
Foto: Wikimedia Commons / Cuartoscuro
La historia de la máxima justa futbolística en territorio nacional coincide con periodos de alta tensión social, transiciones políticas y fricciones diplomáticas.

Este 11 de junio de 2026, la Selección Mexicana inaugurará la Copa del Mundo en el Estadio Ciudad de México cuando enfrente a Sudáfrica, un acontecimiento deportivo que se presenta 40 años después de la última edición celebrada en territorio nacional.
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Este torneo coincide con una coyuntura social y política particular en el país, marcada por el descontento de diversos sectores civiles y las movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
De esta forma, la capital del país enfrentará un escenario de complejidad vial debido a los bloqueos y la convocatoria a una megamarcha pacífica por parte de colectivos de madres buscadoras, pensionados del Estado, transportistas, campesinos, trabajadores de la salud y activistas.
Este panorama no es nuevo para el país. Los antecedentes de 1970 y 1986 demuestran cómo las tensiones sociales, las transiciones presidenciales y los eventos de gran impacto público han corrido de forma paralela al futbol, sirviendo como un espejo de la realidad política en cada época.
El primer torneo de futbol de esta categoría organizado en el país se llevó a cabo en el verano de 1970, justa donde la selección de Brasil se coronó campeona al vencer 4-1 a Italia.
En el plano de la política, el país se encontraba en los meses finales del sexenio del presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien ya preparaba todo para entregarle el poder a Luis Echeverría el 1 de diciembre de ese mismo año.
La vida pública de la nación en ese momento estaba dividida: mientras el gobierno usaba el Mundial para dar una imagen de paz y tranquilidad hacia el extranjero, las fuerzas de seguridad del Estado perseguían y arrestaban en secreto a las personas que no estaban de acuerdo con el régimen, uno de los momentos más críticos de México, según documentos del Archivo General de la Nación.
Aunque no pasó al mismo tiempo que los partidos de futbol, la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 cambió la historia del país.
De acuerdo con un video de los archivos del pasado que difundió la CNDH, el Ejército Mexicano y un grupo armado llamado Batallón Olimpia atacaron una manifestación pacífica de jóvenes por órdenes del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz y su secretario de Gobernación, Luis Echeverría, dejando cifras inexactas de alrededor de 350 muertos.
El año mundialista también coincidió con la “Guerra Sucia”, un periodo que se caracterizó por las desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y represión sistemática por parte de las fuerzas del orden del país.
De acuerdo con documentos del Archivo General de la Nación, a inicios de 1970, el Ejército Mexicano envió a cerca de la tercera parte de todos sus soldados al estado de Guerrero. En total, unos 24 mil militares equipados con helicópteros, aviones y tanques se desplegaron para combatir a los líderes guerrilleros Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, quienes encabezaban movimientos armados en la sierra.

El informe señala que bajo el cobijo del gobierno de esos años, los militares cometieron múltiples abusos contra la población civil, incluyendo arrestos injustificados, desapariciones y agresiones físicas.
Aunque muchas víctimas presentaron quejas ante las propias autoridades y los altos mandos se enteraron de lo que pasaba, los casos fueron archivados y ocultados para frenar por la fuerza cualquier movimiento de protesta, ocurriendo todo esto de manera simultánea al ambiente festivo del torneo de futbol.
Este descontento de la gente se vio reflejado el 31 de mayo de 1970, día en el que el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz fue abucheado en el entonces Estadio Azteca al inaugurar la justa mundialista.
A su vez, de acuerdo con el libro El Milagro Mexicano de Fernando Carmona, Guillermo Montaño, Jorge Carrión y Alonso Aguilar, la economía de México en 1970 proyectaba internacionalmente la deslumbrante imagen del “milagro mexicano”, caracterizada por un supuesto crecimiento ininterrumpido y estabilidad que sirvió de escaparate durante el Mundial de futbol.
Sin embargo, esta buena imagen del gobierno escondía una realidad muy dura: había una enorme desigualdad, falta de empleos fijos y mucha pobreza que castigaba a casi todos los trabajadores y campesinos.
En el fondo, la economía funcionaba pidiendo muchos préstamos al extranjero y dejando que grandes empresas de otros países (sobre todo de Estados Unidos) controlaran los negocios. Esto provocaba que gran parte del dinero se fuera de México, dejándonos cada vez con más deudas con el exterior.
Así, mientras las compañías extranjeras se hacían inmensamente ricas con el apoyo del gobierno, la economía nacional empezaba a fallar: los precios de las cosas volvieron a subir rápidamente (inflación) y el crecimiento de la producción en el país se frenó.

