
Alejandro Moreno insiste en construir un gran bloque para enfrentar a Morena en 2027, pero su propia dirigencia se ha convertido en uno de los principales puntos de ruptura con los partidos opositores. - Foto: Redes
Alejandro Moreno busca impulsar un bloque contra Morena, pero su permanencia al frente del PRI se ha convertido en uno de los principales puntos de conflicto.

La construcción de un bloque opositor amplio para competir contra Morena en las elecciones de 2027 enfrenta nuevamente un obstáculo: la relación del PRI con sus posibles aliados y, particularmente, la figura de su dirigente nacional, Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas.
Mientras el priismo advierte que la fragmentación de la oposición favorece al oficialismo, desde otros partidos han señalado que la dirigencia de Moreno es precisamente uno de los principales impedimentos para alcanzar un acuerdo electoral.
A este escenario se suma el desgaste del tricolor en las encuestas, que lo ubican entre los partidos con mayores niveles de rechazo, así como la valoración negativa de su presidente nacional.
Las disputas internas por su permanencia al frente del PRI, los cuestionamientos sobre su patrimonio y las investigaciones por presunto enriquecimiento ilícito también han complicado la posibilidad de que el partido se convierta en un aliado atractivo.

La situación coloca a Moreno Cárdenas en una paradoja rumbo a 2027, pues su apuesta por construir un frente opositor contrasta con las reservas de otros partidos de oposición, ya que al momento no consideran una buena opción ni al PRI ni a su dirigencia para ir como aliados electorales.
Las diferencias quedaron expuestas después de que dirigentes de Movimiento Ciudadano chocaron públicamente con Alejandro Moreno y con el coordinador priista en la Cámara de Diputados, Rubén Moreira, alrededor de la posibilidad de construir un frente opositor para las elecciones de 2027.
Jorge Álvarez Máynez, dirigente nacional de Movimiento Ciudadano, rechazó una alianza con el PRI y señaló directamente las actitudes de Alito Moreno como una de las razones para mantener distancia, además de los negativos que registra el tricolor en distintas encuestas.
“No podemos ir con los partidos que le han fallado a México, particularmente con el PRI que ha tenido actitudes que no compartimos y que ha tenido su dirigente nacional Alejandro Moreno, pero tampoco quisiera abonar a un pleito de esa categoría”, sostuvo Máynez, quien además señaló los elevados negativos que registra el tricolor en distintas mediciones.

Esa postura fue respaldada por Clemente Castañeda, quien endureció el discurso contra el PRI al afirmar que el partido “no tiene autoridad moral ni para convocar a una fiesta”.
A su vez, desde el priismo la respuesta ha sido acusar a MC de favorecer electoralmente a Morena al rechazar una coalición.
Mientras que Rubén Moreira fue más lejos al señalar que negarse a participar en una coalición opositora ayuda al oficialismo a mantenerse en el poder.
“Es claro: las afirmaciones de Clemente Castañeda lo colocan del lado del régimen y, por lo tanto, lo convierten en un enemigo de la Patria”, afirmó.
El distanciamiento no ocurre solamente con Movimiento Ciudadano. Jorge Romero Herrera, dirigente nacional del PAN, también ha subrayado los efectos que tuvo para su partido mantener durante años una alianza electoral con el PRI.
Romero ha reconocido que depender de esa coalición terminó diluyendo parte de la identidad y del discurso propio del PAN.
Al referirse a los resultados obtenidos en Coahuila, donde el blanquiazul perdió su registro local, sostuvo que el problema no fue romper una alianza, sino haber dependido de ella durante demasiado tiempo.
“No se debe a haber roto una alianza sino a depender de tantos años de una alianza con la que perdimos identidad. Esta elección ni por mucho refleja la realidad nacional”, declaró el dirigente panista.

Otra de las dificultades para el PRI en su búsqueda de concretar una alianza son las mediciones recientes de distintas encuestadoras que muestran que el partido enfrenta niveles elevados de rechazo entre los ciudadanos.
De acuerdo con Mitofsky, en su más reciente encuesta de agosto de 2026, queda implícito que el PRI es el partido con mayor rechazo, con 48.7%, y también encabeza la mala opinión, con 58.6%.
En preferencias registró el 10.4% y en opinión positiva cuenta con el 22%.

También una encuesta de Enkoll muestra que el 60% de los mexicanos rechaza al PRI. Otra medición de la misma encuesta, muestra que mientras el 43% de los encuestados se identifica con Morena, un 7% se identifica con el PRI.

El escenario también es complicado para el tricolor en las mediciones de Buendía y Márquez . Su encuesta para El Universal coloca al PRI con apenas 9% de intención de voto rumbo a las elecciones del Congreso de 2027 y registra el 59% de opiniones negativas.
En esa misma medición, el 44% tiene una percepción “mala” del PRI y otro 15% la considera “muy mala”. La preferencia electoral efectiva del partido se ubica en 3%.

Incluso frente a uno de los problemas que históricamente más han afectado la percepción de los partidos políticos, la corrupción, únicamente el 9% de los encuestados considera que el PRI podría resolverla.
El desgaste no se concentra únicamente en las siglas del PRI. Alejandro Moreno enfrenta personalmente niveles elevados de opinión negativa.
De acuerdo con una encuesta de México Elige, 50% de los consultados calificó como “pésimo” al dirigente nacional priista y otro 10.9% considera su desempeño “malo”.

Una medición de Poligrama también muestra dificultades para el priista: 56% de los entrevistados dice conocerlo y solamente 29% lo aprueba, mientras que la medición reporta 67% de desaprobación.

Los resultados son particularmente relevantes ante el argumento utilizado por Movimiento Ciudadano: el costo de asociarse electoralmente con un partido y una dirigencia que registran elevados niveles de rechazo.
A los números electorales se agrega la disputa interna por el control del partido. Durante la Asamblea Nacional del PRI en 2024, se aprobaron modificaciones estatutarias que abrieron la posibilidad de que Alejandro Moreno permaneciera al frente de la dirigencia durante dos periodos adicionales de cuatro años.
La decisión provocó cuestionamientos entre antiguos cuadros y militantes priistas, quienes advirtieron sobre una concentración del control partidista alrededor de Moreno y pusieron en duda el rumbo electoral del tricolor.
Las tensiones no comenzaron con la modificación de los estatutos. Desde 2022 se registraron llamados desde distintos sectores priistas para replantear la conducción del partido y la estrategia con la que debía enfrentar los siguientes procesos electorales.
Esas disputas internas han acompañado al PRI mientras pierde posiciones políticas y enfrenta el desafío de recuperar votantes que durante las últimas elecciones migraron hacia otras opciones.
Otro de los temas que han acompañado la gestión de Moreno son los señalamientos sobre su patrimonio. Sus críticos han cuestionado la adquisición y posesión de propiedades, vehículos y otros bienes, además del manejo de recursos durante su trayectoria política.
De acuerdo con un análisis de Gobernarte. basado en su declaración patrimonial, Moreno reportó dos casas valuadas en millones de pesos, 12 terrenos, camionetas, motocicletas, un reloj Montblanc, nueve cuentas bancarias, tres fondos de inversión y una cuenta en bolsa.
Los cuestionamientos han sido retomados políticamente por Morena. En materiales difundidos contra el dirigente priista, el partido oficialista ha acusado presunto tráfico de influencias y utilización de recursos públicos en campañas internas. Se trata, sin embargo, de acusaciones políticas que no equivalen por sí mismas a una determinación judicial de responsabilidad.