro de fondo en la ofensiva contra el narcotráfico

La recién publicada Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026 de Estados Unidos marca un giro de fondo en la ofensiva contra el narcotráfico. Washington ya no plantea una política limitada a decomisos, consumo, adicciones o control fronterizo. El nuevo plan coloca al fentanilo, la metanfetamina y las drogas sintéticas como una amenaza de seguridad nacional, y ordena atacar primero a los funcionarios corruptos que permiten operar a las organizaciones criminales, además de sus jefes, redes financieras y brazos logísticos, bajo una lógica de persecución contra empresas criminales completas.
El punto más delicado aparece en el cuarto capítulo, dedicado a la campaña global contra amenazas criminales transnacionales y terroristas extranjeras. Ahí se establece que las investigaciones antidrogas servirán para mapear redes criminales complejas y golpear todas sus facetas, incluidos altos liderazgos, redes financieras, transporte, logística y “corrupt officials who enable their operations”, es decir, funcionarios corruptos que facilitan sus operaciones.

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La estrategia no menciona nombres de políticos mexicanos ni acusa de manera individual a servidores públicos de México, pero sí incorpora expresamente a los funcionarios corruptos como parte del ecosistema que debe ser investigado y desmantelado.
La nueva directriz apenas sale a la luz pública y llega con un lenguaje de guerra frontal. El gobierno estadounidense sostiene que dejó atrás la política de contención y que ahora busca una ofensiva implacable contra cárteles, organizaciones criminales transnacionales y grupos designados como organizaciones terroristas extranjeras. El objetivo no es administrar la crisis, sino alcanzar la “victoria”, bajo una estrategia que combina inteligencia, sanciones financieras, persecución penal, cooperación internacional, control fronterizo, prevención, tratamiento y recuperación.
La estrategia también endurece el marco legal. La Orden Ejecutiva 14157 abrió el proceso para designar a cárteles internacionales como organizaciones terroristas extranjeras y activó herramientas de contraterrorismo, a su vez, designa al fentanilo como arma de destrucción masiva, lo que permite tratar la amenaza con una lógica de seguridad nacional y no sólo como un caso tradicional de narcóticos.
México aparece como pieza clave de la estrategia por la frontera suroeste, por la producción de drogas sintéticas y por el papel de los cárteles mexicanos en el tráfico hacia Estados Unidos. El anexo de estrategias fronterizas sostiene que la mayoría de opioides ilícitos, metanfetamina y cocaína, particularmente fentanilo, cruza por puertos oficiales de entrada, oculto en vehículos de pasajeros o mezclado con carga comercial. También advierte el uso de túneles subterráneos, zonas remotas y drones para mover drogas hacia territorio estadounidense.

El Departamento de Estado, a través de la Oficina Internacional de Asuntos Antinarcóticos y Aplicación de la Ley, junto con el Departamento de Justicia y con apoyo del Departamento de Guerra, buscará una cooperación “robusta, sostenida y medible” del gobierno mexicano para atacar y desmantelar TCOs y FTOs dentro de su territorio. Esa asistencia estará condicionada a resultados tangibles, entre ellos arrestar, procesar y extraditar líderes de organizaciones designadas como terroristas extranjeras y desmantelar laboratorios de drogas sintéticas.
La primera prioridad es cortar la cadena global de suministro. El documento identifica como amenaza central el fentanilo y la metanfetamina producidos a escala industrial con precursores químicos provenientes principalmente de China y, en menor medida, de India. También incluye el flujo de cocaína desde Sudamérica como parte de la crisis que mata a decenas de miles de estadounidenses.
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La segunda prioridad es cerrar el paso a precursores, equipos y cargamentos. La estrategia ordena reforzar el control sobre químicos, empresas farmacéuticas, compañías logísticas, equipos para fabricar pastillas, máquinas tableteadoras, encapsuladoras, comercio internacional y envíos de bajo valor. También plantea sanciones financieras y procesos penales contra empresas o personas, extranjeras o estadounidenses, que faciliten el tráfico ilícito.
La estrategia señala que paquetes menores a 800 dólares entraron a Estados Unidos con procesamiento aduanero mínimo, lo que abrió una brecha explotada por organizaciones criminales. El texto afirma que el volumen pasó de 150 millones de paquetes en 2016 a más de mil millones al año, y que el fentanilo detectado en esos envíos puede superar 90 por ciento de pureza. Por eso se incorporan las órdenes de abril y julio de 2025 para suspender esa exención primero para China y Hong Kong, y después para todos los países.

