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El mapa criminal de Sinaloa: los municipios clave para el crimen organizado

Culiacán, Mazatlán, las regiones rurales y Badiraguato tienen funciones distintas dentro de la economía criminal: producción de drogas sintéticas, rutas de trasiego, extorsión, recepción de precursores y zonas de refugio.

Elementos de la Guardia Nacional vigilando Sinaloa con armas y traje militar, ante el alto índice delictivo del Cártel de Sinaloa

La guerra entre Los Chapitos y Los Mayos no es solo por controlar ciudades. Detrás de la violencia existe una disputa por territorios estratégicos que permiten sostener las operaciones del Cártel de Sinaloa. - Foto: Cuartoscuro

La violencia que atraviesa Sinaloa no se explica solamente por la disputa entre grupos armados. Detrás de los enfrentamientos existe también una pelea por controlar territorios que cumplen funciones distintas dentro de la economía del narcotráfico: desde recibir sustancias químicas y producir drogas sintéticas hasta mover cargamentos, lavar dinero, extorsionar actividades legales o esconder a sus operadores.

En ese mapa, Culiacán, Mazatlán y la costa del Pacífico, las zonas rurales alrededor de El dorado, que incluyen a Rosario, Escuinapa y Mocorito, el llamado Triángulo Dorado y Badiraguato representan espacios estratégicos.

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No funcionan de manera aislada. En conjunto forman parte de una cadena que permite sostener las operaciones de las distintas facciones del Cártel de Sinaloa.

Elementos de la Guardia Nacional en operativo

Foto: Cuartoscuro

La analista de seguridad, Lisa Sánchez explica que el fenómeno ha evolucionado más allá del tradicional financiamiento ilegal o la corrupción de funcionarios.

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Según la especialista, los grupos criminales buscan ahora construir esquemas de “gobernanza criminal”, una estrategia mediante la cual intentan influir directamente en las decisiones gubernamentales locales para asegurar el dominio de territorios, recursos económicos y actividades productivas lícitas.

Este modelo, señala, responde a la necesidad de controlar comunidades y economías regionales para expandir actividades como la extorsión, el contrabando, la minería ilegal y el robo de combustibles.

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La fragmentación interna de la organización también ha convertido esos territorios en espacios de disputa. Las facciones vinculadas con “Los Chapitos” y “Los Mayos”, además de grupos con autonomía propia en la sierra, buscan conservar o ampliar su influencia sobre corredores que tienen un valor económico y logístico; y controlar esos lugares significa mucho más que dominar una ciudad o una carretera.

Culiacán: el epicentro del control criminal

Culiacán es la capital política y económica de Sinaloa, pero también ha sido durante décadas uno de los principales centros de operación del narcotráfico en el estado, según un informe de ACLED DATA y de Insight Crime.

Su importancia no se limita a su peso urbano: alrededor de la ciudad convergen corredores para el movimiento de drogas, mercados locales, actividades de extorsión y zonas rurales y periféricas donde han sido localizados laboratorios clandestinos para la producción de drogas sintéticas.

Anteriormente, Culiacán era concebido como territorio de “Los Chapitos”. La ciudad que durante años fue considerada una de las principales vitrinas del poder de los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán comenzó a cambiar con la guerra interna del Cártel de Sinaloa.

De acuerdo con un reporte de International Crisis Group, “Los Mayos” avanzaron sobre el sur y el este de la capital sinaloense, reduciendo el margen de operación de la facción de los Guzmán en una de sus plazas más simbólicas.

El cambio comenzó a hacerse más visible desde septiembre de 2024, cuando la confrontación interna borró antiguas fronteras criminales y modificó el reparto territorial en Sinaloa.

La estructura vinculada históricamente con Ismael “El Mayo” Zambada avanzó sobre corredores, colonias y comunidades donde “Los Chapitos” habían mantenido presencia durante años. De esta forma, el equilibrio criminal de Culiacán habría pasado de un predominio de los hijos del Chapo a una mayor presencia y control de “Los Mayos”, según reportes periodísticos de Insight Crimen.

