
Foto: Tomada de El Financiero
Miguel Ángel Treviño Morales comparecerá ante la Corte Federal del Distrito de Columbia en EUA

El 1 de mayo de 2026 Miguel Ángel Treviño Morales, Z40, volverá a la Corte Federal del Distrito de Columbia, en Estados Unidos, para una audiencia de estatus que puede marcar el ritmo real del proceso en su contra y el de su hermano Omar Treviño, Z42.
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La cita llega después de meses de trámite y con una discusión paralela que ya subió de tono, su defensa pide que el juez Trevor McFadden revise el régimen de aislamiento bajo el que aseguran que permanece recluido desde hace más de 275 días.
La audiencia está planteada como revisión de estatus. En esa etapa, el tribunal suele ordenar el avance del caso, revisar pendientes y fijar el calendario que define si el expediente se acelera o se sigue estirando. En un proceso de este tamaño, ese control de tiempos es clave, porque el caso se mueve entre el intercambio de información, litigios previos y decisiones que van marcando el terreno para lo que viene.

El objetivo inmediato no es solo aparecer ante el juez. Es colocar, en una misma mesa, el estado del expediente y los puntos que la defensa ya convirtió en batalla paralela, empezando por el encierro y las condiciones de reclusión.
Treviño Morales enfrenta cargos federales de alta gravedad en Estados Unidos, con exposición a la pena máxima.
De acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, enfrenta acusaciones federales en Washington DC por encabezar una empresa criminal continua, así como por conspirar para fabricar y distribuir cocaína y marihuana destinadas a su importación a territorio estadounidense, en volúmenes de cinco kilogramos o más de cocaína y mil kilogramos o más de marihuana.
También se le imputa el uso de armas de fuego, incluida ametralladora, durante y en relación con delitos de narcotráfico, además de conspiración internacional para lavar dinero.
La autoridad judicial advierte que el cargo de empresa criminal continua, abarca conspiraciones para cometer homicidios contra funcionarios del gobierno mexicano, ciudadanos mexicanos, rivales criminales y actores en Guatemala.
Bajo esa presión, el Z40 busca acogerse a un esquema de cooperación como testigo protegido para evitar una sentencia de cadena perpetua.
El dato toma relevancia por el momento procesal. porque puede reordenar prioridades, plazos y estrategias, tanto para la fiscalía como para la defensa.
Z40 llegó a custodia de Estados Unidos el 27 de febrero de 2025 como parte de un traslado en bloque de 29 narcotraficantes. En ese mismo paquete fue incluido su hermano Z42. Ese movimiento lo sacó del sistema penitenciario mexicano y lo llevó directo al centro del tablero federal estadounidense.
Tras la entrega, el 14 de marzo de 2025 fue presentado ante una corte federal en Washington, ya bajo el proceso formal de Estados Unidos.
A la par del avance judicial, la defensa presentó una moción para que el tribunal revise las condiciones en las que se encuentra recluido en la cárcel regional Northern Neck en Warsaw, Virginia.
El planteamiento central es que Z40 ha permanecido en confinamiento solitario por más de 275 días, bajo un régimen de restricciones severas, y que esa condición debe modificarse, con acceso a convivencia con otros internos y comunicación con su familia.
Ese reclamo no es un detalle lateral. Se volvió un eje que corre junto al juicio, porque coloca en manos del juez la decisión de mantener o ajustar medidas de control que la defensa describe como extremas.
El Z40 fue detenido en México en julio de 2013, en una operación en el noreste del país. Desde entonces, su figura quedó ligada a uno de los capítulos más violentos del crimen organizado en México, bajo el sello de Los Zetas.

Miguel Ángel Treviño Morales, Z40, fue un jefe de alto nivel dentro de Los Zetas y, con el tiempo, una de sus caras de mando. En documentos oficiales de Estados Unidos se le describe como ex líder de esa organización y como parte de la cúpula responsable de dirigir una estructura de tráfico de drogas con violencia extrema.
En el expediente federal que hoy lo tiene procesado en Washington, los fiscales lo colocan como administrador, organizador y líder de una empresa criminal continua, con control sobre una red que operaba con varias personas bajo su coordinación y que sostenía una cadena de delitos ligados al narco.
En esa misma narrativa, se le atribuye conducción de una organización transnacional que movía grandes volúmenes de droga y operaba con métodos violentos.

La acusación estadounidense también sostiene que, aun estando en prisión en México, él y su hermano mantuvieron influencia sobre la estructura criminal, señalando al Cártel del Noreste como sucesor que continuó actividades de Los Zetas y que, según esa versión, llegó a ser dirigido desde el encierro.
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En el corto plazo, dos líneas van a marcar el pulso del caso. La primera es el estado real del proceso y los siguientes pasos que fije el juez. La segunda es la disputa por las condiciones de reclusión, que ya está sobre la mesa; y la búsqueda de ser testigo protegido. El expediente entra a una fase donde una sola decisión puede cambiar la historia completa del caso.