Hannia Novell

AMLO y la fabricación de culpables

Mar 15 Octubre 2019 04:00

amlo gertz manero

El combate a la corrupción fue la bandera ganadora de la elección presidencial de 2018.

Andrés Manuel López Obrador fue sensible al reclamo social, a ese hastío provocado por los gobiernos de todos los colores y siglas que han empleado los recursos públicos para enriquecerse; que han utilizado los cargos públicos para permanecer impunes de sus fechorías y triquiñuelas, y que han usado a las instituciones para proteger a los suyos y derribar al adversario.

La lista de gobernantes acusados y procesados judicialmente parece interminable: Rodrigo Medina, Roberto Borge, Luis Armando Reynoso Femat, Guillermo Padrés, César Duarte, Javier Duarte, Eugenio Hernández, Tomás Yarrington, Jesús Reyna y Mario Villanueva Madrid. 

Todos los partidos políticos están representados en esa lista negra acusados por delitos que van desde el lavado de dinero, tráfico de drogas, extorsión, fraude y peculado, hasta delincuencia organizada, asociación delictuosa, enriquecimiento ilícito, defraudación fiscal, uso indebido de recursos, sustracción ilegal de recursos del erario, desvío de fondos oficiales y nexos con el crimen organizado. 

Por eso ganó López Obrador. Generó una expectativa y esperanza inusitada. Había llegado el prohombre, el salvador, el gobernante del pueblo que pondría fin a la corrupción, la impunidad, la pobreza, el desempleo, las carencias en los servicios de salud, el nepotismo, las decisiones discrecionales y el saqueo del erario.

En muy poco tiempo, la decepción social amenaza la popularidad del primer mandatario. Los arrepentidos se multiplican, crece la inquietud de los mercados e inversionistas, y aumenta la preocupación nacional por el rumbo que ha tomado el país.

El tabasqueño no es diferente. Es igual a la “mafia del poder” que tanto ha criticado. Él también está utilizando a la justicia y a las instituciones públicas para eliminar a los adversarios políticos, con la apertura de carpetas de investigación para someter y coaccionar a quienes amenazan su poder, cuestionan sus ocurrencias e impugnan en tribunales sus decisiones discrecionales.

También utiliza la fabricación de pruebas, para tomar venganza de viejas rencillas.  No, no es diferente. Ahí está el caso de Rosario Robles para demostrarlo. Si había suficientes indicios para investigar la trama de La Estafa Maestra, para qué falsificar una licencia de conducir.

En este documento apócrifo, el juez federal Felipe de Jesús Delgadillo Padierna basó su decisión para mandar a prisión preventiva a la exsecretario de Desarrollo Social y de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, porque no podía demostrar su arraigo en la Ciudad de México y existía riesgo de “fuga”. 

Habrá que seguirle la pista a Pánfilo Escobedo Beltrán, el empleado de la Secretaría de Movilidad (Semovi) que operó y autorizó la expedición de la licencia de conducir. Ya fue despedido de su cargo, pero no hay noticia del inicio de un proceso judicial en su contra. 

De hecho, Julio Hernández, abogado de Robles Berlanga, dijo que no conocen a Pánfilo Escobedo, y que presentará una denuncia ante la Fiscalía General de la República (FGR) para que determine quién o quiénes expidieron una presunta licencia de conducir falsa a su clienta.

Por cierto, luego se aclaró que la Semovi no despidió a Pánfilo Escobedo sino que simplemente no se le renovó contrato. ¿En qué dependencia pública reaparecerá, como pago a su “lealtad”, con las vendetas de la 4T? Y este es sólo un ejemplo. Al tiempo.