LOS LÍDERES DE LA POLÍTICA

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Opinión

El falso dilema de la alianza

David López Cárdenas aborda la propuesta de “Alito” Moreno sobre la posibilidad de una alianza entre PRI, PAN y MC rumbo a las elecciones 2027.

Hombre vestido con traje oscuro y camisa blanca sonríe mientras habla frente a un micrófono

Habrá estados donde PRI, PAN y MC puedan sumar. Otros donde PAN y MC tengan mejores posibilidades juntos - Foto: Cortesía

Alito Moreno quiere convertir la alianza opositora en una necesidad nacional. La realidad electoral obliga a tratarla como una decisión local.

El dirigente del PRI se muestra desafiante y hasta heróico cuando habla de construir un frente contra Morena. Dice que unidos, PRI, PAN y MC podrían disputar buena parte de las 17 gubernaturas de 2027. El argumento tiene una parte de razón: dividir el voto opositor puede regalarle a Morena triunfos que, con una candidatura común, serían competidos.

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Pero convertir esa posibilidad en una obligación nacional es un falso dilema.

Y conviene preguntarse qué hay detrás de esa insistencia. Porque una cosa es defender una estrategia electoral y otra muy distinta pretender convertirla en una causa nacional cuando el principal promotor carga con una historia reciente que no genera precisamente confianza entre sus eventuales aliados.

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Alito necesita la alianza. El PRI necesita la alianza en varios territorios. Pero eso no significa que PAN y MC necesiten a Alito ni que necesiten al PRI en todos los estados.

Alejandro Moreno

Foto: Cuartoscuro

Las encuestas ayudan a entender el problema. Morena mantiene una ventaja nacional importante, pero PAN, MC y PRI tienen comportamientos muy distintos. MC incluso aparece en algunas mediciones por encima del PRI.

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Según Parametría, Morena aventaja con 36% seguido por PAN y MC con 10% respectivamente y el PRI con 8%. Buendía & Márquez le da a Morena 35%, PAN 11% y tanto PRI como MC con 9% cada uno. Ambos ejercicios entregados este mismo mes por las empresas encuestadoras.

Además no se puede obviar el hecho de que el tricolor arrastra niveles de rechazo que pueden convertir su marca en un pasivo electoral más que en un activo territorial.

Por eso la pregunta no es si los tres partidos juntos tienen más votos que uno. La pregunta es si los electores de uno están dispuestos a votar por el candidato del otro.

Hay un antecedente que MC puede recordar: el Estado de México en 2023. Entonces decidió no participar y acusó al PRI de haber pactado con Morena: entregar el Estado de México a Delfina Gómez a cambio de conservar Coahuila. Dante Delgado denunció que el PRI “va a entregar el Edomex y, a cambio, se van a quedar con Coahuila”.

El resultado alimentó aquella lectura: Morena ganó el Estado de México y el PRI conservó Coahuila con Manolo Jiménez. No puede afirmarse qué habría ocurrido si MC hubiera competido, pero el desenlace hizo mucho menos descabellada aquella interpretación.

Coahuila ofrece otra lección. El PRI demostró que conserva territorios donde su estructura es dominante. No necesitó al PAN para ganar con amplitud. Pero lo que funciona en Coahuila no necesariamente funciona en Jalisco, Sonora, Veracruz, Sinaloa o el Estado de México.

Alito Moreno

Foto: FB Alejandro Moreno

México, además, tiene una característica que no deberíamos olvidar: su pluralidad. Por eso es tan falso el debate que pretende reducir 2027 a Morena contra todos los demás. La democracia mexicana no necesita dos bloques artificiales; necesita alternativas capaces de representar distintas expresiones de la sociedad.

Y ahí está el problema del discurso de Alito: disfraza de causa nacional lo que también puede ser una estrategia de supervivencia partidista y personal. Presenta la alianza como una obligación patriótica, cuando en realidad debería discutirse con números, territorio, candidatos y niveles de confianza ciudadana.

Habrá estados donde PRI, PAN y MC puedan sumar. Otros donde PAN y MC tengan mejores posibilidades juntos. Algunos donde el PRI conserve fuerza propia y otros donde competir separados permita ampliar el espectro opositor.

La decisión debe tomarse estado por estado.

Alito quiere convertir la alianza en una condición nacional para derrotar a Morena. La realidad mexicana exige algo más sensato: construir las alianzas que funcionen donde funcionen y no las que necesite un dirigente para sobrevivir.

No olvidemos que en democracia, sumar siglas no siempre significa sumar votos. Y mucho menos significa construir una verdadera alternativa.