Probablemente el nombre de Yuri Bezmenov no les suene de nada. Su momento de fama llegó a principios de los 80 y cautivó sobre todo a quienes estaban interesados y preocupados por la Guerra Fría y la aniquilación nuclear de la humanidad.
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Exagente de la KGB especializado en propaganda y desinformación, desertó en 1970 de la Unión Soviética y durante casi una década vivió bajo la identidad de Thomas David Shuman en Canadá hasta que su vida volvió a correr peligro y decidió hacerse público.
Lo traigo a cuenta hoy porque gracias a sus revelaciones el mundo conoció algunas de las estrategias diseñadas cuidadosamente por la Unión Soviética, durante décadas, para lo que llamaban “subversión ideológica” o “medidas activas”y que parecen haber sobrevivido hasta nuestros días, no obstante ahora los fines sean otros.
Aunque se desconoce al autor original del término “tonto útil”, su origen sí que es soviético (полезные дураки) y define a personas manipuladas por agrupaciones políticas mayores para beneficiar sus objetivos, principalmente cambiar la percepción de la realidad de cada persona de manera que, sin importar la cantidad de información, nadie pueda llegar a conclusiones sensatas. La narrativa por encima de los hechos.
Y así llegamos a las protestas de Francia por carencias en los liceos, en Milán por los costos de vida, en Guadalajara por la mala calidad del agua o en la CDMX —escoja la marcha de su agrado— en las que invariablemente aparecen las consignas y los símbolos estandarizados del “fripalestain”. Mismos símbolos, mismas consignas, mismos argumentos y hasta la misma forma de vestir.

Foto: AFP
No importa si el descontento va de gentrificación o de los 43 de Ayotzinapa, la bandera palestina se ha convertido en la omnicausa: la lucha contra el colonialismo, el racismo, el capitalismo y Occidente en general. Los colectivos tienen la idea que al apoyar esta causa —noble, según sus argumentos— revisten de legitimidad también la defensa de las suyas ante lo que imaginan como un sistema de opresión global dirigido específicamente en su contra por una élite anónima.
No importa saber quién financia “la acción global”, no importa los fines que persiguen, no importa que harán en caso de que sus objetivos se cumplan, la omnicausa se vuelve más relevante incluso que problemáticas locales mucho más apremiantes y mucho más preocupantes. Pensemos en México en dónde existe una crisis de desaparecidos, falta de quimioterapias para niños, proliferación de fosas clandestinas o un número desproporcionado de feminicidios, por mencionar sólo algunas.
Por ser una mezcla de idealismo con una necesidad profunda de sentirse relevantes o moralmente superiores, los “tontos útiles” son receptivos a narrativas que les ofrecen un papel protagónico, aunque sea de forma temporal. No se conciben como peones, creen firmemente estar participando de un movimiento trascendental de justicia y de estar “del lado correcto de la historia” y que sus consignas y pancartas tienen un peso real en el destino del mundo. Pero es esa misma combinación de idealismo y auto importancia lo que los convierte en prescindibles.
Bezmenov describe lo que pasaba con los “tontos útiles” una vez que servían a su propósito en la Unión Soviética: “Son instrumentales en el proceso de subversión solo para desestabilizar una nación. Cuando su trabajo está hecho, ya no son necesarios. Saben demasiado. Algunos de ellos, cuando se desilusionan, cuando ven que los marxistas-leninistas llegan al poder —obviamente se ofenden— piensan que ellos también llegarán al poder. Eso nunca sucederá, por supuesto. Serán alineados contra la pared y fusilados”.

Foto: Cuartoscuro
Por supuesto las protestas de 2026 y sus fines no son idénticos a los de la Guerra Fría, pero el mecanismo psicológico sí lo es: una generación educada para desconfiar de su propia civilización, incapaz de priorizar hechos sobre narrativa y dispuesta a servir de carne de cañón a quien ofrezca la causa más emocionante del momento.
La era de la gratificación inmediata y las redes sociales han hecho que su participación sea más visible y el incentivo más atractivo, porque ya no es sólo “la causa”, sino la posibilidad de “volverse viral”.