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El espionaje en el mundo: De la CIA en México a los rusos ‘desechables’ en Europa

Infiltrados, traidores y operativos: los casos de espionaje físico que han doblegado soberanías y cambiado el rumbo de la historia

Casos de espionaje e inteligencia mundial

Foto: Especial

Salvador Maceda

Salvador Maceda

Publicada: may 05 a las 07:00, 2026

El espionaje más incómodo para los gobiernos no siempre entra por un teléfono, un software o una computadora. A veces cruza una frontera, se sienta en una oficina, se mezcla con diplomáticos, conquista círculos políticos, compra voluntades, transmite secretos desde una habitación o aparece en un operativo donde ningún país reconoce con claridad hasta dónde llegó su presencia.

Espionaje

Foto: iStock

Es el espionaje de hombres y mujeres infiltrados, detectados o descubiertos en el terreno. El que no deja solo huellas digitales, sino crisis diplomáticas, ejecuciones, cárceles, expulsiones y gobiernos exhibidos.

La historia reciente y los expedientes más escandalosos muestran que el viejo espionaje físico no murió con la Guerra Fría. Sigue operando bajo identidades falsas, coberturas periodísticas, perfiles empresariales, relaciones políticas, redes de corrupción y agentes locales reclutados para tareas específicas.

De Damasco a Tokio, de Washington a Bruselas, de Madrid a Chihuahua, el factor humano sigue siendo una herramienta central de la inteligencia internacional.

MI6 - CIA - FSB

Foto: Redes sociales

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La CIA en Chihuahua y el golpe a la soberanía mexicana

México volvió a entrar en la discusión cuando se reveló la presencia de agentes de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos en territorio nacional, durante un episodio relacionado con el hallazgo de un narcolaboratorio en Chihuahua. El caso detonó una crisis política porque no se trató de una intervención tecnológica ni de vigilancia remota, sino de agentes extranjeros operando físicamente en una zona sensible del país.

CIA - Fiscal de Chihuahua César Jáuregui Moreno

Foto: Stock Images

Los reportes señalaron que la participación de esos agentes no habría sido activa en la incursión, pero su sola presencia abrió una pregunta de fondo sobre los límites de la cooperación bilateral en seguridad. La presidenta Claudia Sheinbaum exigió públicamente a la Fiscalía General de la República aclarar la intromisión y las actividades realizadas por los agentes estadounidenses.

La tensión escaló hasta el Senado de la República. La gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, declinó asistir para explicar las operaciones de la CIA en su entidad. El episodio dejó al descubierto una zona gris de enorme gravedad política. Si agentes extranjeros pueden participar, acompañar o estar presentes en operaciones dentro de México sin una explicación pública suficiente, el problema ya no es solo de cooperación, sino de soberanía.

Maru Campos

Foto: Redes Sociales

Rusia cambia de rostro en Europa

La guerra en Ucrania también transformó el espionaje y la presencia de infiltrados en Europa. Tras el endurecimiento de la seguridad, numerosos agentes rusos formalmente entrenados por los servicios secretos del Kremlin fueron capturados o expulsados. La respuesta de Moscú fue cambiar de método.

Guerra entre Rusia vs Ucrania

Foto: Redes Sociales

Rusia comenzó a recurrir a agentes menos ortodoxos, descritos como recursos “desechables”, más difíciles de detectar y con menor costo político en caso de captura. Ya no se trata únicamente del espía clásico bajo cobertura diplomática, sino de redes prorrusas, contactos locales y operativos de bajo perfil que pueden vigilar objetivos, seguir posiciones estratégicas, obtener recursos físicos y preparar operaciones de sabotaje o influencia.

El cambio es relevante porque muestra una adaptación del espionaje humano. Al perder agentes profesionales, Moscú no abandonó el terreno. Lo llenó con perfiles más opacos, menos institucionales y más difíciles de vincular directamente con el Estado ruso. La infiltración dejó de depender solo de oficiales visibles y se desplazó hacia figuras prescindibles capaces de operar sobre el terreno.

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Viena, la retaguardia rusa bajo cobertura periodística

La información sobre Viena exhibe otro rostro de la presencia física rusa en Europa. La capital austriaca aparece como un punto estratégico para la inteligencia del Kremlin por su condición política, su peso diplomático y la limitada respuesta de Austria frente a la expulsión de personal ruso en otros países europeos.

Kremlin Rusia

Foto: AFP

En la ciudad trabajan alrededor de 500 diplomáticos rusos, y la inteligencia austriaca estima que hasta un tercio de ellos serían espías bajo cobertura diplomática. Desde 2022, Austria solo ha expulsado a seis diplomáticos rusos, frente a los cerca de 700 expulsados en el resto de Europa.

La operación no se limita a una sede diplomática tradicional. También se ha señalado la presencia de oficiales del SVR, GRU y FSB con pasaportes diplomáticos, además de presuntos “periodistas encubiertos” que habrían llegado a Austria tras la expulsión de personal ruso del consulado en Múnich.

