
Foto: Casa Blanca
Sectores diplomáticos, académicos y periodistas debaten sobre el simbolismo de gratitud frente al cuestionamiento del prestigio internacional del galardón

La líder opositora venezolana María Corina Machado entregó la medalla física del Premio Nobel de la Paz al presidente estadounidense Donald Trump en la Oficina Oval. El suceso ha generado posturas encontradas entre diversos actores políticos, organismos internacionales y redes sociales respecto a la naturaleza del reconocimiento y su uso diplomático.

En favor del gesto, el presidente Donald Trump calificó el acto, a través de su red Truth Social, como un “gesto maravilloso de respeto mutuo”.
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Por su parte, María Corina Machado fundamentó su decisión comparándola con el acto histórico del Marqués de Lafayette, quien en 1825 envió una medalla de George Washington a Simón Bolívar; Machado señaló que el obsequio es una muestra de la alianza entre “el heredero de Washington” y el pueblo de Bolívar.
Desde el aparato de comunicación de la Casa Blanca, el director Steven Cheung afirmó que el Comité Nobel “antepuso la política a la paz” al no premiar originalmente a Trump, a quien describió como un “humanitario que mueve montañas”, haciendo referencia a las últimas declaraciones sobre las guerras que Trump ha “terminado”.
En contraste, el Comité Noruego del Nobel emitió un comunicado oficial donde aclara que el premio es “personal e intransferible”, precisando que el título de “Laureada” sigue perteneciendo únicamente a Machado independientemente de la posesión física de la medalla. “Un Premio Nobel no puede ser revocado ni transferido a otros. Una vez que se ha anunciado al laureado o laureados, la decisión es para siempre”, declaró el portavoz Erik Aasheim a la agencia EFE.
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Janne Haaland Matlary, académica de la Universidad de Oslo, calificó el acto como “inaudito” y una “total falta de respeto por el premio” durante una entrevista concedida a la radiodifusora pública NRK, retomada por la BBC.
De igual forma, el exalcalde de Oslo Raymond Johansen, describió la entrega como algo “vergonzoso y perjudicial” para la credibilidad de los galardones internacionales.
Desde una postura de condena absoluta, el escritor Aníbal Garzón arremetió contra la decisión, sentenciando que Machado ‘cae en lo más bajo’ y acusándola de terminar de deslegitimar al Comité Noruego.
El periodista Fonsi Loaiza por su parte condenó el encuentro describiéndolo como ‘uno de los mayores actos de vasallaje de la historia reciente’.
En una defensa diametralmente opuesta, el analista Eduardo Cader publicó el artículo ‘196 gramos de oro y la libertad de una nación’, donde reivindica el gesto de Machado como una ‘movida magistral’ de alta política y no de sumisión.
Figuras como el economista Daniel Lacalle optaron por resaltar la estatura moral de la líder opositora por encima de la controversia material. Lacalle describió el gesto como una dedicación del premio a través de una ‘placa conmemorativa’, evitando entrar en el debate sobre la medalla física para centrarse en el simbolismo del liderazgo.