Roberto Gil Zuarth

¿Consulta o coartada?

Mié 17 Octubre 2018 03:00

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El futuro del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México se va a definir en una consulta ilegal y no suficientemente representativa. 

Es ilegal porque no cumple con ninguno de los requisitos que establece la Constitución para someter a votación popular un determinado tema de trascendencia nacional. De entrada, el Congreso de la Unión es el único órgano facultado para convocar; la Suprema Corte de Justicia debe calificar la constitucionalidad de la materia con condición de procedencia, e invariablemente, el INE debe organizar dicho proceso. Asimismo, la consulta debe realizarse el mismo día de una jornada electoral federal, es decir, concurrir con la renovación de los poderes ejecutivo o legislativo. El resultado solo es vinculante cuando hubiere participado, al menos, el 40% de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral. 

No es suficientemente representativa porque en realidad se trata de un ejercicio de mesas receptoras, a partir de una muestra distribuida regionalmente, sin que quede claro cómo se seleccionó ni quién tendrá a su cargo la organización, desarrollo, cómputo y declaración de resultados. Lo que hasta hoy sabemos es que se eligieron un poco más de 500 municipios y que Morena se encargará de imprimir las boletas, instalar las mesas, recibir el voto de los ciudadanos y anunciar qué opción ganó. Así, como si fuera una actividad más de un partido político y no una de las decisiones de infraestructura más importantes que se han tomado en las últimas décadas. Peor aún, como si el desenlace del aeropuerto no lo fuéramos a pagar todos los mexicanos. 

La democracia representativa puede coexistir con mecanismos de democracia participativa. Más aún, es deseable que estos instrumentos se utilicen constantemente para influir en las decisiones colectivas. La iniciativa popular, la consulta, los referéndums u otras formas plebiscitarias sirven para detonar pedagogía social, debate público y, en esa medida, mayor involucramiento de la sociedad en los asuntos del Estado. Son útiles para destrabar los vetos o bloqueos en las instancias de representación. Renuevan en el fondo la legitimidad de la democracia. Pero también son una expresión de poder que, como tal, debe someterse a reglas que garanticen la imparcialidad del proceso y del resultado. Si es que queremos vivir en una democracia de límites y contrapesos.

Una consulta hecha a modo es tan arbitraria como el capricho de un gobernante. Por más nutrida que sea la participación y contundente el veredicto de una mayoría. Por eso, nadie podrá alegar que las consecuencias técnicas o económicas del futuro del aeropuerto se deben al pueblo. La responsabilidad política es, sin más, de quien falseó la Constitución para tener una coartada. 

Abogado.