Yuriria Sierra

¿De las ligas a las bolsas... y a Los Pinos?

Jue 27 Abril 2017 06:16

Andrés Manuel López Obrador AMLO

"Lo que ocurre la primera vez como tragedia, la segunda ocurre como farsa", escribió alguna vez Carlos Marx. Y nunca mejor aplicada que en el caso de los videoescándalos en torno a la figura de Andrés Manuel. Si Bejarano y sus ligas, Imaz y sus bolsas de papel de estraza, Ponce y sus viajes a Las Vegas, Costa Bonino y su pase de charola, no fueron suficientes para destruir en su momento (y para siempre) a López Obrador, menos lo será este escándalo que parece y aparece como una mala copia de los anteriores.

Si los videoescándalos no fueron suficientes para pulverizarlo cuando aún creíamos que la democracia y la alternancia traían consigo una mayor probidad entre los servidores públicos, menos lo harán cuando la corrupción se ha convertido en la norma de la política mexicana en su copropartidocracia. El elector promedio seguramente pensará que, efectivamente, 500 mil pesos son cacahuates comparados con los 34 mil millones que la ASF le tiene interrogados a Duarte (Javier) o con los 5.5 millones de dólares que apenas ayer nos enteramos le investigan a Reynoso Femat. O con los millones del otro Duarte, César. O los de Guillermo Padrés. O con las transotas de Borge que quién sabe dónde anda. O con los millones de Fulano, o Zutana, o Mengano...

No: el caso Eva Cadena no bastará para destruir a AMLO. Menos cuando personajes como Enrique Ochoa o Ricardo Anaya se llenan la boca de reclamos pero no hicieron lo propio con los suyos en su momento.

Los verdaderos dos problemas son otros. El primero es que en el tema de las ligas, de las bolsas de estraza o las de plástico, estambre (o hasta Louis Vuitton), el jefe de los involucrados ya encontró que la fórmula de acusar un "compló" de la "mafia en el poder" basta para salir por la tangente. Una salida tan fársica como el videoescándalo en sí mismo. ¿Cómo creerle a quien muy probablemente será presidente que realmente combatirá la corrupción si no es capaz de hacerlo desde ahorita y con su propia gente?

Eso por un lado. El otro tiene que ver con la propia gente: ¿qué pasa con nosotros que estamos dispuestos a votar por quien aparezca como el menos corrupto de todos? ¿No somos capaces de esperar y exigir (a todos los partidos) algo de mucho más alto nivel ético? Si no es así, nos merecemos para siempre el frijol con gorgojo, a los cerdos y a los marranos, Siempre y cuando en la crisis al menos se den su baño... de pureza. Porque para nosotros ya no es una tragedia. Simplemente, aceptamos con mediocre resignación nuestro ser para la farsa.