Hannia Novell

Un antes y un después

Vie 20 Abril 2018 23:36

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El primer debate entre la candidata y los cuatro candidatos a la Presidencia de la República del próximo domingo 22, será determinante. 

De hecho, significará el inicio real de la campaña (lo que hemos visto hasta ahora es una prolongación de las precampañas y de la intercampaña), y será una oportunidad (¿la última?) para remontar y/o afianzar lo que hoy dicen las encuestas.

¿Qué tienen que ganar o perder cada uno de ellos? Revisemos caso por caso:

Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos haremos historia, puntero en prácticamente todas las encuestas, es quien más tiene que perder. Es previsible que sus contrincantes formen un TUCAM (“Todos Unidos Contra Andrés Manuel”). Tienen “tela de dónde cortar” por las múltiples contradicciones y los muchos frentes que ha abierto en las últimas semanas.

Temas serán, sin duda, la insistencia en cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) que lo ha llevado a enfrentarse con la cúpula empresarial (Ricardo Anaya lo llamó “retrógrada espanta inversiones”), así como el uso de un “taxi aéreo” en sus traslados por el norte del país (José Antonio Meade señaló que se perdió al AMLO “del Tsuru y la austeridad”). Además está el asunto de la amnistía a criminales.

En cada uno de esos tópicos, el tabasqueño ha entrado en contradicciones (¿cancelación o revisión de los contratos del NAIM?; ¿taxi-aéreo o aeronave privada?; ¿amnistía a líderes del narco?), lo que ha colocado a sus voceros en aprietos para tratar de explicarlo. Su reto en el debate será establecer una postura definitiva en esos temas y evitar que por su boca hable el hígado. En resumen: dejar de ser él y no creer que tiene la verdad absoluta. Se ve difícil. 

El abanderado de la coalición Por México al Frente, Ricardo Anaya, está en el filo de la navaja: tiene todo por ganar y todo por perder. Su reto es convencer que no está implicado en el delito de lavado de dinero por la compra-venta de una nave industrial en Querétaro. 

Aunque ha asegurado que ya aclaró todo “con peras y manzanas”, el golpe orquestado desde el Gobierno Federal con el uso ilegítimo de la PGR como su brazo armado, tuvo efectos. La encuesta del diario Reforma así lo demuestra: cayó seis puntos.

Esa estrategia lo hirió, pero no lo mató. Y ese puede ser el peor error en la política: herir pero no matar al enemigo. Por otro lado, nadie duda de sus capacidades oratorias y de que puede aprovechar este espacio para llegar a los jóvenes (muchos de ellos, indecisos). Así que el llamado por algunos “joven maravilla” se juega aquí el segundo lugar y la posibilidad de competir por el triunfo.

José Antonio Meade, quien representa a la coalición PRI-PVEM-Panal, es quien se encuentra en la posición más incómoda y difícil. Ya en anteriores ocasiones hemos comentado su permanente contradicción de ser/no ser priista. A estas alturas de la contienda, esa disyuntiva le cobra una costosísima factura que lo ha sumido en un triste tercer lugar.

Es un secreto a voces que es rehén de quien lo impuso: Enrique Peña Nieto, y que la herencia maldita de esta administración, le cobra la factura. De nada le sirve presumir logros y honestidad en sus responsabilidades como secretario de Estado, pues siempre estará asociado a la corrupción de los gobiernos locales y Federal.

Su mayor reto es marcar distancia, romper el cordón umbilical, dar un golpe de timón. Si no lo hace, estará en riesgo, no sólo de estancarse en el tercer lugar sino de ser rebasado y de caer aún más. Si pierde el debate, será muy difícil que el PRI logre su permanencia en Los Pinos, y el fantasma del relevo del candidato, como en aquel trágico 1994, volverá a aparecer.

La independiente Margarita Zavala enfrenta un dilema similar: deslindarse de su esposo, Felipe Calderón, quien dejó como legado una estela de sangre y de desaparecidos, producto de una guerra contra el crimen organizado que no estuvo basada en una estrategia calculada. Además, tendrá que demostrar que hay vida más allá del PAN.

Por último, todos sabemos el papel que jugará Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”: el de kamikaze. Nada tiene que perder así que se lanzará contra todos, especialmente contra López Obrador. Lo cierto es que nos debe a todos los mexicanos una explicación por las trampas que empleó para obtener los apoyos que le permitieron llegar a la boleta, con el apoyo de cuatro magistrados del Tribunal Federal Electoral.

Así pues, el debate de este domingo será determinante y marcará un antes y un después. El fin de la participación en este hándicap presidencial para algunos o un segundo aire para otros. Hagan sus apuestas.