
Foto: Cuartoscuro
Con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, entra a una etapa de relevo incierto, células dispersas y reacomodos violentos entre facciones.

El estruendo de los helicópteros sobre Tapalpa el pasado 22 de febrero no solo anunció la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, “el Mencho”. En realidad, marcó el punto final de una generación criminal que durante 40 años tuvo la seguridad nacional en vilo. Con la muerte del líder del CJNG, se cierra el libro de los capos legendarios, una estirpe de hombres que acumularon un poder casi feudal y cuya caída ha dejado un tablero de ajedrez sin reyes y con piezas sueltas.

El punto de quiebre, advierten especialistas en seguridad, no es únicamente el golpe a un jefe. Es el cierre de una era y la apertura de un capítulo distinto, con mandos menos mediáticos, con estructuras tensionadas y con organizaciones que pueden fragmentarse o reacomodarse sin un patriarca indiscutible.
Samuel González Ruiz, el primer zar antidrogas de México y principal redactor de la Ley de Delincuencia Organizada y en algún momento consultor de la ONU, lo plantea como un cierre de capítulo que no implica una extinción del narcotráfico, sino una mutación. En su lectura, México ha vivido ya tres generaciones de narcotraficantes, tal vez cuatro, y la historia se sigue reescribiendo sobre nuevos operadores.

Recuerda la idea de Giovanni Falcone, la mafia como fenómeno social que puede nacer, crecer, desarrollarse y quizá morir. Y coloca el hilo histórico desde los capos rurales con control territorial en los cincuenta, pasando por la marihuana y la heroína en los sesenta, hasta la llegada de la cocaína y la creación de la federación de cárteles en los ochenta, el modelo que atribuye a la generación de Félix Gallardo y que se fractura tras el caso Camarena, aunque sobreviven como símbolos “Don Neto”, Félix y Caro Quintero.
Raúl Benítez Manaut, experto en Seguridad Nacional y en Relaciones cívico-militares, coincide en el parteaguas y lo formula con una frase que resume el momento. “el Mencho”, dice, fue el último de la generación del Mayo, el Chapo y los dirigentes que dominaron regiones como Jalisco y Michoacán.
A partir de aquí, advierte, el relevo se acomoda por abajo y no se sabe con certeza quiénes son los nuevos mandos. Plantea dudas incluso sobre si figuras del círculo familiar podrían intentar asumir control, aunque él lo pone en duda. Y remarca el punto que define el nuevo capítulo, la captura o caída del 'Mencho’ no significa el desmantelamiento automático del cártel.
En ese contexto, el mapa del narcotráfico entra a una etapa donde los cárteles que hoy dominan el mercado de las drogas siguen en el tablero, con el CJNG al centro del reacomodo, y con fuerzas que mantienen disputa o presencia, entre ellas Sinaloa, Golfo, La Línea, Tijuana, Caborca. En la conversación pública y en las redes, la lista se estira y se reacomoda a medida que aparecen nombres, facciones y células. La diferencia, si el diagnóstico se cumple, será la forma del poder, menos vertical, más fragmentada, más volátil.
Mientras comienza a escribirse el capítulo de los nuevos capos, queda en la memoria un archivo histórico criminal como registro final de una generación de narcotraficantes que, desde la jerarquía de los fundadores en los ochenta hasta el reciente vacío absoluto en las cúpulas, operaron bajo un modelo de poder vertical que hoy parece extinguido,
El estratega que diseñó el sistema de plazas. Su detención en abril de 1989 marcó el primer gran quiebre del narcotráfico moderno. A pesar de sus intentos recientes por obtener prisión domiciliaria por motivos de salud, permanece como el último testigo del nacimiento de los imperios criminales en México.
Símbolo de la impunidad y la persecución transnacional. Tras su liberación en 2013, volvió a la clandestinidad hasta su recaptura definitiva el 15 de julio de 2022 en Choix, Sinaloa. Su caída cerró el ciclo del hombre que puso en jaque la relación entre México y Estados Unidos tras el caso Camarena.
El veterano de la vieja escuela. Detenido el 7 de abril de 1985, fue el primer gran patriarca en caer. Su figura representa el paso de los traficantes de opio a los señores de la cocaína. Actualmente cumple su sentencia bajo confinamiento domiciliario por su avanzada edad.
El rostro más mediático del crimen global. Tras dos fugas espectaculares, fue capturado definitivamente el 8 de enero de 2016. Su extradición y condena a cadena perpetua en 2019 eliminaron la figura del capo pop que dominó la narrativa criminal del siglo XXI.

El último de los intocables. Durante cinco décadas evadió la cárcel hasta su histórica caída entrega el 25 de julio de 2024 en Texas. Con él se extinguió la figura del capo mediador, aquel que prefería la negociación antes que la guerra abierta.

