Venezuela y Nicaragua en crisis: éxodo de migrantes a México

Internacional

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Foto: Cuartoscuro

Político MX

Vie 16 Noviembre 2018 16:32

Por Maru de Aragón

Las graves crisis política y económica que sacuden a Venezuela y Nicaragua
 están provocando uno de los mayores éxodos de personas y poniendo a prueba la
estabilidad de los países en los que se refugian temporal o permanentemente
ocasionando fuertes tensiones sociales.


El éxodo de venezolanos no se debe a un conflicto armado, sino a la peor crisis
 económica en la historia reciente de esta nación sudamericana, con la mayor
inflación del mundo y una aguda escasez de alimentos, medicinas y productos
básicos, lo que ha dado como resultado que cerca de 2 millones y medio de
personas, según cifras de la ONU, hayan huido del país en los últimos años. 

La mayoría, muchos de ellos indocumentados, se inclina por los países limítrofes:
 Colombia, Brasil y Guyana. Cifras de la Cruz Roja Internacional, indican que
cerca de un millón de venezolanos han llegado a Colombia en los últimos 4 años.
 Le siguen Ecuador y Perú. Cerca de 400 mil venezolanos se han establecido en
Perú en el último año. 


En menor número emigran a México, Chile, las islas del Caribe y hasta Uruguay y Argentina. En el caso de México, las autoridades reconocen que se ha disparado el número de personas que piden asilo. Mientras que en el 2013 solo un venezolano solicitó asilo, el año pasado lo hicieron 4042, según la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, (COMAR), de la Secretaría de Gobernación. Durante el 2017 y lo que va de este año, más de 4,300 venezolanos han sido rechazados por falta de documentación o por inconsistencias en las entrevistas con las autoridades migratorias. Actualmente cerca de 40 mil venezolanos residen en México. Sin embargo, estas cifras no incluyen a los indocumentados.

Venezuela crisis Mexico 16 noviembre 2018


Eric Olson, director adjunto del programa de América del Centro Wilson de Washington, asegura que se trata de la mayor migración transfronteriza en los últimos 50 años.


Para entender el colapso de Venezuela, con 32 millones de habitantes, hay que remontarnos a 1999 cuando Hugo Chávez asumió el poder en este país que
posee una de las mayores reservas de petróleo del mundo y puso en marcha el
Socialismo del Siglo XXI con el fin de acabar con la miseria , la desigualdad social
y la corrupción. En ese entonces, el barril de crudo se cotizaba en 16 dólares. La
pobreza alcanzaba al 50% de la población. 

Gracias al alza en los precios del petróleo —100 dólares el barril—el gobierno de Chávez tuvo ingresos cercanos al billón de dólares con lo que pudo poner en marcha programas sociales que hicieron bajar la pobreza al 20%.



La crisis financiera del 2008 y la sobreproducción de crudo en el mundo
provocaron una nueva caída de los precios. La renta petrolera ya no fue suficiente
para cubrir las necesidades del país.


Tras la muerte de Chávez, con el nuevo presidente, Nicolás Maduro, aumentaron
los controles de precios y divisas y creció el gasto público para mantener los
programas sociales. Se cerró la llave del financiamiento internacional. La situación
empeoró, en mayo pasado, con la imposición de sanciones por parte de Estados
Unidos. Washington llegó a mencionar la posibilidad de una “opción militar” para
retirar a Maduro del poder. A la presión internacional, Maduro ha respondido con
más represión y censura de los medios de comunicación.

 Hoy día, Venezuela es la nación con más pobres en América Latina, después de 
Haití.



En el caso de Nicaragua, con poco más de 6 millones de habitantes, decenas de
miles de personas huyen de la violenta represión por parte del gobierno de Daniel
 Ortega.



Las protestas estallaron en abril en contra de una reforma para salvar de la
quiebra al Sistema de Seguridad Social. El rechazo al decreto fue la gota que
derramó el vaso de un pueblo harto del gobierno del ex dirigente sandinista Daniel
 Ortega quien, en 11 años en el poder, ha gobernado a golpe de decretos.



Los nicaragüenses acusan a Ortega, quien formó parte de la Revolución Sandinista que puso fin a la dictadura de Anastasio Somoza, en 1979, de haberse apartado del espíritu revolucionario para crear una nueva dictadura.



A mediados de julio, Estados Unidos, el Secretario General de la ONU y 13 naciones latinoamericanas, entre ellas México, exigieron el fin de la violencia. Ortega respondió con más represión y advirtió que ni renunciará ni adelantará los comicios previstos para el 2021.

La Asociación Nicaragüense pro Derechos Humanos informa que, en 7 meses de protestas, han muerto 535 personas y más de 30 mil han huido del país principalmente a Costa Rica. Otros se han sumado a la Caravana Migrante que salió de Honduras en octubre pasado hacia Estados Unidos.  En México, la COMAR informa que han aumentado en 50% las solicitudes
de asilo.



Un artículo publicado en agosto por el diario español El País advierte que estos
éxodos han originado los primeros brotes de xenofobia y tensiones regionales.
 Brasil ya envió tropas a su frontera con Venezuela. En Costa Rica, miles de
personas, con suásticas, se han manifestado contra los migrantes.


En este contexto, se confirma la asistencia de Maduro a la toma de posesión del
presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, el próximo 1 de diciembre. La
 noticia provocó fuertes críticas y llamados para que se cancele la invitación al
“represor venezolano”. Las fuertes tensiones entre México y Venezuela no son
nuevas se remontan, cuando menos, al 2005 cuando el desaparecido Hugo
Chávez calificó al entonces presidente Vicente Fox como un “cachorro del
Imperio”.


En junio del año pasado Maduro tildó a México de ser un “Estado fallido” al
permitir que el narcotráfico tomara el control de sus instituciones y en agosto
pasado, el gobierno venezolano acusó a funcionarios de México, Colombia y
Chile de estar detrás de un atentado en contra de Maduro con drones con
explosivos.

A partir del gobierno de Vicente Fox, México se ha apartado de la Doctrina Estrada 
que establece, desde 1930, la no intervención en los asuntos internos de otras
naciones y se ha sumado a iniciativas que piden el respeto a los derechos
humanos, y el fin de la violencia y la represión.

El presidente electo López Obrador ha dejado entrever que su gobierno regresará
a los principios de dicha doctrina al declarar que no anulará la invitación a
 Maduro y afirmar que su gobierno respetará la no intervención en los asuntos de
otros Estados.

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