
Foto: Cuart
En los últimos días, la presidenta se ha mostrado más álgida con sus respuestas sobre las acusaciones de la Unión Americana.

La postura institucional de la presidenta Claudia Sheinbaum dio un giro drástico en los últimos días. Impulsada por las recientes presiones del Departamento de Justicia de Estados Unidos en Sinaloa y Chihuahua, la mandataria federal ha endurecido su narrativa, desempolvando el discurso de la soberanía nacional como una línea de defensa política.
Este viraje, que escaló desde una advertencia en el mitin de su segundo aniversario electoral hasta un choque directo con el embajador Ronald Johnson, abre un frente diplomático que los analistas ya interpretan como un blindaje rumbo a las elecciones de 2027.
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El punto más álgido empezó el pasado domingo 31 de mayo, cuando celebró dos años de su victoria electoral, donde más allá de dar un informe, ofreció un discurso en el que señaló que el país no aceptará injerencias, específicamente del Departamento de Justicia de Estados Unidos.
“Y México, que se oiga claro, que se oiga fuerte, no acepta injerencias, somos un país libre, independiente y soberano. Porque es legítimo dudar del verdadero interés en los juicios de extradición para autoridades electas, porque primero hay que tenerlo claro, vienen por unos, luego por otros, hasta que las oficinas del Departamento de Justicia se vuelven el principal elector de México. Eso no lo podemos permitir”, señaló.
Al día siguiente, la presidenta matizó y exoneró al presidente Donald Trump de que estuviera involucrado, y aseguró que se refería a grupos de ultraderecha que buscan intervenir en el país.
Finalmente, este 2 de junio, Sheinbaum pidió a Ronald Johnson, embajador de Estados Unidos en México, mantenerse al margen de los asuntos políticos internos del país y que corresponde a los mexicanos resolver los temas de política nacional. Esto, luego de que el diplomático estadounidense señaló que ‘la lucha contra los cárteles debería unirnos, no dividirnos’.
A estas intervenciones de la presidenta, periodistas y sectores de la sociedad civil coinciden en que el discurso de la presidenta “se ha endurecido” y también han cuestionado la afrenta que abrió con el país vecino con sus discursos de defensa de la soberanía sólo por un requerimiento diplomático.
“¿Quién es el que está generando esta enorme ofensa para la presidenta? A mí no me parece ninguna ofensa, pero para ella es una ofensa que haya una persecución criminal fundada contra los funcionarios mexicanos. Es difícil entender el por qué ella está entrando en una ruta de confrontación ante un requerimiento diplomático donde realmente no hay. Y vaya que ha habido ofensas de Estados Unidos en México históricas, pero en este caso realmente no lo hay” señaló la periodista Roberta Garza en su intervención con Azucena Uresti.
Por su parte, el periodista Raymundo Riva Palacio en su columna “Estrictamente personal” recriminó a la presidenta el doble rasero con el que habla sobre injerencismo, mientras que ella se ha posicionado sobre países como Colombia, Ecuador y Perú, a Estados Unidos le reclama sobre su “injerencia” en México, lo que también le costado la pérdida de su credibilidad.
“Esta dualidad intelectual y política le quita espacios de maniobra frente a Estados Unidos y anula sus demandas de no intervencionismo. Para poder mantener esa posición con eficacia, requiere de tener una autoridad política y diplomática, además de moral. Si no la tiene, ¿cómo puede esperar que la tomen en serio cuando aplica en otros lo que no quiere que le hagan a ella?”, indicó.
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Mientras que el periodista Salvador Camarena en su columna para El País, puntualizó la transformación de Sheinbaum, donde ha quedado atrás aquella cuya reforma electoral fue rechazada a una que aprobó dos reformas.
“Muy atrás quedó la presidenta que no pudo sacar una reforma electoral. Hoy sus prioridades son otras, y su efectividad también. Construye todo un andamiaje que fortifique a Morena, junto con los aliados de ocasión, en la batalla que se libra desde ya, una que implica mucho más que elecciones: de por medio está la vigencia del obradorismo en el poder, en la historia”, indicó.

Finalmente, Javier Solórzano, en su columna en La Razón, señaló que el domingo fue un parteaguas en la relación con Estados Unidos y que la presidenta marcó la nueva ruta para la relación” y que, por el momento, lo más importante es “la defensa de los suyos”.
“La Presidenta desde el domingo estableció nuevas formas respecto a la relación de nuestro país, en la actual coyuntura, con EU. Se intentará atemperar, pero Claudia Sheinbaum ya dejó en claro por dónde lleva las cosas” indicó.
Así, entre el festejo de los dos años de su triunfo y el pragmatismo de la geopolítica, la versión moderada de la presidenta parece haber quedado en el pasado. Presionada por las agencias estadounidenses y con el tablero electoral ya en marcha, Sheinbaum ha decidido asumir el rol más combativo.