La importancia de dominar Culiacán también responde a los negocios que pueden desarrollarse desde el territorio. Además del tráfico internacional de drogas, la extorsión, el cobro de piso y la venta de narcóticos en mercados locales representan fuentes de ingresos.

A ello se suma la producción de metanfetaminas y otras sustancias sintéticas en laboratorios clandestinos ubicados en zonas rurales y periféricas, una actividad que permite abastecer tanto al mercado nacional como a las rutas internacionales.

Producción de drogas sintéticas en Culiacán

Foto: Cuartoscuro

El control de la capital sinaloense tiene además un fuerte componente simbólico. Culiacán ha sido escenario de episodios que exhibieron la capacidad armada del Cártel de Sinaloa, pero la fragmentación de la organización también transformó sus formas de operar.

Lisa Sánchez considera que Culiacán representa el ejemplo más evidente de esta transformación territorial. “Es el caso más emblemático de cambio de control criminal en el estado. Anteriormente la ciudad estaba bajo el dominio de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán y sus hijos, pero debido a la guerra interna de los últimos dos años, hoy el control parece ser mayoritariamente de Los Mayos”, explicó.

Por su parte, el analista de seguridad David Saucedo identifica a Culiacán como uno de los municipios urbanos más estratégicos y advierte que el interés de los grupos criminales también alcanza el terreno político.

Según el especialista, el financiamiento de candidatos afines buscaría garantizar condiciones favorables desde los gobiernos y corporaciones locales para proteger infraestructura y operaciones criminales.

“Controlar a los alcaldes y a las policías municipales les garantiza la protección mínima necesaria para mantener a salvo su control territorial, sus laboratorios, bodegas y rutas de trasiego hacia Estados Unidos”, sostuvo.

Mazatlán: una puerta que conecta al Cártel de Sinaloa con el mundo

A unos 200 kilómetros al sur de Culiacán, la lógica cambia. El valor estratégico de Mazatlán y la costa del Pacífico se encuentra en su conectividad. El puerto comercial y las carreteras que recorren la franja costera convierten a esta región en un punto relevante para el movimiento de mercancías hacia el interior del país y hacia la frontera norte.

Autoridades detienen a tres narcotráficantes en Mazatlán

Foto: Gabinete de Seguridad

Para las organizaciones dedicadas a la fabricación de drogas sintéticas, el acceso a sustancias químicas es indispensable.

Los precursores utilizados para elaborar metanfetaminas y otras drogas pueden ingresar a México mediante cadenas internacionales de suministro, incluidas sustancias procedentes de países asiáticos como China e India. De ahí que los puertos del Pacífico sean considerados puntos sensibles para las autoridades encargadas de combatir el narcotráfico, según información de ACLED.

Mazatlán tiene además otra ventaja: está conectado con las carreteras federales 15 y 15D.

Estas vías recorren buena parte del noroeste mexicano y permiten conectar Sinaloa con Sonora y posteriormente con Baja California, estados que cuentan con cruces fronterizos hacia Estados Unidos.

Para los grupos criminales, dominar un corredor de este tipo representa controlar una parte de la cadena logística.

Eso explica por qué la violencia no se limita a los centros urbanos. Las carreteras también se convierten en espacios de disputa cuando una facción intenta impedir el movimiento de sus rivales o apoderarse de sus rutas.

En la guerra interna del Cártel de Sinaloa, la zona costera se ha convertido en otro territorio codiciado por las facciones que buscan mantener o ampliar su capacidad de operación.

Dentro de este nuevo reparto territorial, Mazatlán se mantiene como uno de los principales bastiones de la facción de Los Chapitos en Sinaloa, luego del avance de Los Mayos en Culiacán.

La importancia de la segunda ciudad más grande del estado no solo radica en su peso económico y turístico, sino también en su ubicación estratégica sobre el Pacífico y en su puerto, considerado un punto relevante para el ingreso de precursores químicos utilizados en la producción de drogas sintéticas como el fentanilo, según datos de Crisis Group, Insight Group y el Gobierno de Estados Unidos.

