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Opinión

Enemigo conocido

Hannia Novell analiza los riesgos de abuso sexual digital contra menores y advierte que, en la mayoría de los casos, el agresor es alguien conocido por la víctima.

Una manifestante con el rostro cubierto por un pañuelo morado sostiene en alto una bandera violeta con el símbolo feminista, posicionada en contrapicado junto a la silueta en bronce de la estatua del Rey Colimán bajo un cielo despejado.

La periodista Hannia Novell analiza los riesgos de abuso sexual digital contra menores y advierte que, en el mayor de los casos, el agresor es alguien conocido por la víctima. - Foto: Cuartoscuro

La imagen más cómoda es la del extraño que se esconde detrás de una pantalla para engañar a un adolescente. Sirve para advertir sobre los riesgos de internet, pero explica sólo una parte del problema.

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El informe Disrupting Harm México reveló datos más inquietantes. En el 64 por ciento de los casos de abuso o explotación sexual facilitados por la tecnología, la persona agresora era conocida por la víctima. Amistades, parejas, exparejas y familiares aparecen con mayor frecuencia que los desconocidos. Además, en el 39 por ciento de los casos, el primer encuentro presencial ocurrió en la escuela.

Abuso sexual

Foto: Cuartoscuro

El Gobierno de México prepara una propuesta para regular el uso de plataformas digitales y redes sociales entre menores. La discusión es necesaria, pero puede quedarse en la superficie si convierte al teléfono en el principal culpable.

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El documento elaborado por ECPAT, la red global de organizaciones de la sociedad civil que trabaja para erradicar la explotación sexual infantil en el planeta, refiere que la tecnología no crea a los agresores, sino que les entrega nuevas herramientas para vigilar, amenazar, chantajear y prolongar una violencia que empezó antes del mensaje, la fotografía o el video.

El estudio señala que 13 por ciento de las niñas, niños y adolescentes de 12 a 17 años que utilizan internet en México sufrió alguna forma de abuso o explotación sexual facilitada por la tecnología. Las modalidades son distintas, pero comparten algo: utilizan la intimidad como instrumento de poder.

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Hay imágenes sexuales no solicitadas, amenazas para obtener fotografías o videos, difusión de contenido íntimo sin consentimiento y extorsión sexual. Ya aparece además la creación de imágenes sexuales falsas mediante inteligencia artificial.

El problema se vuelve más difícil cuando la víctima conoce a quien la amenaza. No es sencillo bloquear a alguien que comparte el salón de clases, pertenece al grupo de amigos, es la pareja o vive en la misma casa. Tampoco es fácil denunciar cuando existen afecto, dependencia, miedo o vergüenza.

Abuso sexual

Foto: Cuartoscuro

Por eso resulta insuficiente reducir la discusión a cuántas horas pasan los adolescentes conectados o a si deben llevar teléfono a la escuela. El teléfono es el principal medio de conexión, pero no necesariamente el origen de la violencia.

Prohibir celulares puede ayudar con problemas de atención en el aula. Regular plataformas también es necesario. Pero ninguna de esas medidas alcanza si el agresor se sienta al lado de la víctima, forma parte de su círculo cercano o sabe qué amenaza puede utilizar para silenciarla.

El reto exige enseñar que pedir contraseñas, exigir fotografías para comprobar cómo va vestida una pareja, amenazar con publicar imágenes íntimas o condicionar una relación mediante contenido sexual no son muestras de afecto. Son formas de control.

Y obliga a que escuelas, familias y autoridades sepan qué hacer cuando una víctima habla. No basta con decirle que bloquee una cuenta, borre una aplicación o entregue el celular. Si el agresor pertenece a su entorno, el problema seguirá ahí, aunque la pantalla se apague.

México necesita mejores reglas para las plataformas, mecanismos rápidos para retirar contenidos y autoridades capaces de investigar estos delitos. Pero también necesita reconocer que el enemigo también puede ser conocido. Ya tenía el número de teléfono, conocía la escuela y sabía dónde vivía la víctima. Antes de conseguir una imagen, había conseguido la confianza de su víctima.