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Opinión

China, el gigante global

En poco más de dos décadas, China pasó de ser la sexta economía mundial a convertirse en una potencia económica, tecnológica y militar, con una creciente influencia global y fuertes desafíos demográficos y comerciales.

imagen panorámica de Shanghai de noche

China pasó de ser una potencia manufacturera a convertirse en un actor económico y tecnológico global. - Foto: Wikimedia Commons

Hace veinticuatro años, China era apenas la sexta economía mundial. Japón, Alemania, Reino Unido y Francia le llevaban años de ventaja. Su comercio internacional representaba el 4 por ciento del flujo global. En América Latina, sus intercambios comerciales llegaban a catorce mil millones de dólares.

Hoy, China es la segunda economía más grande del planeta.

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En el año 2000, el comercio de China con América Latina ascendía a catorce mil millones de dólares. Hoy supera los quinientos mil millones, convirtiendo a Beijing en el principal socio comercial de Sudamérica. Es el mayor exportador del planeta.

Pero China es un gigante global no solo por el volumen de sus exportaciones, sino porque controla materias primas de difícil suministro, domina cadenas de suministro globales y, sobre todo, dejó de ser un fabricante de bienes baratos para convertirse en arquitecto de tecnologías del futuro.

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Los pilares de la economía de China son la inteligencia artificial, las redes 5G, los vehículos eléctricos y la energía solar. ¿Cómo sucedió esto? No fue por casualidad ni coincidencia.

Huawei permite entender esa transformación. Sus teléfonos, computadoras y relojes son la parte más visible de un negocio que también abarca redes 5G y fibra óptica, servicios en la nube, centros de datos y procesadores para inteligencia artificial. Con tecnologías como Ascend y su sistema operativo HarmonyOS, la compañía participa en una apuesta estratégica: desarrollar capacidades propias en áreas decisivas para la economía digital.

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HUAWEI

Foto: Wikimedia Commons

Esa capacidad de cómputo permite entrenar modelos de inteligencia artificial y llevarlos a fábricas, servicios financieros y redes eléctricas. La empresa también colabora con universidades, forma especialistas y contribuye a proyectos de código abierto. Según su informe anual, en 2025 destinó el 21.8 por ciento de sus ingresos a investigación y desarrollo. Una cifra que ayuda a explicar por qué la competencia tecnológica también se juega en los laboratorios.

China se apropió del modelo capitalista global. Ahora compite directamente con empresas estadounidenses no solo en manufactura, sino en tecnología. Estados Unidos reaccionó demasiado tarde y Donald Trump quiere imponerle restricciones comerciales como si fuera un socio comercial subordinado. En realidad, China es un competidor desafiante, con poder económico, político y militar.

Ha modernizado sus fuerzas armadas, expandido su presencia naval, desarrollado armas hipersónicas y sistemas de defensa antimisiles sofisticados. Incluso, ha construido una red de influencia en decenas de países. Aparentemente, financia la construcción de infraestructura en países en desarrollo. En realidad, son movimientos geopolíticos para generar dependencias económicas y así ampliar su zona de influencia y poderío.

Es un gigante que logró la erradicación de la pobreza extrema absoluta, sacando a más de 800 millones de personas de esa condición según datos del Banco Mundial. También construyó y puso en órbita su propia estación espacial y alunizó en la cara oculta de la Luna, con un Programa Espacial Independiente.

Y en materia de energía limpia y electromovilidad es también un líder indiscutible, al ser el mayor productor y exportador de vehículos eléctricos del mundo y el fabricante número uno de paneles solares y turbinas eólicas del planeta.

vehiculos electricos

Foto: Xinhua News

En esa transición también participa Huawei, con tecnologías para gestionar la generación solar, almacenar energía y mejorar la eficiencia de los centros de datos. En el sector automotriz aporta componentes, software y sistemas de asistencia a la conducción a sus socios fabricantes. Su presencia en estos ámbitos ilustra cuánto se entrelazan hoy la industria, la energía y el procesamiento de información.

Pero el milagro no podía ser perfecto. El vertiginoso ascenso económico de China se ha consolidado sobre un modelo de partido único.

En China, el Partido Comunista gobierna, pero el mercado mueve buena parte de la vida cotidiana: hay empresas privadas, competencia, inversión extranjera y grandes fortunas. Al mismo tiempo, el Estado controla sectores estratégicos y marca el rumbo económico. Aquí conviven el poder político comunista y muchas prácticas del capitalismo, bajo un modelo que China llama “socialismo de mercado”. Se puede emprender y hacer dinero, pero esa apertura económica no significa una apertura política: las reglas siguen bajo el mando de un solo partido.

¿Existe algo que amenace el futuro de China? Una severa crisis demográfica por envejecimiento, la creciente tensión social interna y los bloqueos comerciales de Occidente ponen a prueba, todos los días, la estabilidad de China, el gigante global.