
Foto: Cuartoscuro
Morena enfrenta diversos retos rumbo al 2027, entre una polémica reforma electoral, tensión con sus aliados del PT y el Verde, entre otros.

Morena llega a 2026 como la principal fuerza política del país y con el control del Gobierno Federal, pero el escenario rumbo a las elecciones de 2027 plantea desafíos que van más allá de la ventaja en las urnas.
Este año es la antesala que dará forma al próximo año electoral, en donde se tomarán definiciones clave en las que el partido deberá sortear tensiones legislativas, cuidar sus alianzas y procesar disputas internas que podrían marcar el rumbo de su hegemonía electoral.
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Aunque la oposición sigue fragmentada, el desgaste natural del poder comienza a reflejarse en conflictos internos y en una relación más compleja con sus aliados del PT y Partido Verde. Y Morena enfrenta el reto de mantener cohesión política mientras avanza una agenda de cambios que no todos los actores de la coalición comparten en los mismos términos.
Uno de los ejes centrales del 2026 será la discusión de la reforma electoral impulsada desde el oficialismo, que incluye ajustes a la revocación de mandato y a las reglas del sistema electoral. Para Morena, la reforma representa una apuesta para redefinir el terreno de competencia política rumbo a 2027, pero también un foco de fricción interna y externa.
El debate legislativo ha evidenciado diferencias con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT), aliados indispensables para alcanzar mayorías calificadas. Ambos partidos han manifestado reservas sobre el alcance de algunos cambios, particularmente aquellos que podrían afectar su margen de maniobra electoral o alterar equilibrios construidos en elecciones pasadas.
Estas tensiones obligan a Morena a negociar y ceder en un momento en el que busca proyectar liderazgo político.
Ricardo Monreal, coordinador de Morena en San Lázaro, ha dimensionado el tamaño del conflicto, al afirmar que sin el consenso de los aliados del bloque de la 4T, la reforma electoral no podrá ser.
Y es que en el primer saque de la reforma electoral, prevista a llegar al Congreso en la primera semana de febrero, el coordinador del PT en San Lázaro, Reginaldo Sandoval, mostró su desacuerdo con la iniciativa, cuestionado la pertinencia de presentarla ahora mismo, si la 4T ya “controla” los tres poderes Ejecutivo, Legislativo y, según dijo, el Judicial.
Mientras que, según un reporte de Salvador García Soto, durante una reunión entre líderes y legisladores del Verde, se acordó ir en contra de la reforma electoral impulsada desde el Gobierno de México.
No solo eso, también en la oposición la iniciativa, que todavía ni ha sido presentada, ya comienza a verse como una estrategia para garantizar el dominio de Morena, por lo que ya ha sido bautizada como “Ley Maduro”.
El coordinador del PAN en el Senado, Ricardo Anaya, afirmó que Morena buscaría asegurar el control total de las elecciones ante una pérdida de respaldo ciudadano, al intentar combinar la revocación de mandato con las elecciones federales de 2027 y la elección judicial.
El senador y dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, sostuvo que la reforma electoral es un riesgo para la democracia, con la que el partido guinda buscaría la subordinación del INE ante el poder, así como la destrucción de los órganos jurisdiccionales y de los partidos políticos, al recortar presupuestos.
La forma en que se resuelvan los desacuerdos marcará no solo el destino de la reforma, sino también la solidez de la coalición rumbo a los próximos comicios.
Otro reto clave para 2026 será lograr que la alianza electoral Morena-PT-PVEM se mantenga cohesionada de cara a 2027. A medida que se acercan las definiciones electorales, los intereses de cada partido comienzan a pesar más que el bloque de la 4T.
El llamado candado antinepotismo aprobado por Morena, con el que se busca impedir candidaturas de familiares directos en las próximas elecciones, introduce un factor de tensión interna y con los aliados, que no están sujetos a las mismas reglas, al menos hasta 2030.
La aplicación del candado podría complicar la negociación de candidaturas comunes en algunos estados, donde estructuras locales del PT o del PVEM han construido liderazgos familiares con peso electoral, particularmente en los estados de Zacatecas y San Luis Potosí.
En Zacatecas, Morena enfrenta una fuerte división interna que podría debilitar su posición rumbo a 2027. El senador Saúl Monreal ha protagonizado un abierto conflicto con su hermano, el gobernador David Monreal, al acusar a sectores del partido de obstaculizar sus aspiraciones, en medio de la implementación del candado antinepotismo.
El propio David Monreal ha intentado distanciarse del conflicto familiar, mientras que el dirigente Ricardo Monreal minimiza las fracturas internas. La disputa entre grupos internos y la presencia de liderazgos como el de la senadora Verónica Díaz ilustran cómo la pugna por candidaturas empieza a impactar la unidad del partido de cara a las elecciones.

En San Luis Potosí, el desafío para Morena está ligado a su relación con el Partido Verde y las aspiraciones de la senadora Ruth Miriam González, esposa del gobernador Ricardo Gallardo, para encabezar la candidatura local en 2027. La reforma interna contra el nepotismo promovida por Morena prácticamente cancela de facto la alianza con el PVEM en la entidad.
La tensión política se ha intensificado por la posibilidad de que el Verde busque impulsar a Ruth Miriam en solitario si se mantienen las restricciones impuestas por Morena, lo que no solo fracturaría la coalición oficialista en San Luis Potosí, sino que también obligaría al partido guinda a considerar perfiles propios para la gubernatura, como la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez.

El último gran reto de Morena en 2026 será la organización de sus procesos internos, que arrancarán en el último trimestre del año para definir a las y los candidatos a las 17 gubernaturas que se renovarán en 2027. Estas definiciones suelen ser el momento de mayor tensión dentro del partido.
Las encuestas, el método de selección preferido por la dirigencia, volverán a estar en el centro de la polémica, con aspirantes que cuestionan resultados y denuncian favoritismos. El manejo de estas disputas será determinante para evitar rupturas, desmovilización de estructuras o incluso fugas hacia otros partidos.
Aunque hay estados en los que las precandidaturas podrían darse de una forma tersa, el terreno de batalla se encontrará al interior del partido en donde diversos cuadros buscarán quedarse con las candidaturas.
En el caso de Chihuahua, la disputa interna incluirá a la senadora de Morena, Andrea Chávez, con el alcalde guinda de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar. En Michoacán, el senador Raúl Morón se muestra como el favorito para buscar la candidatura, aunque el gobernador actual Alfredo Ramírez Bedolla, podría impulsar a sus propios cuadros.

En Zacatecas, el reto también será mantener la unidad; en donde Saúl Monreal mantiene sus aspiraciones pese a las reglas partidistas, mientras que su hermano David impulsa a sus propios cuadros; entre otros cuadros.
En conjunto, los retos de Morena para 2026 no se limitan a ganar elecciones, sino a administrar el poder sin fracturarse. La combinación de una reforma electoral controvertida, alianzas bajo presión y procesos internos complejos hará de este año un termómetro clave rumbo al 2027.
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