La tercera prioridad es atacar la estructura empresarial del crimen. Las Fuerzas de Tarea de Seguridad Nacional, serán el mecanismo para integrar inteligencia, investigaciones federales, agencias estatales y socios internacionales. La estrategia señala que estas investigaciones deben desmontar a las organizaciones “de la raíz a la rama”, lo que incluye liderazgo, finanzas, logística, distribución y redes de apoyo.
La cuarta prioridad es aislar financieramente a los grupos criminales. El Departamento del Tesoro deberá usar sanciones, decomisos, medidas contra lavado de dinero y herramientas del sistema financiero para cortar el acceso de estas organizaciones a recursos, facilitadores y redes globales. El documento también menciona el combate a redes chinas de lavado de dinero vinculadas a la repatriación de ganancias de los cárteles.
En esa línea, la estrategia ordena intensificar la investigación y persecución de redes sofisticadas de lavado, específicamente las Chinese Money Laundering Networks, que utilizan sistemas informales de transferencia de valor tipo huala para lavar ganancias de los cárteles. También plantea rastrear y decomisar recursos ilícitos en criptomonedas, aplicaciones de efectivo y otras tecnologías financieras emergentes.
La quinta prioridad es ampliar la vigilancia tecnológica. El documento incorpora inteligencia artificial para analizar cargamentos, detectar patrones ocultos y anticipar movimientos del mercado ilícito. También habla de inspección no intrusiva en puertos de entrada, lectores automáticos de placas para identificar vehículos vinculados a investigaciones activas, y el uso de equipos caninos como fuerza de apoyo para detectar drogas donde la tecnología o los oficiales pueden fallar.
La estrategia también incorpora una preocupación adicional por nuevas sustancias legales o semilegales que se comercializan en tiendas, gasolineras y plataformas digitales. Incluye derivados psicoactivos del cáñamo, vapeadores adulterados, kratom con 7-OH, hongos vendidos como productos psicodélicos y farmacias ilegales en línea. En el caso de los derivados del cáñamo, la estrategia señala que productos con delta-8 THC, delta-10 THC, THC-O-acetate, THCP y otros análogos proliferaron tras la Farm Bill de 2018, y que las regulaciones de restricción al cáñamo programadas para noviembre de 2026 los considerarían sustancias controladas de Lista I cuando contengan esos químicos.
El nombre mexicano que aparece con mayor detalle operativo es el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). La estrategia cita un caso de la HSTF en El Paso, Texas, que utilizó la designación de organizaciones terroristas extranjeras para investigar al CJNG. Agentes estadounidenses coordinaron acciones con la embajada de Estados Unidos en Ciudad de México y con autoridades mexicanas para desarticular una célula dedicada al tráfico de fentanilo, personas y armas en ambos lados de la frontera.
Ese caso dejó un túnel sofisticado entre El Paso y Ciudad Juárez identificado y deshabilitado, 24 arrestos, 87 kilos de cocaína, 142 kilos de metanfetamina, 13 kilos de fentanilo, 9 kilos de heroína, 357 mil dólares en efectivo y 74 armas aseguradas. También se menciona la detención en México de María Del Rosario Navarro Sánchez, acusada en el Distrito Oeste de Texas.
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Señala que el FBI nominó una investigación contra el CJNG que ya había sido trabajada en coordinación con ATF, y que agentes utilizaron órdenes pen register, cateos, operaciones encubiertas e intervenciones internacionales de comunicaciones.
Además, advierten que algunos grupos han establecido presencia operativa en Canadá y laboratorios de síntesis de fentanilo y nitazenos para acortar cadenas de suministro y evadir la presión en la frontera suroeste. Esa expansión, aseguran que convierte la frontera norte en un nuevo vector de producción y tráfico de drogas sintéticas hacia Estados Unidos.