El Dorado y las regiones rurales

Fuera de las grandes ciudades, el narcotráfico adquiere otra forma. Las comunidades rurales ubicadas alrededor de Culiacán como es el caso de El Dorado y hacia el sur del estado han sido históricamente zonas de influencia de grupos relacionados con Ismael “El Mayo” Zambada. Tras la reconfiguración de esa facción, operadores vinculados con Ismael Zambada, “El Mayito Flaco”, han mantenido presencia en el Dorado.

El Dorado, ubicado al sur de Culiacán, se convirtió desde el inicio de la confrontación entre facciones del Cártel de Sinaloa en uno de los puntos de disputa entre La Mayiza y La Chapiza.

En octubre de 2024, El Sol de México documentó que la zona registraba enfrentamientos entre civiles armados, bloqueos carreteros y homicidios; además, reportó episodios violentos en comunidades como Las Arenitas y Sánchez Celis. La violencia también alcanzó la carretera Culiacán-Eldorado, donde vehículos de carga fueron utilizados para bloquear la circulación, mostrando la relevancia de este corredor dentro de la confrontación territorial entre ambas facciones.

La disputa criminal no se desarrolla de manera uniforme en todo el estado. Sánchez identifica municipios donde el conflicto entre facciones se encuentra particularmente intensificado.

Rosario, Escuinapa y Mocorito figuran entre las zonas donde, de acuerdo con Lisa Sánchez, “el pleito está rudo” debido a que, a diferencia de otras regiones del estado, no cuentan con una facción criminal hegemónica o consolidada, por lo que podrían convertirse en focos de presión política durante el proceso electoral.

Detienen a narcotraficantes en la zona rural de Sinaloa

Foto: Gabinete de Seguridad

En dichas zonas, las actividades criminales se mezclan directamente con algunos de los sectores productivos más importantes de Sinaloa.

Agricultura, ganadería y pesca generan miles de millones de pesos y sostienen comunidades enteras. Precisamente por eso pueden convertirse en objetivos de extorsión.

El control criminal puede ejercerse mediante cuotas, amenazas contra productores o intermediarios y presión sobre determinadas actividades económicas, además del trasiego de drogas, según un análisis de Guacamaya Leaks y publicado en el País.

También existe el riesgo de que empresas aparentemente legales sean utilizadas para introducir recursos ilícitos al circuito formal.

De acuerdo con una radiografía criminal de La Jornada, la presencia del Cártel de Sinaloa en Mocorito, Rosario y Escuinapa expone la fragmentación interna de la organización. Mientras Mocorito se alinea en la franja central dominada por “La Mayiza”, liderada por Ismael Zambada, “El Mayito Flaco”, junto con Culiacán, Navolato, Cosalá, Elota y San Ignacio, los municipios sureños de Rosario y Escuinapa funcionan como bastiones de repliegue para “Los Chapitos”, al mando de Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar.

De acuerdo con Milenio, Escuinapa se convirtió en un punto estratégico dentro de la disputa del Cártel de Sinaloa, debido a que conecta el sur del estado con Nayarit y mantiene comunicación carretera con Mazatlán, además de enlazarse con el corredor hacia Durango y Zacatecas.

Tras intensificarse el cerco de las autoridades contra grupos criminales en Culiacán y Mazatlán, fuentes militares señalaron al medio que algunas células buscaron ampliar o trasladar hacia el sur actividades relacionadas con la producción y distribución de drogas, dejando localidades de Escuinapa como El Bosque, El Palmito, Tecualilla y El Camarón expuestas a la confrontación.

Además, células vinculadas con “Los Chapitos” mantienen presencia en esta región, dentro de una disputa que se extiende por el corredor carretero Mazatlán-Escuinapa y hasta la frontera con Nayarit; esta escalada ha provocado desapariciones, desplazamientos, robos de vehículos, cierres de negocios y cambios en la movilidad y la vida cotidiana de los habitantes.

Pero el campo tiene otra ventaja para los grupos armados: el territorio. Comunidades alejadas, caminos secundarios y grandes extensiones rurales pueden funcionar como espacios para instalar casas de seguridad, esconder vehículos o mantener infraestructura clandestina lejos de los centros urbanos, como laboratorios clandestinos, decomisados por el Gabinete de Seguridad.

