Democracia directa y sabiduría popular

Mié 12 Septiembre 2018 03:00

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Andrés Manuel López Obrador sugiere resolver el dilema sobre la ubicación del futuro aeropuerto mediante una consulta a la población. Como él ve las cosas, la consulta a la población es algo más que una práctica democrática. De manera reiterada afirma que “el pueblo es sabio”, sugiriendo que la consulta no sólo permite conocer los deseos de la mayoría, sino que el resultado de la consulta será la mejor alternativa en un sentido técnico. Otra expresión que usa para referirse a las virtudes epistémicas de la mayoría es “el pueblo no se equivoca”.

Sin embargo, identificar los deseos del pueblo con la decisión correcta es algo más que una imprecisión. En primer lugar, porque “el pueblo”, en un proceso democrático, es la mayoría. A menos que todas las personas quieran lo mismo y voten en el mismo sentido, siempre existirán divisiones de opinión. Un grupo quiere una cosa y otro quiere algo distinto. Estas diferencias imposibilitan el uso del término “sabio” para los dos grupos. En una elección por mayoría, se imponen los deseos del grupo más numeroso. ¿Un grupo es sabio por ser el más numeroso? ¿El grupo que quiere algo distinto, el menos numeroso, es “necio”?

Pero incluso si se aceptara que la mayoría es sabia, tendríamos problemas. El politólogo John G. Matsusaka reporta que, en los Estados Unidos, en los estados con instrumentos de democracia directa se observa una mayor congruencia entre las preferencias del electorado y la legislación en temas como el control de armas, la interrupción del embarazo y el matrimonio igualitario. Si la democracia directa identifica la mejor política para un problema, entonces la política adoptada en los estados con democracia directa sería la misma. Sin embargo, esto no es así. La democracia directa incrementa la probabilidad de que el matrimonio igualitario sea legal cuando la mayoría de los votantes prefiere una legislación así. Si la mayoría no es favorable a esta medida, la democracia directa reduce la probabilidad su implementación.

Pero entonces, si en el lugar donde el pueblo aprueba el matrimonio igualitario el pueblo es sabio, donde lo rechaza el pueblo es necio. En consecuencia, no se puede decir como un hecho que el pueblo nunca se equivoca. La consulta popular es un procedimiento por el que las decisiones de política se atan a las preferencias de la mayoría. Nada menos, nada más. Encontrar la mejor política viable para resolver un problema determinado sigue siendo tarea y responsabilidad del gobierno.