Hannia Novell

El fantasma del Watergate recorre la Casa Blanca

Vie 12 Mayo 2017 21:00

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Por alguna razón, Donald Trump se empeña en dar argumentos, no sólo a los demócratas sino a su propio partido, el Republicano, para iniciar un juicio que podría sacarlo de la Presidencia de Estados Unidos.

El más reciente: el sorpresivo despido del director del FBI, James Comey, encargado de las investigaciones sobre la presunta injerencia rusa en las elecciones presidenciales que le dieron el triunfo.

El único antecedente de un mandatario despidiendo a un funcionario que encabezaba investigaciones en su contra es precisamente el caso Watergate, cuando Richard Nixon ordenó el cese de Archibald Cox, el fiscal especial a cargo de las pesquisas sobre el escándalo de espionaje contra rivales políticos que, un año después, le costaría el cargo.

La torpeza del actual inquilino de la Casa Blanca es inaudita. Días antes de su fulminante salida, Comey había solicitado recursos adicionales para las investigaciones sobre el Rusiagate. Concretado el despido, es lógico que los congresistas demócratas y republicanos vean en esa maniobra un intento por frenar las investigaciones.

Lo peor es que en aras de justificar su decisión, Trump y su equipo han dado una clase maestra de un pésimo manejo de crisis. El magnate argumentó en una primera instancia que el cese se dio a raíz del mal manejo de las pesquisas sobre el uso inapropiado de la cuenta de correo electrónico personal de Hillary Clinton en su calidad de secretaria de Estado. Resulta curioso que antes, había elogiado los resultados.

Luego declaró que tomó la decisión por sugerencia de Jeff Sessions, fiscal General, el mismo personaje que está impugnado por haber mentido bajo juramento al comparecer ante el Senado respecto a sus reuniones con el embajador ruso cuando era asesor de la campaña de Trump.

Días después, Trump aseguró que el despido del director del FBI era “inevitable” y no fue resultado de las recomendaciones hechas por Sessions y el procurador General Adjunto, Rod Rosenstein.

“Lo iba a despedir independientemente de recomendaciones”, dijo el mandatario en una entrevista con la NBC en la que calificó al ex jefe policíaco como un “egocéntrico” que sumió al FBI en el caos.

Trump siempre ha criticado la investigación en su contra desestimándola y calificándola de “una charada” y de un despilfarro del dinero de los contribuyentes.

Pero tras la salida del director del FBI, ha manifestado que quiere que se sepa la verdad: “Quiero averiguar si hubo un problema en la elección que haya tenido que ver con Rusia. Si Rusia tuvo algo que ver, lo quiero saber”, aunque aseguró que “los rusos no afectaron la votación”.

Sin embargo, lanzó un nuevo amago a Comey: que no se divulgan grabaciones de sus conversaciones.

Todo lo anterior no hace sino confirmar lo que el propio Comey manifestó antes de dejar el cargo: “Trump está loco y fuera del reino de lo normal”. Y cada vez son más los que coinciden y se preguntan si un mitómano está capacitado para dirigir la nación más poderosa del planeta.

El fantasma del Watergate recorre la Casa Blanca.