Texcoco y el gorrionicido de Mao

Mié 14 Noviembre 2018 03:00

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De López Obrador se dice que tiene “capital político”. Quien tiene capital político puede esperar un alto respaldo social para directivas que están más allá de sus funciones como autoridad y sin necesidad de la amenaza de coerción. Lázaro Cárdenas fue un presidente que pudo contar con un alto nivel de apoyo en la sociedad en momentos críticos de su gobierno, como fueron su disputa con el Jefe Máximo en 1935-1936 o la nacionalización del petróleo en 1938.

Un raro ejemplo de uso de capital político es la “campaña de las cuatro pestes” de Mao Zedong. En 1958, Mao hizo un llamado a eliminar ratas, moscas, mosquitos y gorriones. Se tenía a estos últimos como una “plaga” por alimentarse de los granos y el arroz cultivados en el campo. Como respuesta a la convocatoria de Mao, la población de todo el país se valió del ruido de tambores y sartenes dondequiera que se viera a estas aves, que en consecuencia comenzaron a morir de agotamiento. La movilización fue tan efectiva que llevó a la práctica extinción de los gorriones, hecho para el que el historiador Roderick MacFarquhar acuñó el término “gorrionicidio”. 

El capital político es un recurso a invertir con la expectativa de generar réditos. Cárdenas invirtió una alta cantidad de capital político para enfrentar grupos muy poderosos en las esferas política y económica. La inversión rindió: fundó un partido de masas, centralizó el poder en la presidencia, estableció la rectoría del Estado sobre la economía y redistribuyó la tierra en niveles no vistos.

Pero la inversión puede salir mal. Mao se enteró de que los gorriones también comen orugas cuando estas comenzaron a infestar los cultivos, afectando especialmente la producción de arroz. En 1959, en la lista de plagas las chinches ocuparon el lugar de los gorriones, que comenzaron a ser importados de la Unión Soviética.

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, convocó a un referéndum preguntando a la población si aceptaba la política de austeridad exigida por los organismos financieros para otorgar nuevos recursos. Con la participación del 62% de la población, la mayoría se manifestó en contra. Es posible que Tsipras esperaba mostrar que contaba con el capital político necesario para declarar una moratoria, pero lo acreedores no mordieron el anzuelo y Tsipras terminó siendo un eficaz administrador del ajuste presupuestal.

Recientemente, la bancada de Morena en el Senado amagó con legislar para eliminar diversas comisiones bancarias. Los mercados reaccionaron de manera negativa e inmediata. Cuando un líder dispone de capital político, puede pedirle a la población ciertos sacrificios a cambio de un beneficio futuro. No hizo esto nuestro futuro presidente, quien mandó parar la iniciativa y se comprometió a no hacer cambios económicos y fiscales durante los primeros tres años de su gestión. La opinión general es que no quiso tener otro enfrentamiento después de cancelar el aeropuerto de Texcoco. Cabe preguntarse cuál fue el rédito del capital político invertido en revertir el NAIM en vez de invertirlo en cambios a la estructura económica

Es obvio: dejar claro “quién manda aquí”. Si en estos tres años siente frustración en sus tratos con los bancos, ¡serénese! Piense que, en cambio, el presidente no es un florero.