Emiliano Ruiz Parra

El eslabón más fuerte

Mié 10 Octubre 2018 01:00

emiliano_yanez_opinion091018.jpg

Siempre fue el más cercano y el más discreto. Reacio a figurar, parecía alejado de cualquier ambición política. Se sostuvo al lado de Andrés Manuel López Obrador en sus años más difíciles, cuando los mítines en pueblos y pequeñas ciudades eran de apenas una decena de seguidores. Era César Yáñez Centeno, con el cargo formal de portavoz, pero en realidad un amigo, un ayudante, un confidente desde 1996. El que nunca faltaba en el asiento trasero de la camioneta de Andrés Manuel.

De la noche a la mañana, literalmente, Yáñez Centeno rompió la crisálida de la discreción y se transformó en centro de la atención nacional. Cierto: su boda fue un acto privado, pero Yáñez la convirtió en un acto público al llevarla a la portada de una revista de sociales. Y la volvió también un acto político. Además de Obrador, ahí estaban el mandatario poblano y el gobernador inconstitucional de Chiapas, Manuel Velasco (digo inconstitucional porque pertenece a dos poderes como senador con licencia y gobernador, lo que viola la constitución). 

El primero de julio votó el México indignado. Ganó el repudio a la Casa Blanca, al avión presidencial, a los inmuebles de Javier Duarte. Obrador recorrió el país como un predicador de la sencillez. Lo recuerdo en la campaña de 2006, que cubrí. Obrador, con César Yáñez a un lado, comía en las fondas al pie de la carretera, se peinaba con los peines de plástico que le regalaban en los hoteles. Y aconsejaba a sus cercanos: no tengan guaruras, ni segundos frentes, ni autos de lujo. Sean como los ministros liberales de Benito Juárez. Se refería, por ejemplo, al Nigromante, que siguió a Juárez al exilio en un burro porque no le alcanzó para rentar un coche de caballos. O a Altamirano, que lo enterraron con su único gabán, tan viejo que no tenía botones. 

Si alguien había escuchado ese discurso cientos o miles de veces era César Yáñez. La cadena se rompió por el eslabón más fuerte con su boda de súper lujo. En Brasil y Argentina los gobiernos socialdemócratas se descompusieron por la corrupción. Lula está en la cárcel por recibir casas de contratistas. Los ministros de Cristina Kirchner fueron pillados con millones de dólares en efectivo. En Venezuela el régimen de Chávez creó la boliburguesía o burguesía bolivariana. Obrador aún no toma posesión, y la boda pareciera la piedra fundante de una nueva aristocracia, acaso morena y transformadora, pero similar a la de siempre.