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Opinión

La herida abierta de Be’eri

Uno de los kibutz, comunidad agrícola colectiva, afectadas por la incursión de Hamás en el 2023, fue la de Be’eri, en donde asesinaron a 101 habitantes

Mujer entre hombres enmascarados pertenecientes a Hamás

Los atacantes transmitieron sus crímenes a través de redes sociales mientras atacaban a los habitantes de Be'eri - Foto: Cortesía

Conocí a Hugo Alón en junio de 2025, a unas horas de que comenzara la Guerra de los 12 días entre Irán e Israel. Con una playera negra con el nombre de su kibutz y un sombrero de pescador, nos esperaba a las puertas de su comunidad para guiarnos entre las calles y casas en las que se vivió el horror el 7 de octubre de 2023.

Be’eri es uno de los kibutzim más antiguos de Israel, fundado en 1946 –dos años antes de la creación del estado de Israel y 18 de la “identidad palestina” de Yasser Arafat– sus primeros pobladores compraron a beduinos esas tierras en el norte del desierto del Négev, durante el Mandato Británico, para establecer un asentamiento solidario de corte socialista con 30 pobladores iniciales que se dedicarían a la agricultura.

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Ubicado a sólo 5 kilómetros de la frontera con la Franja de Gaza, Be’eri constaba, hasta la mañana del 7 de octubre del 2023, de mil 100 habitantes permanentes. Niños, jóvenes, adultos y ancianos. Todos relacionados de alguna manera con la famosa imprenta del kibutz, su actividad principal.

Be'eri

Foto: Cortesía

El 7 de octubre de 2023, las cámaras de seguridad de la puerta de acceso registraron, a las 6 de la mañana, la llegada de terroristas de Hamás a bordo de motocicletas y camionetas pick-up. Asesinaron de inmediato a 3 personas en un automóvil y gracias a su superioridad numérica rápidamente se impusieron los 10 elementos encargados de la seguridad del asentamiento.

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Lo que vino después fue el infierno. Pasada una oleada de proyectiles, los terroristas –que llegaron a ser más de 340– se dispersaron por las calles y abrieron fuego contra todo aquel que se encontraron. Fueron casa por casa en busca de sus habitantes. A quienes estaban resguardados en los cuartos de seguridad los sacaron de ellos con fuego, humo y granadas de mano.

Golpes, vejaciones, tortura. Madres violadas frente a sus hijos, hijos violados frente a sus madres. En algunos casos los terroristas grabaron sus atrocidades con cámaras Go-Pro para después compartir “su proeza” en redes sociales, en otros utilizaron los mismos celulares de sus víctimas para transmitir sus crímenes e incluso, en un derroche de sadismo, utilizaron las cuentas de redes sociales de las víctimas para emitir los videos.

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Be'eri

Foto: Cortesía

A los terroristas se unieron pobladores gazatíes que participaron en la rapiña y secuestro de los pobladores de Be’eri. A algunos los subieron a vehículos a otros más los arrastraron maltrechos los 5 mil metros hasta la Franja para desaparecer entre sus calles o en los kilómetros de túneles construidos durante años por Hamás con el dinero de la ayuda internacional. El saqueo continuó durante la noche y entrada la madrugada hasta que las Fuerzas de Defensa de Israel lograron abatir al último de los integrantes de los comandos ya por la mañana del 8 de octubre.

Hugo nos guía dentro de las casas de sus vecinos y nos relata sus historias. Los orificios de las balas están por todos lados, también las huellas del fuego y en la recámara de una de las casas aún se aprecia la enorme mancha hemática junto a una cama que acumula polvo a 2 años de distancia. Algunas de las casas no se pueden visitar por el daño estructural, otras se han convertido en memoriales de quienes ahí perdieron la vida, y se quedarán así como un recuerdo al valor de sus habitantes y la cobardía de sus atacantes.

Be'eri

Foto: Cortesía

El saldo en Be’eri fue de 101 pobladores asesinados, entre ellos 9 niños, incluida una bebé de 10 meses; 30 personas secuestradas, 23 soldados de las FDI perecieron en combate, junto con otros 8 del Grupo Civil de Respuesta Rápida del Kibutz.

Leo en los diarios locales que algunas de las casas en las que estuve no existen más y los trabajos de reconstrucción están en marcha. Muchos de los residentes continúan como desplazados con familiares o en el cercano kibutz Hatzerim. La imprenta, que es la columna vertebral de la economía del asentamiento, volvió a funcionar desde 2024 para un cierto sentido de normalidad.

Pero para algunos de los habitantes, Be’eri será siempre una herida abierta. El dolor, el trauma de lo sucedido ese 7 de octubre no les permitirá regresar jamás. La vida construida ahí, la familia, los recuerdos, murieron también ese sábado. El peor día para la comunidad de Israel desde el Holocausto.

Dejó el siguiente link por si les interesa conocer más de lo sucedido ese día, aunque advierto que las imágenes son sumamente perturbadoras.