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El Mundial 2026: mujeres, violencia y prevención más allá del estadio

Organizaciones feministas advirtieron que el Mundial 2026 puede elevar un 30% la violencia contra las mujeres, por lo que exigieron al Gobierno priorizar la prevención sobre el turismo.

Imagen de aficionados de la Selección Mexicana

Foto: Cuartoscuro

Romina Ramos

Romina Ramos

Publicada: may 29 a las 07:11, 2026

Rumbo al Mundial 2026, México se prepara para recibir uno de los eventos más grandes del planeta entre estadios remodelados, campañas turísticas internacionales, nuevas rutas de transporte, así como discursos constantes sobre derrama económica y orgullo nacional; pero hay otra realidad que no aparece en los promocionales.

Mientras gobiernos, marcas y organismos deportivos hablan de esta celebración global, organizaciones feministas y organismos internacionales advierten algo mucho más incómodo: los megaeventos deportivos pueden incrementar la violencia contra las mujeres.

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Día de la Mujer

Foto: Cuartoscuro

La Red Nacional de Refugios (RNR) informó en un comunicado, que lanzó la campaña “La violencia contra las mujeres no es parte del juego”, articulada junto con redes de refugios de Estados Unidos y Canadá, los otros dos países sede del Mundial.

Y la alerta no es menor. De acuerdo con ONU Mujeres y cifras retomadas por la propia RNR, durante grandes eventos deportivos las llamadas de emergencia por violencia familiar pueden aumentar hasta un 30%.

No es una percepción aislada, ya que existe evidencia internacional documentada.

Un análisis del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) encontró que durante el Campeonato Brasileño las denuncias por amenazas y agresiones contra mujeres aumentaron entre 23.7% y 25.9%.

En Reino Unido, investigaciones detectaron aumentos de hasta 38% en casos de violencia doméstica cuando Inglaterra perdía partidos importantes.

“El fútbol no genera la violencia contra las mujeres, esa violencia ya existe y en determinados contextos puede incrementar los riesgos”, explicó Wendy Figueroa Morales, directora general de la Red Nacional de Refugios.

Y quizá ahí está la parte más incómoda de toda esta conversación, porque el Mundial deja de ser solamente un evento deportivo y se convierte también en una lupa internacional sobre las crisis que México arrastra desde hace años: violencia familiar, feminicidios, desapariciones y sistemas de protección rebasados.

Colectivo feminista

Foto: Especial

Las alertas además se concentran justamente en las tres entidades mexicanas sede del torneo: Ciudad de México, Nuevo León y Jalisco.

De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), estas entidades concentran algunos de los índices más altos de violencia familiar y delitos sexuales del país.

Jalisco, particularmente municipios como Zapopan donde se ubica el Estadio Guadalajara, aparece constantemente entre las zonas con mayores registros de violencia sexual.

Mientras tanto, México sigue registrando cerca de 10 asesinatos de mujeres al día.

Aun así, la conversación pública rumbo al Mundial sigue enfocada casi exclusivamente en estadios, movilidad, conciertos y turismo.

La propia RNR cuestionó que las estrategias gubernamentales privilegien infraestructura y promoción internacional mientras continúan siendo insuficientes las acciones integrales de prevención y protección para mujeres y niñas.

“No queremos un Mundial que solo deje cifras de turismo y derrama económica; queremos un Mundial que deje acciones concretas para prevenir las violencias”, señaló Wendy Figueroa Morales.

Mundial 2026

Foto: Cuartoscuro

La presidenta Claudia Sheinbaum anunció restricciones en la venta de alcohol en algunos Fan Fest para mantener un “ambiente controlado”. Pero para organizaciones civiles, la discusión no puede quedarse únicamente en limitar bebidas dentro de zonas turísticas mientras las instituciones encargadas de proteger a las mujeres siguen rebasadas.

Porque detrás de la narrativa oficial sobre turismo, desarrollo e inversión internacional, existe otro país que rara vez aparece en la conversación pública.

El de las mujeres que viven con miedo; el de las fiscalías saturadas; el de las órdenes de protección que no llegan; el de las desaparecidas; el de las víctimas que terminan convertidas en estadísticas y los casos recientes lo recuerdan constantemente.

Apenas este año, Edith Guadalupe Valdés, una joven de 21 años, fue localizada sin vida después de desaparecer en la Ciudad de México. La presión pública obligó a la fiscal capitalina, Bertha Alcalde, a reconocer que existió un retraso “injustificable” en su búsqueda.

También este año, el asesinato de Carolina Flores en Polanco volvió a exhibir irregularidades ministeriales y fallas en la investigación que permitieron la fuga de la principal sospechosa.

Y ahí aparece una de las contradicciones más fuertes de todo el Mundial 2026.

Mientras el gobierno federal anunció inversiones de 2 mil millones de pesos en movilidad para cada una de las sedes, y la Ciudad de México proyecta una derrama económica de hasta 40 mil millones de pesos por el torneo, los refugios para mujeres víctimas de violencia continúan denunciando precariedad presupuestal y riesgo de recortes.

El contraste es brutal:

  • Hay dinero para corredores turísticos, estadios inteligentes y fan zones.
  • Pero los refugios siguen operando bajo presión financiera.

La Red Nacional de Refugios advirtió incluso sobre la necesidad de fortalecer rutas de apoyo y acompañamiento antes, durante y después del torneo.

“La violencia contra las mujeres no reconoce fronteras, la protección y prevención tampoco debería hacerlo”, afirmó Wendy Figueroa Morales.

Y el riesgo no termina en la violencia dentro de casa. Organizaciones civiles y organismos internacionales también advierten sobre el aumento de explotación sexual y trata de mujeres durante eventos masivos.

Las ciudades sede del Mundial ya tienen antecedentes graves. Jalisco y la Ciudad de México han sido identificados históricamente como corredores importantes de trata de personas.

El incremento del turismo, la saturación urbana, el consumo masivo de alcohol y la relajación de controles de seguridad crean un entorno especialmente vulnerable para mujeres y niñas.

Aun así, el tema sigue prácticamente ausente de la narrativa oficial. Las campañas gubernamentales hablan de hospitalidad. Las organizaciones civiles hablan de supervivencia.

Porque cuando termine el torneo y las cámaras internacionales se vayan, México seguirá aquí. Seguirán aquí las mujeres que viven violencia; las carpetas de investigación sin resolver; las órdenes de protección que nunca llegaron; las fiscalías rebasadas.

Y quizá esa es la pregunta más incómoda rumbo al Mundial 2026, no cómo se verá México frente al mundo durante un mes de fútbol, sino qué país quedará cuando se apaguen las luces del estadio.

Mundial 2026

Foto: Cuartoscuro