La guerra entre facciones agregó una nueva dimensión. En zonas como El Dorado se ha reportado la utilización de drones adaptados para transportar explosivos, una tecnología que permite atacar posiciones rivales sin necesidad de un enfrentamiento directo.

El uso de estos dispositivos muestra cómo una disputa que durante décadas dependió de hombres armados, camionetas y rifles ha incorporado herramientas tecnológicas como drones.

Badiraguato: la sierra que protege a los cárteles del narcotráfico

Mucho antes del fentanilo y de los grandes laboratorios de drogas sintéticas, el narcotráfico sinaloense tenía otro corazón: la sierra.

El llamado Triángulo Dorado, formado por regiones montañosas de Sinaloa, Durango y Chihuahua, ha sido históricamente una de las principales zonas de cultivo de amapola y marihuana en México, según el último informe de la DEA.

Su importancia no depende únicamente de lo que se produce ahí, la propia geografía funciona como protección, de ahí la importancia que es el municipio de Badiraguato.

Montañas, caminos difíciles de transitar y comunidades dispersas convierten a esta región en un territorio complicado para las autoridades y atractivo para organizaciones que necesitan esconder personas, mercancías o infraestructura.

Elementos de la Guardia Nacional en operativo en Badiraguato

Foto: Gabinete de Seguridad

Dentro de ese mapa, Badiraguato ocupa un lugar central: además de ser tierra de origen de algunos de los narcotraficantes más conocidos de Sinaloa, su ubicación en la sierra lo convierte en un punto estratégico para proteger corredores utilizados en el traslado de drogas hacia Estados Unidos, explicó el especialista en seguridad David Saucedo.

En Badiraguato destaca la Gente del “Guano”, encabezada por Aureliano Guzmán Loera, hermano de Joaquín “El Chapo” Guzmán, reporta Contralínea. donde en el norte también operan estructuras vinculadas con Los Cabrera Sarabia, una familia identificada históricamente como aliada e intermediaria de la facción de Ismael “El Mayo” Zambada.

Ese equilibrio comenzó a romperse tras la detención de “El Mayo” Zambada en julio de 2024, episodio que profundizó la guerra interna del Cártel de Sinaloa.

Información recopilada por ACLED señala que la sierra se convirtió en escenario de una guerra de desgaste entre facciones, con “Los Chapitos” intentando ampliar su presencia frente a estructuras relacionadas con “El Guano” y Los Mayos.

De acuerdo con La Jornada, Badiraguato, considerado una de las cunas históricas del Cártel de Sinaloa, se encuentra actualmente bajo la órbita de la facción encabezada por Aureliano Guzmán Loera, “El Guano”, hermano de Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien habría establecido una alianza de conveniencia con Los Zambada en medio de la disputa interna del cártel.

De acuerdo con lo informado por Omar García Harfuch, Aureliano Guzmán Loera, “El Guano”, mantiene su principal centro de operaciones en La Tuna, Badiraguato, y encabeza una facción del Cártel de Sinaloa con presencia en esa zona y parte del Triángulo Dorado. El poder de su grupo quedó reflejado en el amplio operativo aéreo y terrestre desplegado por fuerzas federales en Badiraguato y comunidades serranas consideradas bastiones de su organización.

Aunque las drogas sintéticas transformaron el negocio del narcotráfico, el valor de estas montañas permanece. Los cultivos de amapola y marihuana continúan formando parte de la economía criminal, mientras que las características del terreno ofrecen espacios de repliegue para grupos que buscan protegerse de organizaciones rivales o de operativos de las autoridades, según la Secretaría de Seguridad de Sinaloa.

A esa vieja dinámica de la sierra se ha incorporado ahora una forma de confrontación más tecnológica: se han documentado ataques mediante drones adaptados para transportar explosivos, evidencia de cómo uno de los territorios más tradicionales del narcotráfico mexicano también se ha convertido en escenario de nuevas tácticas dentro de la guerra entre facciones.

De acuerdo con los expertos consultados, detrás de cada carretera bloqueada, comunidad disputada o enfrentamiento existe una dimensión territorial y económica. Para las organizaciones criminales, perder una región puede significar perder ingresos, rutas o capacidad de producción.