
Foto: Cuartoscuro
La relación entre la CNTE y los últimos presidentes de México ha pasado por el diálogo, la confrontación y las negociaciones.

La relación entre la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y los gobiernos federales vuelve a colocarse en el centro del debate público debido a las movilizaciones, bloqueos y protestas que el magisterio disidente mantiene en distintos puntos de la Ciudad de México, justo cuando la capital acelera los preparativos para el Mundial.

En este contexto, diversas declaraciones presidenciales pronunciadas a lo largo de los últimos años ayudan a entender cómo se ha construido, fortalecido y desgastado la relación entre el movimiento magisterial y los gobiernos en turno. Por ello, repasamos algunas de las frases que han marcado este vínculo y que hoy cobran nueva relevancia en medio del conflicto.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) nació oficialmente en diciembre de 1979 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, durante un encuentro nacional de docentes que buscaban democratizar la vida sindical del magisterio mexicano.

Integrada principalmente por jóvenes maestros egresados de normales rurales y de la Normal Superior, se trataba de una facción disidente dentro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Desde su fundación, la CNTE impulsó demandas como un aumento salarial, la rezonificación por costo de vida y la democratización sindical.
A lo largo de los últimos sexenios, los gobiernos federales han mantenido una relación institucional con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), privilegiando el diálogo y la negociación con su dirigencia. En contraste, la relación con la Coordinadora ha sido más compleja y conflictiva, al grado de que algunos presidentes han cuestionado la legitimidad de sus movilizaciones, llegando incluso a calificar a ciertos integrantes del movimiento como agitadores.
La llegada de Vicente Fox a la Presidencia tampoco significó un acercamiento con la organización. La CNTE acusó al gobierno panista de ignorar sistemáticamente sus demandas y de privilegiar su relación con la SNTE y su lideresa Elba Esther Gordillo.

Mientras Fox mantenía una postura crítica hacia la CNTE, el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, defendía el derecho de los maestros a manifestarse y rechazaba el uso de la fuerza pública para desalojarlos.
La relación del gobierno de Fox con la CNTE estuvo marcada por una postura de firmeza frente a las movilizaciones del magisterio disidente. En ese contexto surgieron expresiones como “Ni un paso atrás en la aplicación de la ley”, utilizadas para dejar claro que, aunque existía disposición al diálogo, no se tolerarían acciones que afectaran servicios públicos o alteraran el orden público.
La administración foxista consideraba que las demandas podían discutirse, pero insistía en que las movilizaciones debían mantenerse dentro del marco legal.
La tensión alcanzó uno de sus puntos más altos en 2006, cuando las protestas magisteriales en Oaxaca derivaron en una crisis política y social de gran escala que involucró al gobierno estatal y posteriormente a la federación. Ese episodio consolidó la percepción de una relación distante y conflictiva entre la CNTE y el gobierno de Fox.
En el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, impulsó la Ley del ISSSTE de 2007, una reforma de pensiones altamente impopular entre el magisterio que aumentó la edad de jubilación y modificó el sistema solidario a cuentas individuales, una de las reformas que el CNTE está pidiendo derogar actualmente.
En su momento, Calderón amagó a la CNTE para que “no quebrarán la ley”, respecto al derecho de los niños y niñas de tener clases, más allá de la aspiración salarial de los maestros.
“Que no se deje a los niños y a las niñas sin clase por capricho de nadie; que no use el derecho de los niños aprender por pretensiones salariales, laborales, sindicales, políticas, ideológicas o de ninguna índole. ¡Ya estuvo bueno de eso!”, dijo Calderón.

La tensión aumentó en 2008 con la firma de la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE) entre el gobierno federal y el SNTE. La CNTE rechazó el acuerdo al considerar que abría la puerta a mecanismos de evaluación y control laboral que atentaban contra la estabilidad de los docentes. Las protestas se intensificaron particularmente en Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Chiapas.
Calderón nunca construyó una relación política cercana con la CNTE. Por el contrario, la Coordinadora lo señaló reiteradamente como uno de los principales responsables de impulsar políticas educativas de corte “neoliberal” y de fortalecer acuerdos con el SNTE en detrimento del magisterio disidente.
La relación alcanzó uno de sus momentos más tensos con el gobierno durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, cuando la CNTE se convirtió en la principal oposición a la reforma educativa promovida por su administración.

