
Una red de estudiantes de secundaria y adultos jóvenes en Arizona, llamados Los Chicos de Phoenix, consigue y revende armas de fuego que terminan principalmente en manos de cárteles mexicanos. - Foto: Wikimedia Commons
Una red de estudiantes de secundaria y adultos jóvenes en Arizona consigue y revende armas de fuego que terminan principalmente en manos de cárteles mexicanos, de acuerdo con una investigación del New York Times.

Cuatro jóvenes de entre 16 y 19 años, estudiantes o exalumnos de secundaria en el oeste de Phoenix, forman parte de una red que compra, roba y revende armas de fuego a operadores de organizaciones criminales mexicanas.
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Según una investigación de The New York Times, los adolescentes, que se identifican entre ellos como “Los Chicos Phoenix”, consiguen pistolas y rifles de alto calibre mediante compras legales, robos y grupos de compraventa en aplicaciones como WhatsApp y Telegram, para después venderlos a intermediarios vinculados con los cárteles.
Los cuatro jóvenes entrevistados por el NYT aseguraron que no tienen lealtad hacia un cártel en particular y que su principal motivación es obtener dinero, estatus y un sentido de pertenencia. Sus identidades fueron mantenidas en anonimato debido a la naturaleza ilegal de sus actividades y corroboradas mediante documentos oficiales.
Uno de ellos, identificado como JM, de 18 años, aseguró que coordina a decenas de estudiantes de al menos 20 escuelas secundarias de Phoenix que consiguen armas por distintas vías. Según su relato, la mayoría termina en México y, principalmente, en manos del Cártel de Sinaloa.
La red comenzó cuando JM y dos amigos reunieron 700 dólares para comprar un rifle de estilo Kalashnikov. Después lo vendieron en mil 200 dólares y utilizaron las ganancias para adquirir más armas.
Los jóvenes también relataron que algunas armas son obtenidas mediante robos a casas, vehículos e incluso a familiares. Otros compradores con la edad suficiente para adquirirlas legalmente las consiguen en tiendas o exhibiciones de armas y después las entregan a los traficantes.
Para comunicarse, recurren a grupos de WhatsApp y Telegram, donde negocian precios y coordinan encuentros. También dijeron que utilizan casas de seguridad, unidades de almacenamiento y sus propios departamentos para guardar las armas antes de entregarlas.

Autoridades estadounidenses y exfuncionarios consultados por el NYT señalaron que los grupos criminales mexicanos recurren cada vez más a adolescentes y adultos jóvenes en estados fronterizos como Arizona debido a su cercanía con México, la disponibilidad de armas y la posibilidad de obtener dinero rápidamente.
AJ Gibes, agente especial a cargo de la división de campo de Phoenix de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, explicó que las organizaciones criminales buscan a personas sobre las que puedan ejercer influencia.
“Para los jóvenes, tristemente, esta es una oportunidad para ganar dinero rápido, tal como lo sería cometer otros tipos de delitos”, comentó.
Datos federales citados por el periódico muestran que, de más de 11 mil traficantes cuyas edades fueron identificadas en investigaciones de la ATF entre 2017 y 2021, alrededor de un tercio tenía menos de 25 años y cerca de 5% tenía menos de 17 años. Los datos corresponden a investigaciones en todo Estados Unidos y no especifican cuántos casos estaban relacionados con el suministro de armas a México.
Jason Red, exagente de Investigaciones de Seguridad Nacional que investigó redes de tráfico de armas en Arizona, señaló que los adolescentes aparecen con frecuencia en este tipo de investigaciones.
“Los cárteles usan a cualquier persona. Para ellos, estos son compradores desechables”, señaló.

La investigación señala que la disponibilidad de armas en Estados Unidos y las leyes de armas de estados fronterizos como Arizona han facilitado el flujo de armamento hacia México.
Autoridades mexicanas estiman que hasta 500 mil armas de fuego son contrabandeadas desde Estados Unidos hacia México cada año. Parte de este armamento termina siendo utilizado en la violencia relacionada con organizaciones criminales.
Los jóvenes entrevistados describieron un negocio basado en intermediarios. Los cárteles rara vez compran las armas directamente, sino que recurren a compradores y reclutadores en Estados Unidos para mantener distancia entre sus integrantes y el armamento.
Las ganancias pueden ser significativas. Una pistola Beretta de 9 milímetros comprada legalmente por unos 700 dólares puede revenderse hasta en mil 500 dólares, mientras que una Colt .38 Super que cuesta alrededor de mil 200 dólares en Estados Unidos puede alcanzar los 2 mil 500 dólares entre compradores de cárteles en México.
Uno de los traficantes, conocido como El Flaco, de 18 años, dijo que incluso en un mal mes puede obtener entre 4 mil y 5 mil dólares.
El joven contó que comenzó a traficar armas a los 14 años, cuando compró una Glock 19X con dinero que había ahorrado trabajando en un restaurante. Después la vendió mediante un grupo de WhatsApp y utilizó las ganancias para comprar y revender otras armas.
“Dije, ‘no pos de aquí soy, ya estoy hecho’”, relató.
Según el NYT, los jóvenes también recurren a billetes falsos, contactos personales y plataformas digitales para conseguir armas. Las conversaciones y grupos suelen ser creados y eliminados para evitar la detección, mientras que los nuevos integrantes llegan mediante recomendaciones.
Aunque los adolescentes afirmaron que hasta ahora no han sido arrestados, uno de ellos, JM, dijo que decidió esconderse temporalmente en Sinaloa porque consideraba que las autoridades estadounidenses lo estaban cercando.
“Va a seguir habiendo jale cuando regrese”, dijo.