LOS LÍDERES DE LA POLÍTICA

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Opinión

Del like a la trinchera: la cadena de suministro de la violencia en México

El activismo digital dejó de ser una extensión de las protestas en la calle para convertirse en una herramienta capaz de denunciar, organizar y proteger, pero también de exponer a quienes la utilizan a vigilancia, amenazas y violencia.

Vigilancia en la red, activistas en busca de desaparecidos, persona revisando información en internet

De las madres buscadoras a Pegasus, este análisis recorre la cadena que puede llevar de una publicación y la estigmatización pública a amenazas y agresiones en el mundo real. - Foto: OPEN AI

A veces pecamos de cierta soberbia generacional. Vemos con ironía el activismo que se hace desde una pantalla y a la llamada “generación de TikTok” la acusamos de querer cambiar al mundo a punta de hashtags.

Como si el activismo de verdad fuera únicamente el de los pies cansados, las marchas, las pancartas y el sudor en la calle. Y el digital fuera su versión cómoda: scrollear, compartir, dar like, subir una historia y pelearte con tres bots antes de dormir.

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Creemos que el mayor riesgo en X o Instagram es la cultura de la cancelación, que te bajen un video o que alguien te haga pedazos en los comentarios.

Pero en México, separar la pantalla de la calle puede ser un error bastante peligroso.

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Una publicación puede servir para denunciar. Una transmisión en vivo puede proteger. Un grupo de WhatsApp puede organizarnos en emergencias. Pero las mismas herramientas también pueden servir para vigilar, localizar, amenazar o perseguir.

Así que, parafraseando aquello del “análisis de ecosistemas de amplificación digital”, utilizado por Luisa María Alcalde al hablar de redes de difusión de contenidos críticos, hagamos nuestro propio análisis.

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Pero de cómo una publicación puede terminar convertida en una amenaza en la vida real.

Censura en las redes sociales

Foto: Open AI

Fase 1: La acción

Cuando la pantalla es tu único escudo

Todo empieza fuera del celular.

En una marcha. En una denuncia. Defendiendo un bosque. Buscando a un desaparecido.

Piensa en las madres buscadoras.

En un país donde más de 133 mil personas permanecen sin ser localizadas, ellas no utilizan Facebook para ganar seguidores. Lo utilizan para organizar búsquedas, documentar lo que encuentran y hacer visible dónde están. Al 16 de agosto de 2026, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas contabilizaba 133,788 personas que continuaban sin ser localizadas, de acuerdo con el procesamiento de Data Cívica de la base oficial. Mujeres como Rosario Lilián Rodríguez, asesinada en Sinaloa mientras buscaba a su hijo, o Gladys Aranza Ramos, asesinada en Sonora mientras buscaba a su esposo, muestran hasta dónde puede llegar ese riesgo.

Y está Ceci Flores, que ha hecho de las redes una herramienta para buscar, denunciar y pedir protección.

La hipervisibilidad funciona a veces como una especie de póliza de vida.

Y digo a veces.

Porque la misma publicación que alerta a periodistas, organizaciones y familiares también puede revelar ubicaciones, rutas, horarios y personas.

La herramienta que utilizas para hacer visible una búsqueda también puede ayudar a alguien a encontrarte.

Colectivos buscadores

Foto: Cuartoscuro

Fase 2: La estigmatización pública

El Estado se hace la víctima

Después viene otro fenómeno.

Publicas información incómoda, contradices la versión oficial, denuncias algo o cuestionas al gobierno y, de pronto, el debate deja de ser sobre “los otros datos”

Ahora el problema eres tú.

“Golpista”. “Adversario”. Parte de una supuesta red digital.

Y aquí las palabras importan.

Porque las palabras oficiales son, precisamente, oficiales.

No pesa igual que un desconocido te insulte en X a que una autoridad te ponga ahí en una pantalla, incluso socialmente ¿ese señalamiento no podría mandar un mensaje bastante peligroso?

De: esa persona no tiene el respaldo del Estado.

No significa que el gobierno esté ordenando una agresión. Pero en territorios donde conviven crimen organizado, sicarios, policías municipales y autoridades locales, señalar públicamente a un periodista o activista puede aumentar su vulnerabilidad.

Porque el mensaje no lo recibe únicamente la persona señalada.

