
Foto: Cuartoscuro / Especial
El columnista Sergio Sarmiento habla sobre la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, “el Mencho”, al que califica como el “mayor triunfo” en lo que va del gobierno de Sheinbaum.

Es el mayor triunfo en la lucha contra la delincuencia organizada en México en el sexenio de Claudia Sheibaum. La detención de Nemesio Oseguera, El Mencho, en un operativo militar en Tapalpa, Jalisco, y su posterior fallecimiento en un traslado, demuestra que las autoridades mexicanas sí pueden combatir a los líderes del narcotráfico. La pregunta ahora es si el Estado mexicano tendrá la capacidad para resistir los conflictos que pueden surgir del hecho que el Cártel Jalisco Nueva Generación, el más poderoso y de mayor crecimiento reciente en el país, ha quedado sin cabeza.
El operativo de la Secretaría de la Defensa parece haber sido bien planeado y ejecutado. El grupo militar que lo realizó tenía buena información y actuó con oportunidad para capturar a Oseguera después de lo que aparentemente fue una cita amorosa. Tres elementos de las fuerzas armadas fueron heridos en el operativo, que dejó muertos a cuatro sicarios de El Mencho. El propio Oseguera y dos de sus escoltas quedaron heridos de gravedad y fallecieron cuando se les trasladaba a una instalación médica. Esto es, por lo menos, lo que nos cuentan las autoridades.
Los acontecimientos posteriores, sin embargo, nos mostraron algunos de los riesgos que tiene la decapitación de una organización criminal. Poco después del operativo, se empezaron a registrar ataques por parte de integrantes del grupo en contra de guardias nacionales o soldados. Hubo también robos de vehículos particulares, que fueron quemados para bloquear calles y carreteras, y ataques a tiendas de conveniencia y sucursales del Banco del Bienestar.
Fue en esos ataques, y no en el operativo, donde se registró el mayor número de muertes. Veinticinco guardias nacionales y militares fueron asesinados en una feroz búsqueda de venganza por parte de los criminales. Para tener una idea de lo que esto significa, es el mayor número de bajas del Ejército en una operación desde la Revolución Mexicana. Además, 30 agresores fueron abatidos. En total se registraron 62 muertes en los hechos del 22 de febrero, entre ellas la de una mujer embarazada, atrapada en un tiroteo cruzado. Fue una jornada extraordinariamente violenta.
Ese es, precisamente, el peligro. El Ejército Mexicano ha demostrado que tiene la capacidad de enfrentar y superar a los escoltas del líder de la mayor organización criminal de nuestro país. Pero ni las fuerzas armadas ni nadie más logró impedir la violenta venganza de los cartelistas después de la detención y muerte de su líder.
El problema es que una organización tan extendida y descentralizada como el CJNG no desaparecerá simplemente porque pierda a su jefe. Al contrario, la eliminación del líder la vuelve más peligrosa. En cada una de las regiones donde opera el cártel, hay jóvenes deseos de arriesgarse, ascender y ganar más dinero. Son, además, más crueles y violentos que la generación anterior. No tienen nada que perder.
No hay duda de que el Ejército Mexicano, convertido en policía federal por la 4T, tiene la obligación de cumplir con su responsabilidad y actuar contra el narcotráfico. No son ya tiempos de ofrecer abrazos y no balazos. Pero eso no significa que la muerte de El Mencho no pueda ser el preludio de un tiempo de mayor violencia en el país.