Ese dato es clave para el enfoque de espionaje humano, porque habla de agentes que no operan como técnicos anónimos, sino como diplomáticos, corresponsales o funcionarios insertados en estructuras legales para coordinar operaciones en otros países europeos.

Qatargate y la infiltración de la política europea

El Parlamento Europeo también quedó expuesto por una operación de influencia basada en presencia física, dinero en efectivo y captura de voluntades. El caso conocido como Qatargate reveló cómo actores extranjeros desplegaron una red para influir en decisiones políticas y económicas dentro de la Eurocámara.

Paisaje de Qatar

Foto: AFP

La imagen más poderosa del caso no fue un archivo intervenido ni una llamada interceptada. Fueron maletas con dinero encontradas en domicilios de políticos y operadores. La policía belga realizó registros y aseguró cientos de miles de euros en efectivo. La entonces vicepresidenta del Parlamento Europeo, Eva Kaili, fue detenida y el caso golpeó directamente la credibilidad de una de las instituciones políticas más importantes de Europa.

El escándalo exhibió una forma distinta de espionaje físico. No se trató solo de robar información, sino de penetrar el sistema político mediante sobornos, contactos, asistentes, sindicalistas y legisladores. La operación buscaba influir en posiciones institucionales y mejorar la imagen de Qatar frente a cuestionamientos internacionales por derechos humanos durante el Mundial.

En ese mismo contexto de vulnerabilidad institucional, el Centro Nacional de Inteligencia de España destapó una red de espionaje operada por Marruecos directamente en Madrid. El caso mostró que las operaciones extranjeras sobre el terreno no solo buscan documentos o secretos militares. También pueden intentar influir en decisiones políticas, relaciones diplomáticas y equilibrios internos de poder.

Eli Cohen, el agente que llegó al corazón de Siria

Entre los casos clásicos de infiltración, pocos tienen el peso de Eli Cohen. El agente del Mossad israelí se introdujo en la alta sociedad de Damasco bajo la identidad de Kamal Amin Ta’abet, un empresario sirio que regresaba de Argentina. Su acceso fue tan profundo que llegó a ser cercano a altos mandos del régimen sirio y fue considerado para ocupar un cargo de enorme relevancia política.

Habitantes de Siria durante ritual religioso

Foto: AFP

Cohen visitó fortificaciones sirias en los Altos del Golán y, según la información disponible, sugirió plantar eucaliptos para dar sombra a los soldados. En realidad, esos árboles terminaron convertidos en marcadores útiles para la artillería israelí durante la Guerra de los Seis Días.

Su caída fue brutal. La contrainteligencia siria, con apoyo de técnicos soviéticos, lo descubrió mientras transmitía por radio. A pesar de la presión internacional, fue ejecutado públicamente en la plaza Marjeh de Damasco ante cámaras de televisión. Su caso resume el riesgo extremo de la infiltración física. Cuando un agente entra al círculo del enemigo, la información que obtiene puede cambiar una guerra, pero su captura puede convertirse en espectáculo político.

Richard Sorge, el periodista que movió una guerra

Richard Sorge operó en Japón como periodista alemán y simpatizante nazi. Su cobertura le permitió acercarse al embajador de Alemania en Tokio y acceder a información decisiva durante la Segunda Guerra Mundial.

Richard Sorge

Foto: Especial

Su mayor impacto fue enviar a Moscú la fecha de la Operación Barbarroja y confirmar que Japón no atacaría a la Unión Soviética desde el este. Esa información permitió a Stalin mover divisiones siberianas para defender Moscú en uno de los momentos más críticos de la guerra.

Sorge fue detectado por la policía secreta japonesa, la Kempeitai, tras sospechas derivadas de mensajes de radio. Fue arrestado en 1941 y ejecutado en 1944. Su caso estremeció a Japón y Alemania porque reveló hasta dónde podía llegar un agente infiltrado cuando su cobertura social, política y periodística era suficientemente creíble.

Aldrich Ames, el topo que destruyó redes desde adentro

Aldrich Ames representa otro tipo de espionaje. No fue un agente infiltrado en territorio enemigo, sino un oficial de la CIA que se convirtió en topo al servicio de la Unión Soviética y después de Rusia. Vendió su lealtad por dinero y recibió cerca de 4.6 millones de dólares.

Aldrich Ames

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Su traición es considerada una de las más costosas en la historia de Estados Unidos. Ames reveló la identidad de prácticamente todos los agentes soviéticos que trabajaban en secreto para la CIA. La consecuencia fue devastadora. Al menos 10 agentes de alto nivel fueron ejecutados y decenas más terminaron arrestados.

Un funcionario con salario de 60 mil dólares anuales compró un Jaguar, una casa de medio millón de dólares en efectivo y pagaba facturas telefónicas de miles de dólares. El estilo de vida lo delató. Fue arrestado por el FBI en 1994 y condenado a cadena perpetua.

