Hannia Novell

#YoVoyPorElNAIM

Sáb 20 Octubre 2018 01:00

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El pasado 4 de octubre, Andrés Manuel López Obrador le pidió a sus colaboradores imparcialidad en la discusión sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), con miras a la consulta ciudadana que se realizará del 25 al 28 de este mes.

Sin embargo, en la práctica, es él mismo quien ha violado esa disposición. De hecho, dijo que cada tres días hablaría del tema para señalar los pros y los contras del proyecto que actualmente se construye en Texcoco con objeto de dar información “para que los ciudadanos puedan decidir”.

Y a partir de ahí, todo ha sido confusión. El futuro secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, anunció que mientras se decide qué hacer con la nueva terminal, se van a invertir 5 mil millones de pesos en la modernización del Aeropuerto Internacional “Benito Juárez” de la Ciudad de México y en el de Toluca.

Lo peor fue cuando este lunes 15 se presentó finalmente la pregunta que se nos hará a los ciudadanos en la referida consulta: “Dada la saturación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), ¿cuál opción piensa usted que sea mejor para el país?”.

Las opciones serán: 1) “Reacondicionar el actual aeropuerto de la Ciudad de México y el de Toluca y construir dos pistas en la base aérea de Santa Lucía”. 2) “Continuar con la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco y dejar de usar el actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México”.

Me parece ocioso que una de las opciones, la primera, no sea algo que esté a discusión pues el futuro titular de la SCT ya dijo que se reacondicionarán el AICM y el de la capital mexiquense. Es decir, la decisión ya está tomada.

Sin embargo, parafraseando al propio Presidente electo con aquello de que “el pueblo es sabio” y de que acatarán lo que determinen los ciudadanos, he aquí algunos argumentos en pro del proyecto en Texcoco ya en marcha.

El avance en la obra es del 31.5 por ciento en términos de construcción, diseño y licitaciones. Además, el vocero de la Presidencia, Eduardo Sánchez, advirtió que la cancelación del proyecto tendría un costo de 120 mil millones de pesos, así como la pérdida de 70 mil puestos de trabajo para fines de este año.

Federico Patiño, director del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, informó a su vez que, hasta ahora, ya han sido invertidos 40 mil millones de pesos, cifra que rondará los 70 mil millones para fines de este año.

Cabe destacar que el NAIM no se construye con recursos públicos y no implica más deuda ya que es autofinanciable pues se paga a través de lo que se recauda por la Tarifa de Uso de Aeropuerto (TUA) del actual aeropuerto capitalino.

Además, The MITRE Corporation, la institución sin fines de lucro más importante en investigación y desarrollo en ingeniería de sistemas de control de tráfico aéreo de Estados Unidos, entregó al equipo de López Obrador un análisis con siete opciones donde podría ubicarse el nuevo aeropuerto de México

Esas opciones eran la ampliación del actual AICM; el uso del área de rellenos sanitarios cercanos al actual aeropuerto; una zona en Texcoco cercana a terrenos de Atenco; construirlo en Hidalgo; edificar un aeropuerto que operara sólo en Santa Lucía; la operación simultánea de esta base militar con el AICM; y el NAIM donde actualmente se construye.

Bernard Lisker, director internacional de Aviación e Ingeniero Principal Senior de MITRE, aseguró que su conclusión es que la mejor opción es continuar la obra en Texcoco, incluso reconociendo problemas.

“La tierra no es la mejor, sí tiene sus problemas, pero es viable y es un lugar en el que podrían alcanzar hasta más de un millón de operaciones anuales”.

El proyecto alternativo de Andrés Manuel López Obrador de habilitar la Base Aérea No. 1 de Santa Lucía para que opere simultáneamente con el AICM, es inviable porque no solucionaría la demanda de pasaje a largo plazo ya que tendría una vida útil de sólo cinco años.

Además, al compartir el espacio aéreo y para evitar que los aviones puedan chocar, los despegues y aterrizajes de los dos aeropuertos se tendrían que espaciar de una forma en la que habría más retrasos.

Se ha dicho también que el NAIM enfrentaría inundaciones severas y permanentes. Pero se debe tomar en cuenta que el actual aeropuerto y la nueva terminal están separados únicamente por 5 kilómetros, lo que significa que se trata del mismo tipo de terreno. 

Por eso se implementó una cimentación especial que ha transformado el terreno de Texcoco en tierra firme que puede soportar y dar estabilidad a las operaciones de despegue y aterrizaje.

En respuesta a grupos como el Frente de Pueblos Unidos en Defensa de la Tierra sobre un presunto ecocidio, es importante recordar que el ex-Lago de Texcoco es una zona ambientalmente degradada con un suelo de alta salinidad que sólo permite el crecimiento del pino salado y que fue depósito de los escombros del sismo de 1985. 

Pese a lo que se ha argumentado, el nuevo proyecto generará más áreas verdes, la recuperación y saneamiento de los cuerpos de agua.

De esta forma, si el pueblo es sabio apostará por Texcoco y AMLO tendrá que acatar esa determinación. #YoVoyPorElNAIM.