Para el año de 1986, México recibió por segunda vez el torneo de la FIFA en una edición donde Argentina obtuvo el campeonato del mundo al vencer a Alemania.
Este acontecimiento deportivo se desarrolló a la mitad del sexenio del presidente Miguel de la Madrid, en un gobierno muy concentrado en atender las deudas de dinero que el país tenía con el extranjero derivadas del sismo de 1985.
El ambiente social de este Mundial estuvo marcado por la tragedia y la destrucción tras los fuertes sismos que azotaron al país. De acuerdo con registros del Servicio Sismológico Nacional, explicados por la Gaceta UNAM, el jueves 19 de septiembre de 1985 se registró un terremoto de magnitud 8.1 que duró poco más de dos minutos.
Al día siguiente, ocurrió un segundo sismo de magnitud 7.6 que terminó por derrumbar al menos 20 edificios más que ya estaban sentidos por el primer temblor. Las pérdidas materiales fueron enormes. El desastre dejó:
En cuanto a las vidas perdidas, la cifra oficial del gobierno se cerró en 6 mil muertos, aunque el propio Servicio Sismológico Nacional calculó que en realidad pudieron ser hasta 40 mil fallecidos.

La inauguración del Mundial el 31 de mayo de 1986 en el Estadio Azteca tenía el objetivo político de mandar un mensaje al mundo de que México ya estaba de pie. Sin embargo, la realidad terminó por tirar esa escenografía.
Cuando tocó el turno de hablar al presidente de la República, las más de 100 mil personas presentes desataron un abucheo monumental que duró casi un minuto. El estadio fue el único espacio para reclamarle de frente al poder.
Este evento marcó el inicio de la debacle del PRI, partido hegemónico, demostrando que el gobierno ya no controlaba el sentir de los ciudadanos.
Esa misma energía de protesta social detonó poco después fuertes movilizaciones de la oposición y una ruptura interna histórica dentro del propio PRI, fracturando al sistema rumbo a las elecciones presidenciales de 1988.
Ahora en este 2026, el balompié internacional regresa a las canchas mexicanas para inaugurar las actividades del torneo global desde el coloso de Santa Úrsula. Debido a las disposiciones comerciales de la FIFA, el inmueble suspenderá temporalmente su nombre comercial de Estadio Banorte para ser nombrado de forma oficial como Estadio Ciudad de México en todas las transmisiones de los partidos.
Sin embargo, a diferencia de los certámenes pasados, la antesala de este torneo se ha visto inmersa en protestas activas en las vialidades de la capital.
Integrantes de la CNTE han paralizado puntos clave de la entidad mediante bloqueos, destrozos a figuras alusivas al Mundial e irrupciones en la Secretaría de Educación Pública, marchando en dirección al inmueble para exigir la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 y mejoras salariales.

A estas movilizaciones se han sumado colectivos que exigen atender la crisis de desapariciones, transportistas que reclaman seguridad carretera, pensionados de Pemex y CFE, así como personal de salud y organizaciones animalistas.
Ante el despliegue de miles de manifestantes, elementos de la policía capitalina han instalado dispositivos con uniformes antimotines y dovelas de concreto en avenidas como División del Norte para contener los avances y evitar afectaciones a los visitantes extranjeros.
No obstante, pese al panorama de descontento social e infraestructura urbana bajo presión, el Gobierno Federal ha emitido pronunciamientos donde garantiza que la justa deportiva se desarrollará bajo condiciones de paz y orden. Incluso, un decreto presidencial señaló que el día de la inauguración no habrán clases y se trabajará desde el hogar.
Además, por primera vez en la historia de los mundiales celebrados en México, la figura presidencial no estará presente en la inauguración del evento. En su lugar, Claudia Sheinbaum obsequió su boleto a una joven veracruzana que ganó su pase en un concurso de hacer dominadas.

Además de las tensiones locales, el gobierno de Estados Unidos mantiene una presión constante y fricciones diplomáticas con el gobierno mexicano, enfocando sus acciones directamente contra funcionarios de Morena.
En abril pasado, las autoridades estadounidenses acusaron formalmente a 10 funcionarios del estado de Sinaloa por presuntos nexos con la facción criminal de “Los Chapitos”, endureciendo el clima político en la víspera del arranque del torneo.
El recuento histórico evidencia que las tres Copas del Mundo en México se han presentado en periodos de transformación interna, donde la dinámica política y los retos de la población civil se mantienen vigentes junto a la agenda del futbol.
