Roberto Gil Zuarth

El núcleo esencial de la Constitución

Jue 07 Febrero 2019 06:00

Constitución cumple 100 años y se suman las voces para cambiarla

Por Roberto Gil Zuarth

@rgilzuarth

La Constitución no es una norma cualquiera. Es una ley peculiar. Se suele decir que es la norma suprema de un ordenamiento jurídico. Regula en última instancia cómo se producen las decisiones del Estado: los órganos facultados, los procedimientos que deben seguirse, lo que puede o no ser decidido. Es la fuente de validez de todas las normas: cualquiera que la contravenga, queda fuera del sistema.   

Durante mucho tiempo se ha discutido si la Constitución se distingue por ciertos atributos técnicos, o bien, por un específico contenido. Es decir, si lo que define a la Constitución son las características formales de supremacía (no puede ser derrotada por ninguna otra) y rigidez (para reformarla se requieren mayorías calificadas) o, por el contrario, una suerte de núcleo esencial intocable. 

Estas posiciones no son neutras. Si la característica que define una Constitución radica en sus atributos técnicos, entonces son constitucionales tanto los regímenes autoritarios (Venezuela) como los democráticos (Alemania). Si, por el contrario, una Constitución se define por un contenido determinado, entonces sólo ciertos principios o reglas podrían ser protegidos por las técnicas de supremacía o rigidez. Es decir, habría contenidos que no tendrían la legitimidad para desplazar el veredicto de los poderes constituidos, incluido, por supuesto, el de las mayorías. 

Esta tensión se agudiza frente a la reforma constitucional. ¿Una Constitución democrática podría desmantelarse a través del procedimiento previsto para su reforma? ¿Concentrar todo el poder en una persona, restringir los derechos humanos, cercenar las garantías que aseguran el pluralismo y la protección de las minorías? ¿Desaparecer al Congreso o limitar la autonomía judicial? ¿Convertir en confesional al Estado? ¿Proscribir partidos, sindicatos, organizaciones sociales, hechos religiosos? Es decir, ¿tiene la constitución el raro privilegio de autodestruirse a través de sus propios medios?

El pasado 30 de enero, la Suprema Corte de Eslovaquia declaró inconstitucional una reforma constitucional que sometía a los jueces a una especie de procedimiento de control de confianza a cargo de una agencia de seguridad dependiente del Ejecutivo. La Corte determinó que la reforma vulneraba el “núcleo material” de la constitución por cuanto al imperativo de equilibrio entre poderes. 

La decisión de la Corte eslovaca irrumpe en una larga, prolífica e inacabada discusión sobre los límites a la reforma constitucional. ¿El poder de modificarla es ilimitado? ¿Hay cláusulas que no pueden ser alteradas por el poder revisor de la constitución? ¿Esos intangibles deben estar expresamente determinados o pueden ser deducidos implícitamente? ¿Cuál es el criterio material para distinguirlas? ¿Qué define a ese “núcleo esencial”?

Y, claro, plantea muchos problemas. ¿Cómo hará efectiva la Corte su sentencia? ¿Qué puede hacer si no se cumple? ¿Quién controla a la Corte en la función de juzgar la constitucionalidad de la reforma? ¿Hasta qué grado la Corte puede suplir a los funcionarios democráticamente electos en la evolución del derecho?

Frente al asalto iliberal a la democracia, el entendimiento y práctica de la Constitución debe plantearse la cuestión de su sobrevivencia. Pero, sobre todo, posturas críticas sobre su axiología y sobre el instrumental técnico que aseguren su eficacia.