Anna Chapman y los ilegales rusos en Estados Unidos

El caso de Anna Chapman y la red de “ilegales” rusos mostró que el espionaje físico también puede disfrazarse de vida ordinaria. El FBI descubrió una red de 10 agentes rusos durmientes que vivían en suburbios estadounidenses bajo identidades falsas o robadas.

Anna Chapman

Foto: Especial

No eran diplomáticos protegidos por inmunidad. Eran agentes integrados en comunidades, con trabajos, rutinas y relaciones sociales aparentemente normales. Su objetivo era acercarse a círculos políticos, académicos y sociales de alto valor para Moscú.

Anna Chapman se convirtió en la figura mediática del caso por su perfil de empresaria exitosa y su presencia en la alta sociedad neoyorquina. Tras años de vigilancia bajo la Operación Ghost Stories, los agentes fueron arrestados y después intercambiados por cuatro prisioneros que Rusia mantenía en su poder. Fue el mayor canje de espías desde la Guerra Fría.

Profumo, Keeler y el espía soviético en Londres

El escándalo Profumo mostró cómo el espionaje humano también puede entrar por la puerta de las relaciones personales. John Profumo, secretario de Estado de Guerra del Reino Unido, sostuvo una relación con Christine Keeler, una modelo de 19 años. El problema de seguridad nacional surgió cuando se reveló que Keeler también mantenía relación con Yevgeny Ivanov, agregado naval soviético y oficial de inteligencia del GRU.

John Profumo

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El temor era que secretos de Estado pasaran de Profumo a Keeler y de Keeler a un espía soviético en plena Guerra Fría. Aunque no se probaron filtraciones definitivas de información crítica, el daño político fue enorme. Profumo renunció y el escándalo contribuyó al desgaste que terminó golpeando al gobierno británico encabezado por Harold Macmillan.

El caso dejó una lección duradera para los servicios de inteligencia. Un agente no siempre necesita entrar a un ministerio con documentos falsos. A veces basta con colocarse cerca de las personas que rodean al poder.

Kim Philby y la humillación del MI6

Kim Philby fue uno de los integrantes más conocidos de los “Cinco de Cambridge”, un grupo de británicos de élite que durante décadas trabajaron para la Unión Soviética. Su caso golpeó al Reino Unido porque no se trató de un infiltrado externo, sino de un hombre formado dentro del propio círculo de confianza del establishment británico.

Kim Philby

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Philby operó desde posiciones vinculadas al servicio secreto británico y terminó huyendo a Moscú. Su caso representó una humillación total para el MI6 porque demostró que la penetración soviética no estaba en la periferia, sino en el corazón de la inteligencia británica.

Valerie Plame, la agente expuesta desde el poder

El caso de Valerie Plame mostró otro ángulo de vulnerabilidad. Ella era agente encubierta de la CIA y su identidad fue filtrada a la prensa en 2003, después de que su esposo, el exembajador Joseph Wilson, criticara la justificación del gobierno de George W. Bush para invadir Irak.

La exposición de Plame destruyó su carrera y puso en riesgo a sus contactos. El caso derivó en una crisis política en Washington y en la condena de Lewis “Scooter” Libby, jefe de gabinete del vicepresidente Dick Cheney. A diferencia de otros episodios, aquí el escándalo no fue la captura de una agente extranjera, sino la revelación de una identidad encubierta desde el propio aparato político estadounidense.

Kim Jong-nam y las mujeres usadas como instrumento

El asesinato de Kim Jong-nam en Malasia mostró una operación física de inteligencia con un nivel de audacia extrema. Agentes norcoreanos habrían reclutado a dos mujeres del sudeste asiático haciéndoles creer que participaban en una broma para un programa de televisión. Ellas se acercaron al medio hermano de Kim Jong-un en el aeropuerto de Kuala Lumpur y le frotaron en el rostro el agente nervioso VX.

Kim Jong-nam

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Los verdaderos operadores norcoreanos observaron desde la terminal y salieron del país poco después. El caso detonó una severa crisis diplomática y mostró una modalidad especialmente inquietante del espionaje físico. No solo se infiltran agentes entrenados. También pueden usarse personas reclutadas, manipuladas o desechadas para ejecutar una operación sin conocer realmente su alcance.

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Red Avispa, la infiltración cubana en Florida

La Red Avispa fue una operación cubana en Estados Unidos durante la década de 1990. Agentes de inteligencia enviados por Cuba se infiltraron en organizaciones de exiliados cubanos anticastristas y en instalaciones militares estadounidenses en Florida.

Operaron durante años de manera encubierta. En 1998, el FBI arrestó a cinco de ellos, conocidos como los “Cinco Cubanos”. En Estados Unidos fueron condenados por espionaje y conspiración. En Cuba fueron presentados como héroes nacionales. El caso generó una campaña internacional y terminó años después con su liberación dentro de un acuerdo bilateral.