Roberto Gil Zuarth

La unidad del PAN

Mié 08 Agosto 2018 04:00

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Por: Roberto Gil Zuarth

La unidad no es un estado de ánimo, sino un conjunto de adhesivos que creamos con nuestras actitudes y decisiones. Es el resultado de la forma en la que hacemos política hacia dentro del partido. La consecuencia de que la buena ley interna impere siempre sobre el capricho. 

La unidad no es la ausencia de pluralidad, sino la disciplina para conducirla de manera útil. No es la ausencia de debate, sino el debate que enciende la razón y motiva la acción colectiva. No es la cancelación de las diferencias en una supuesta uniformidad, sino la capacidad institucional de resolverlas.

La unidad en una organización plural no se define por decreto. Tampoco surge de acuerdos cupulares, de reparto de posiciones para conservar el estado de cosas o de la evasiva a conciliar lo que unos y otros pensamos sobre la organización. La unidad es un medio, no un fin. Nada virtuoso hay en esconder de nuevo, debajo del tapete, nuestros problemas y aparentar una normalidad que no existe. 

El PAN, para restablecer su unidad, debe empezar por recuperar el debate interno: dentro de nuestros muros, en los órganos del partido, en el respeto que nos merecemos y que le debemos a la institución. La competencia democrática, cuando es leal y genuina, no ahonda el conflicto: sirve como pausa e instrumento para reencontrar las razones esenciales, para fijar los consensos mínimos sobre nuestra coexistencia, para decidir el rumbo. 

Y ese camino debe empezar por recordar que los dirigentes tienen un deber especial y más intenso de cuidar la unidad. Son los árbitros, los mediadores, la instancia inmediata de pacificación. La unidad se tensa cuando el dirigente se extravía de sus responsabilidades. Cuando confunde el deber con el privilegio. Cuando prefiere ser candidato que el honor de ser jefe del partido. 

El partido requiere reformas institucionales para corregir las fuentes de la división. Las reglas vigentes están puestas para dinámicas suma-cero en las que se gana todo o se pierde todo. La organización carece de terapias para alentar la generosidad del ganador y el sentido de inclusión del derrotado. Y eso solo es posible si a todos se les trata con justicia, si se ofrece igual oportunidad de ser escuchado y de participar, si hacemos que cada uno de los militantes tenga proyecto propio, pero también un lugar en el proyecto del PAN

Pero, sin razones compartidas, sin un programa que nos convoque hacia afuera, sin una narrativa que sirva para identificarnos como parte de un mismo esfuerzo, nuestra acción política quedará atrapada en el propósito inmediato de ganar la siguiente elección interna, antes que ganar para México la siguiente generación. 

La unidad en política, en la riqueza de la pluralidad de formas de ver y entender la realidad, es como el sentido de armonía que aprendemos en nuestras casas: todos sabemos qué podemos hacer para que exista y todos sabemos qué la destruye. 

Es esa especie de sentido común que se desarrolla en la convivencia entre diferentes. Usemos ese sentido, hoy no tan común entre nosotros, para reorganizar nuestra vida interna: el sentido de la armonía, el impulso del fin por encima del interés, la concordia como principio de reconocimiento entre panistas.

Abogado