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Mientras en México se minimizan las señales, en Washington el discurso y las acciones apuntan a una política de seguridad cada vez más agresiva

En Palacio Nacional no quieren entender o prefieren hacer como que no entienden, que la política de los Estados Unidos hacia México, particularmente en materia de Seguridad, cambió de manera radical en este segundo periodo de Trump y que cualquier cosa que antes funcionaba, ahora es completamente inútil.

Tratar de circunscribir a la agenda electoral estadounidense las más de una docena de ocasiones en las que el presidente de los Estados Unidos ha dicho que “México está controlado por los cárteles y que la presidenta Sheinbaum tiene miedo”, la última durante el G7 en Francia, o la designación de estos grupos criminales como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO), puede que sirva en el discurso interno mexicano, pero no refleja ni de cerca la realidad.
Las principales encuestadoras en los Estados Unidos, como Gallup, Ipsos, Yale Youth Poll o Emerson identifican a la Economía, el costo de la vida, la Migración, la Salud y la Política Exterior, como los temas clave y de mayor preocupación para los votantes que participarán en la elección intermedia de noviembre.
México y sus cárteles no están ni de cerca dentro de las prioridades y cuando se les menciona es en el contexto de la seguridad transfronteriza, la crisis de opioides o el apoyo de la mayoría de los estadounidenses a que su gobierno tenga una postura más agresiva contra dictadores y líderes extranjeros respaldados por el narcotráfico (Irán, Cuba y Venezuela los países que se refirieron en específico).
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La cruzada de Donald Trump contra los cárteles y el tráfico de drogas desde el exterior hacia su país no parece obedecer a una agenda política, sino más bien a una convicción personal, que si bien no le sumará una gran cantidad de votos al Partido Republicano tampoco le afectará de manera negativa en caso de obtener buenos resultados.
Para México las señales son cada vez más ominosas. No se trata sólo de las declaraciones sobre que “Sheinbaum es una mujer muy buena, pero muy asustada”, es la extracción desde Sinaloa de Ismael “el Mayo” Zambada que nunca ha quedado claro en qué circunstancias se dio, son las 53 lanchas rápidas, presuntamente cargadas con drogas, que su gobierno ha destruido con el uso de drones, son las más de 10 veces que Trump o sus funcionarios han dicho que la siguiente etapa de su combate al narcotráfico será por vía terrestre.

A todo esto hay que sumarle la acusación del Fiscal de la Corte del Distrito Sur de Nueva York contra el gobernador Rubén Rocha Moya y otros 9 funcionarios, las declaraciones del Secretario de Guerra, Pete Hegseth, quien públicamente señaló que “ya están en guerra contra los cárteles” o el nombramiento del exfiscal de la misma Corte del Distrito Sur de Nueva York, Jay Clayton, como nuevo Director de Inteligencia Nacional y la creación del llamado Escudo de las Américas que integra a 12 naciones de Latinoamérica y el Caribe y del cual nuestro país fue excluido intencionalmente.
El gobierno de Sheinbaum debería tener la totalidad de sus esfuerzos diplomáticos enfocados en una mayor cooperación binacional, con el objetivo claro de desactivar la mayor crisis con nuestro principal socio comercial, lo que de ninguna manera significa ceder soberanía, sino más bien actuar de manera pragmática y en beneficio del país.
No se pueden llamar a sorpresa, si consideran que las acciones de Trump no obedecen aparentemente a la realidad o a la lógica, si en algún lugar tienen experiencia con decisiones fundamentadas en caprichos es en la 4T, así cancelaron el NAIM, construyeron un tren que pierde dinero cada vez que se mueve y convirtieron al Poder Judicial en un concurso de popularidad con fondo musical de acordeones.
Las advertencias están ahí y la respuesta no ha sido hasta el momento la adecuada.