
Foto: The White House
La Casa Blanca proyectó a la isla como el próximo objetivo debido a su valor mineral y la competencia militar con Rusia y China.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha definido la adquisición de Groenlandia como una prioridad de seguridad nacional absoluta en este inicio de 2026.
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Tras la reciente captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el mandatario republicano afirmó que su administración no permitirá que potencias extranjeras ganen terreno en el hemisferio norte.
En ese contexto, para el republicano el control de la isla, que actualmente está bajo el gobierno de Dinamarca, es el paso definitivo para consolidar el dominio de Washington sobre el Ártico.
Esta determinación fue secundada por funcionarios estadounidenses como el secretario de Estado, Marco Rubio, quien confirmó ante comités del Congreso que se está trabajando en una propuesta legal para la transferencia del territorio, la cual se discutirá con representantes de Dinamarca la próxima semana.

La relevancia de Groenlandia residen en su posición geográfica privilegiada. Ubicada entre América del Norte y Europa, la isla funciona como un puente natural en el Atlántico Norte.
De acuerdo con Milenio, este valor estratégico no es nuevo; durante la Segunda Guerra Mundial, el territorio fue clave para el control marítimo y el abastecimiento de los aliados, una función que hoy recobra vigencia bajo la óptica de la administración de Donald Trump.
Actualmente, el Ártico se está descongelando, lo que ha provocado la apertura de nuevas rutas comerciales y militares que reducen significativamente los tiempos de transporte entre continentes.
Esta transformación geográfica está redefiniendo las rutas globales de comercio y defensa, un escenario donde China y Rusia ya compiten por influencia, lo que ha encendido las alarmas en la Casa Blanca.

El presidente de Estados Unidos asegura que la región está repleta de embarcaciones rusas y chinas, y que la inacción de Dinamarca pone en riesgo la seguridad hemisférica.
Para el gabinete federal, poseer la isla es la única forma de garantizar que el Ártico no se convierta en una zona de dominio para sus adversarios globales.
“Ahora mismo, vamos a hacer algo con Groenlandia, les guste o no. Porque si no lo hacemos, Rusia o China se apoderarán de Groenlandia. Me gustaría llegar a un acuerdo por las buenas, pero si no lo hacemos por las buenas, lo haremos por las malas", sentenció Donald Trump este viernes.
En este sentido, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, puntualizó que el equipo de seguridad nacional debate activamente la anexión, fundamentando que la región posee un valor táctico insustituible que Estados Unidos debe proteger ejerciendo su papel de superpotencia.
Más allá de la defensa, Groenlandia representa una joya económica por sus inmensos recursos naturales.
Según reporta el diario El País, el acceso a depósitos de minerales críticos como el litio, níquel, cobalto y cobre es una de las razones centrales de esta obsesión presidencial, ya que son insumos base para la tecnología aeroespacial y las baterías eléctricas.
Sin embargo, el factor decisivo son las “tierras raras”. Actualmente, China controla el 90% de estos materiales esenciales para la inteligencia artificial y el armamento avanzado.
De sumar la isla a EUA, Donald Trump busca romper el monopolio chino y asegurar el suministro para la industria estadounidense.
Actualmente, Estados Unidos ya opera la Base Aeroespacial de Pituffik, pero la administración considera que unos pocos centenares de soldados son insuficientes para proteger este inventario de recursos frente a las ambiciones de potencias extranjeras.
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La clase política de la isla ha cerrado filas ante las presiones de Washington, calificando la actitud estadounidense como un desprecio a su autonomía.
El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, y los líderes parlamentarios en Nuuk emitieron un comunicado conjunto rechazando las pretensiones expansionistas.
“Como dirigentes de los partidos políticos de Groenlandia, de nuevo subrayamos nuestra posición firme: que el desprecio de Estados Unidos por nuestro país debe terminar", declararon los líderes locales según El País, subrayando que su estatus está protegido por el derecho internacional.
A este rechazo se sumó la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, quien junto a mandatarios de Francia, Alemania, España e Italia, advirtió que la soberanía de la isla pertenece a su pueblo.
La mandataria danesa subrayó que un ataque de un miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte contra otro miembro representaría una amenaza existencial para la alianza transatlántica.
El amago por la anexión de Groenlandia ocurre en un momento de alta tensión hemisférica, tras la reciente intervención en Venezuela y su cuestionada transición política bajo supervisión estadounidense.
Este escenario se suma a las recientes advertencias de Donald Trump sobre una posible intervención en Colombia debido a las tensiones con el presidente Gustavo Petro, así como el planteamiento de realizar ataques terrestres directos contra los cárteles de la droga en México, consolidando una política exterior basada en la acción unilateral y la fuerza.