También lo escucha el policía que debería protegerla; el funcionario que tendría que investigar una amenaza; el crimen organizado; el sicario y cualquiera que entienda ese señalamiento como una señal de que esa persona está sola.

Una cosa es que te “trollen” y otra muy distinta es que desde una posición de poder te conviertan públicamente en “el adversario” en un país donde para periodistas, activistas y defensores ya la amenaza se esta convirtiendo en el “ya se la saben”.

Censura en redes sociales

Foto: OPEN AI

Las palabras oficiales tienen consecuencias precisamente porque vienen de quien tiene la obligación de protegerte.

Y mientras pasa todo esto, México vuelve a superar a la IA.

Nuestra clase política también encuentra tiempo para discutir reformas como “leyes antimemes”. Para sancionar la suplantación o el uso ilícito de elementos de identidad institucional.

Mientras sus impulsores dicen que no buscan castigar memes ni sátira política; especialistas han advertido sobre el riesgo de interpretaciones que puedan afectar la libertad de expresión.

Y ahí la comparación resulta inevitable.

El Estado puede moverse rapidísimo cuando considera amenazada su identidad institucional, pero si amenazan a una buscadora, la velocidad va por debajo de los límites de velocidad.

Fase 3: Inteligencia y vigilancia clandestina

Aquí ya no estamos hablando de likes

Y entonces llegamos a Pegasus.

No estamos hablando de que alguien adivinó tu contraseña. Hablamos de un spyware capaz de infiltrarse en un teléfono y acceder a información extremadamente sensible.

Andrés Manuel López Obrador aseguró durante su gobierno que ya no se espiaba a opositores como en administraciones anteriores.

Sin embargo, R3D, ARTICLE 19 y SocialTIC, con apoyo técnico de Citizen Lab, documentaron infecciones con Pegasus contra dos periodistas y un defensor de derechos humanos entre 2019 y 2021, ya durante su administración.

El análisis forense de Citizen Lab validó las infecciones. Y aquí hay una importante: la evidencia técnica confirmó las infecciones, pero Citizen Lab señaló que los datos disponibles no permitían atribuir esos ataques a un cliente específico de NSO Group. The Citizen Lab

Por otro lado, la investigación Ejército Espía documentó que la Secretaría de la Defensa Nacional contrató en 2019 un “sistema de monitoreo remoto de información” con una empresa que representaba a NSO Group en México. Ejército Espía

Cuando un teléfono está comprometido, la información que llevas literalmente en el tu bolsa puede dejar de ser privada: mensajes, ubicación, cámara, micrófono y otros datos.

Y entonces el celular deja de ser solamente la herramienta con la que organizas una protesta.

También puede convertirse en la herramienta con la que alguien sabe hasta que haces mientras lees esto.

Ahí la distancia entre la violencia digital y la física empieza a hacerse cada vez más corta.

Fase 4: El impacto letal

Y finalmente, la calle

Aquí se acaba cualquier discusión sobre si el activismo digital es activismo “de verdad”.

Porque las amenazas salen de la pantalla.

Defensores ambientales, periodistas, buscadoras y comunidades que defienden su territorio enfrentan agresiones que ya no tienen absolutamente nada de virtual.

La tecnología deja de ser únicamente una herramienta para comunicarnos.

También puede convertirse en una herramienta para amenazar, cobrar, vigilar y atacar.

Y las cifras del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, CEMDA, muestran la dimensión del problema.

Durante 2025 documentó 135 eventos de agresión y 314 agresiones específicas contra personas defensoras del medio ambiente. Mientras que diez personas fueron asesinadas.

Pero hay otro dato especialmente incómodo.

De acuerdo con CEMDA, autoridades federales, estatales y municipales, así como policías y fiscalías, tuvieron participación en 76 de los 135 eventos documentados.

La delincuencia organizada fue el segundo tipo de agresor con mayor número de registros. CEMDA

La violencia no necesariamente empieza el día que alguien jala el gatillo.

Puede empezar mucho antes.

Con una publicación.

Con un señalamiento.

Con información personal circulando donde no debería.

Con un teléfono intervenido.

Con una amenaza que nadie investigó.

Y después sí, con alguien protestando en la calle.

Porque en México, lo digital y lo físico ya son la misma historia.

Y quizá ahí está el error de burlarnos del activismo de la “generación de TikTok”.

Porque un like parece inofensivo, pero puede ser la punta del iceberg.