LOS LÍDERES DE LA POLÍTICA

Opinión

‘El Mencho’, pieza clave para la relación de México-EU

La muerte del narcotraficante Nemesio Rubén Oseguera Cervantes es clave en la relación entre México y Estados Unidos.

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Foto: Redes Sociales

Hannia Novell

Hannia Novell

Publicada: mar 04 a las 17:43, 2026

La muerte del narcotraficante Nemesio Rubén Oseguera Cervantes fue un hecho que sacudió a México no solo por su magnitud en el combate al crimen organizado, sino por la manera en que se convirtió en una pieza central de la narrativa política internacional.

Dos días después del operativo que ejecutó el Ejército mexicano y que terminó con la vida del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tomó el estrado del Capitolio y se adjudicó el golpe contra el crimen: “Hemos derrocado a uno de los líderes de cárteles más siniestros”.

Esa frase reconfigura el relato. Mientras en México las autoridades insisten en que la operación fue planeada y ejecutada por fuerzas nacionales con apoyo de inteligencia estadounidense, desde Washington se presentó el abatimiento como un logro propio.

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Lo que en un principio parecía un silencio calculado se transformó en una estrategia discursiva. Primero, la omisión directa sobre México y el operativo; después, la reivindicación de una narrativa -la suya- donde él es quien combate al narcotráfico y lo hace de forma resuelta.

El presidente estadounidense ha convertido a México en un blanco de críticas constantes por el flujo de drogas y la violencia asociada, ha clasificado a los cárteles como organizaciones terroristas y ha advertido, incluso con acciones unilaterales, que su país está en una especie de guerra contra estas organizaciones.

En México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha capitalizado la muerte del ‘Mencho’ como un hito de su estrategia de seguridad, defendiendo la soberanía del operativo y marcando distancia de las acciones de otros sexenios. “¡Dios nos libre!” de “calderonizarnos”, advirtió.

El contraste es evidente. México quiere presentar el abatimiento como prueba de su capacidad. En cambio, Estados Unidos lo incorpora como argumento en la política interna y geoestratégica de Trump. Esa disputa narrativa refleja tensiones más profundas.

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Donald Trump ya ha demostrado que, cuando conviene, mezcla discursos de seguridad con objetivos electorales y geopolíticos, sin reparar en matices diplomáticos. Frente a un gobierno mexicano que reclama respeto por su soberanía, esta apropiación discursiva puede leerse como un cálculo político más que como un reconocimiento de cooperación bilateral.

El impacto de esta lectura dual tiene implicaciones directas. No solo define cómo se interpreta un hecho de seguridad clave para México, sino cómo se negocian las futuras colaboraciones, presiones, exigencias y quizá hasta las condiciones de ayuda o políticas migratorias.

Si Trump sigue usando la narrativa del combate al narcotráfico para reforzar su imagen de mano dura y seguridad, México no sólo tendrá que gestionar las consecuencias internas de una operación tan delicada, sino también lidiar con el peso que esa narrativa puede tener en decisiones y relaciones bilaterales.

En asuntos de seguridad nacional, las palabras importan, pero el silencio y la reapropiación discursiva equivalen a una declaración. Trump no sólo se atribuye la caída de “El Mencho” sino que está construyendo un relato donde él es quien lidera la lucha regional.

Y eso obliga a México a mirar no sólo al crimen y estar atento a la forma en que Washington interpreta y utiliza esos golpes en su propio tablero político. Porque en la guerra y la política todo cuenta.