Desde el gobierno de Peña se argumentaba que las reformas buscaban modernizar el sistema educativo y acabar con prácticas irregulares dentro del sector. En medio de los paros y protestas magisteriales, el entonces presidente condicionó cualquier negociación al regreso de los maestros a las aulas.
En ese contexto sostuvo: “No abriré espacios de diálogo con la Coordinadora si no antes regresamos a clases, porque lo que no puedo aceptar como presidente de la República es que se tome auténticamente a los niños y jóvenes como rehenes”.
El entonces presidente defendió la iniciativa bajo el argumento de que era necesario “recuperar la rectoría del Estado en la educación”, al considerar que el gobierno debía retomar el control de la asignación de plazas, promociones y evaluaciones docentes.
Para la CNTE, en cambio, la reforma representaba un ataque a los derechos laborales del magisterio, lo que detonó años de protestas, bloqueos y movilizaciones en distintos estados del país.
Pocas figuras políticas mostraron tanta cercanía con la CNTE como Andrés Manuel López Obrador. Durante años respaldó las movilizaciones del magisterio disidente, se opuso a la Reforma Educativa de Peña Nieto y convirtió su derogación en una de las principales promesas de su campaña presidencial de 2018.

En distintos momentos acompañó públicamente las demandas de los maestros e incluso participó en actos y movilizaciones relacionados con el conflicto educativo que marcó el sexenio peñista. Uno de los episodios más recordados ocurrió en 2016, cuando López Obrador defendió a la CNTE en medio de la confrontación con el gobierno federal.
Sin embargo, la relación comenzó a deteriorarse ya en la Presidencia. Aunque su gobierno impulsó cambios a la Reforma Educativa, sectores de la Coordinadora consideraron que no se atendieron plenamente demandas históricas como la eliminación de mecanismos de evaluación y promoción docente.
La relación comenzó a tensarse de manera visible en 2021, cuando integrantes de la CNTE bloquearon el paso del entonces presidente durante una gira en Chiapas. Tras el incidente, el mandatario marcó distancia con las organización y lanzó una de las frases que reflejó el deterioro de la relación: “No aceptamos chantajes”.
Incluso sostuvo que “no puede el presidente ser rehén de nadie” y advirtió que no permitiría que ningún grupo condicionara su agenda de gobierno. Aquellas declaraciones representaron un punto de inflexión en el vínculo entre la 4T y el magisterio disidente, que pasó de ser un aliado estratégico a convertirse en uno de los principales focos de presión para su administración.
La relación de Claudia Sheinbaum con la CNTE también ha experimentado una evolución significativa. Durante el conflicto por la Reforma Educativa de Peña Nieto, expresó abiertamente su respaldo a las movilizaciones magisteriales.

Ya como presidenta, la relación de Sheinbaum con la Coordinadora ha entrado en una etapa distinta. Aunque ha reiterado que su gobierno mantendrá abiertas las mesas de diálogo y ha descartado el uso de la fuerza para contener las movilizaciones, también ha endurecido el tono frente a algunas de las acciones emprendidas por el magisterio disidente.
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En medio de los bloqueos, plantones y afectaciones registradas en la Ciudad de México, la mandataria ha insistido en que existen canales institucionales para atender las demandas de los docentes y ha llamado a evitar medidas que perjudiquen a la ciudadanía.
Las tensiones aumentaron conforme la CNTE elevó la presión sobre el Gobierno Federal para exigir la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, cambios al sistema de pensiones, la eliminación de la USICAMM y mejoras salariales.
Ante este escenario, Sheinbaum ha señalado que algunas acciones del movimiento terminan beneficiando políticamente a sus adversarios, al advertir que ciertos grupos “le están haciendo el juego a la ultraderecha”.
Asimismo, ha sostenido que detrás de algunas manifestaciones podrían existir actores interesados en provocar confrontaciones con el gobierno, por lo que ha reiterado que su administración “no caerá en provocaciones”.