LOS LÍDERES DE LA POLÍTICA

Opinión

Entre la reivindicación y los memes: ajolote, el nuevo símbolo en CDMX

Romina Ramos nos habla de la “ajolotización” de la Ciudad de México rumbo al Mundial 2026, dejando el cuestionamiento: ¿La CDMX protegerá al ajolote o solo lo convertirá en marketing?

El gobierno capitalino continúa pintando murales alusivas a la Copa Mundial 2026

Foto: Cuartoscuro

Romina Ramos

Romina Ramos

Publicada: may 23 a las 20:12, 2026

Puentes, bardas, estaciones y transporte público comenzaron a llenarse de ajolotes sonrientes como parte de la llamada ajolotizaciónimpulsada por el gobierno capitalino rumbo al Mundial de 2026.

La intención parecía sencilla: darle identidad visual a la ciudad usando uno de los símbolos más queridos de México.

Y, en teoría, tenía sentido. El ajolote no es cualquier animal. Es una especie endémica de Xochimilco, patrimonio biológico y cultural de la capital, famosa en el mundo por su capacidad de regenerarse y convertida ya en símbolo nacional gracias al billete de 50 pesos.

Inauguración de la estación Tasqueña Tren ligero Ajolote

Foto: Cuartoscuro

Del orgullo al meme

Pero algo salió mal. Lo que buscaba generar orgullo terminó provocando memes, burlas y críticas. Y quizá el problema nunca fue el ajolote. Fue el contexto.

Para el especialista en marketing político Roberto José Trad Hasbun, la estrategia sí tenía potencial.

“El ajolote está bien hecho, es una estrategia correcta, pero está mal ejecutada.

Según el experto, el error no fue elegir al ajolote como símbolo de ciudad, sino imponerlo sin construir primero una conexión con la ciudadanía.

“Está ejecutada desde la confrontación y no desde la unidad”, explica.

El Mundial 2026 y la percepción de exclusión social

Y ahí entra otro factor: la campaña quedó inevitablemente ligada al Mundial de 2026.

Mientras el gobierno local intenta vender una ciudad turística, moderna y colorida rumbo al torneo, gran parte de la población vive el Mundial desde otro lugar: exclusión, encarecimiento y distancia económica.

“Los mexicanos estamos viviendo este Mundial desde la exclusión. Es el Mundial de los ricos y es el Mundial de los extranjeros. Y no es de los mexicanos”, afirma Trad Hasbun.

Esa percepción terminó contaminando también la imagen del ajolote. Porque una marca ciudad no funciona solo por repetición visual. Funciona cuando la ciudadanía se siente representada por ella.

Clara Brugada, Jefa de gobierno de la Ciudad de México

Foto: Cuartoscuro

Una marca ciudad que nació sin consenso

La raíz de una marca ciudad exitosa es que seamos los propios ciudadanos los que la adoptemos y nos convirtamos en sus promotores”, explica el consultor.

Pero aquí ocurrió lo contrario. La campaña apareció de golpe sobre bardas, puentes y espacios públicos sin una construcción previa con la ciudadanía.

Lo gestionaron desde la prisa y la ocurrencia y no desde la evidencia… y, en lenguaje de Morena, no desde la consulta al pueblo”. Y quizá ahí está el verdadero problema.

El ajolote sigue desapareciendo

El ajolote terminó exponiendo algo mucho más profundo: la distancia entre la experiencia y el día a día de quienes vivimos en la CDMX y la narrativa política.

Mientras la capital se llena de dibujos de ajolotes, el animal real sigue en peligro de extinción.

Actualmente, el ajolote mexicano enfrenta una de las peores crisis de supervivencia de las últimas décadas.

Aunque se trata de una especie emblemática para México, especialistas advierten que su población continúa desplomándose debido a la contaminación del agua, la urbanización y la invasión de especies como la carpa y la tilapia en los canales de Xochimilco.

La crisis ambiental detrás del símbolo

En México existen al menos 16 especies de este anfibio; en la capital sobreviven tres variedades: una en Tláhuac, otra en la zona del Desierto de los Leones y la especie endémica de Xochimilco, considerada la más amenazada y la que es utilizada como símbolo político y cultural.

Por otro lado, apareció otra de las críticas más fuertes para la administración capitalina: científicos como Luis Zambrano consideran que usar la imagen del ajolote mientras no se resuelve la crisis ambiental que lo está llevando a desaparecer termina convirtiéndose en una especie de “mascotización vacía”.

Los registros científicos reflejan el deterioro acelerado de la especie. De acuerdo con censos del Instituto de Biología de la UNAM, en 2002 se contabilizaban alrededor de mil ajolotes por kilómetro cuadrado; para 2008 la cifra cayó a 100 y en 2014 apenas se reportaron 35 ejemplares por kilómetro cuadrado en Xochimilco, por lo que temen que actualmente el número sea todavía menor.

En el marco del día del Axolote el museo del Axolote

Foto: Cuartoscuro

El debate por el color morado y las críticas feministas

A eso se suma otro elemento delicado: el color morado. Un color históricamente ligado a la lucha contra la violencia hacia las mujeres y los feminicidios. Para muchas activistas, el lila dejó de sentirse como símbolo de resistencia para convertirse en branding institucional.

Colectivos feministas como Brujas del Mar emitieron pronunciamientos calificando el uso del morado como “puro simbolismo vacío” y una apropiación de una lucha construida desde las calles y las víctimas.

Como señala Trad Hasbun, los movimientos sociales existen justamente para poner límites al poder. Cuando el aparato gubernamental decide apropiarse cosméticamente del color central del activismo, el resultado previsible no es la empatía cívica, sino un legítimo sentimiento de robo y agravio entre las mujeres que han dotado a esa bandera de significado.

Cuando el símbolo ya no alcanza para ocultar la realidad

Y entonces el ajolote dejó de ser solo un ajolote. Se convirtió en ejemplo de cómo la política actual intenta conectar emocionalmente con la ciudadanía a través de símbolos, mascotas y campañas visuales.

El problema es que ningún símbolo funciona si la realidad contradice el mensaje.

Porque ningún mural tapa los baches.

Ningún personaje resuelve la falta de agua.

Y ningún branding urbano sustituye políticas públicas efectivas.

“La marca ciudad la tienes que construir en unidad y en la buena onda, y no a madrazos”, concluye Trad Hasbun.

La pregunta es si la Ciudad de México quiere ser recordada por proteger al ajolote… o solo por imprimirlo en todas partes mientras desaparece.