Líder visceral y aliado clave de Guzmán. Su caída en junio de 1995 tras un accidente aéreo fue el primer gran golpe a la estructura de Sinaloa. Sigue siendo un símbolo de las cruentas guerras de venganza que definieron los años 90.
El diplomático del narcotráfico. Se reportó su muerte por un infarto en junio de 2014, aunque el misterio ha rodeado su figura por años. Fue el conciliador que mantuvo la paz entre diversas facciones cuando el negocio corría peligro.
El Rey del Cristal. Abatido el 29 de julio de 2010 en Zapopan, Jalisco. Su muerte fragmentó el control operativo en el occidente del país y dejó el vacío que posteriormente llenaría el CJNG.
El cerebro de la organización. Fue detenido el 9 de marzo de 2002 en Puebla. Su captura desarticuló la administración política del cártel que controló la frontera más transitada del mundo.

El brazo armado y ejecutor. Fue abatido el 10 de febrero de 2002 en Mazatlán durante un enfrentamiento con la policía. Era el encargado de mantener el control mediante el terror y la eliminación sistemática de rivales.
Detenido por la Guardia Costera estadounidense el 14 de agosto de 2006. Su caída en aguas internacionales fue un mensaje de que ya no había refugios seguros para la familia.
Capturado el 25 de octubre de 2008 en Tijuana tras un intenso tiroteo. Fue extraditado, cumplió condena en Estados Unidos y fue deportado a México para enfrentar cargos pendientes, cerrando el mando de los hermanos varones.
El mayor de la familia. Fue asesinado por un sicario disfrazado de payaso el 18 de octubre de 2013 en Los Cabos. Aunque ya no tenía mando operativo, su muerte fue el cierre simbólico de la dinastía.
El capo que transformó la logística criminal con sus flotas de aviones. Murió el 4 de julio de 1997 en la Ciudad de México tras una cirugía plástica para cambiar su identidad, convirtiéndose en una leyenda del bajo mundo.

Hermano de Amado. Fue detenido el 9 de octubre de 2014 en Torreón, Coahuila. Intentó mantener la relevancia del Cártel de Juárez en medio de una guerra de exterminio contra Sinaloa.
Abatido el 11 de septiembre de 2004 en Culiacán. Su muerte, ordenada por “el Chapo”, rompió la alianza entre los cárteles de Sinaloa y Juárez, desatando una de las olas de violencia más brutales en la historia de México.
El primer gran líder del Golfo en ser extraditado a Estados Unidos tras su captura el 14 de enero de 1996. Sentó las bases de la estructura corporativa del tráfico de cocaína a gran escala.
Detenido el 14 de marzo de 2003 en Matamoros. Fue el creador de Los Zetas como brazo armado, militarizando el conflicto y cambiando las reglas de la violencia en el noreste.
Hermano de Osiel y líder tras su extradición. Fue abatido el 5 de noviembre de 2010 en Matamoros en un operativo masivo que duró varias horas.
El último gran administrador del Cártel del Golfo. Fue detenido el 12 de septiembre de 2012 en Tampico. Su caída dejó a la organización en una fragmentación de la que nunca se recuperó.
Fundador de “Los Zetas” y exmilitar. Fue abatido el 7 de octubre de 2012 en Coahuila. Su muerte representó el fin del mando estratégico del grupo paramilitar más violento del país.
Capturado el 15 de julio de 2013 cerca de Nuevo Laredo. Impuso una era de terror absoluto y fue el responsable de la expansión Zeta hacia Centroamérica. Enfrenta proceso en Estados Unidos.
Capturado el 4 de marzo de 2015 en San Pedro Garza García. Con su detención, la estructura original de los líderes Zeta quedó formalmente descabezada. También enfrenta proceso en Estados Unidos.
El Jefe de Jefes de la facción de los Beltrán. Fue abatido por la Marina el 16 de diciembre de 2009 en Cuernavaca. Su muerte fragmentó el control del centro y sur de México.

Detenido el 21 de enero de 2008. Su captura fue el punto de quiebre que separó a los Beltrán Leyva del Cártel de Sinaloa, iniciando una guerra interna sin precedentes.
Detenido el 1 de octubre de 2014 en San Miguel de Allende. Falleció en prisión en 2018. Representó el último intento de reorganizar el cártel mediante alianzas políticas y empresariales.
Líder de sicarios y operador clave. Fue detenido el 30 de agosto de 2010. Su figura marcó el surgimiento de los capos con perfiles mediáticos y sociales fuera del ámbito rural.

Fundador de La Familia y Los Caballeros Templarios. Tras ser dado por muerto erróneamente en 2010, fue finalmente abatido el 9 de marzo de 2014. Impuso una ideología mesiánica en el crimen organizado.
El rostro mediático de Michoacán. Fue capturado el 27 de febrero de 2015 en Morelia. Fue el último de los capos que intentó justificar sus actividades mediante mensajes sociales y políticos en redes.

Líder de La Familia Michoacana, detenido el 21 de junio de 2011. Su captura marcó el fin de la unidad en las organizaciones criminales de la Tierra Caliente.
Abatido el 31 de marzo de 2014 en Querétaro. Era el cerebro operativo de los Templarios y uno de los objetivos prioritarios de las fuerzas federales y grupos de autodefensas.
El último de los grandes líderes que mantenía un control vertical y absoluto. Su abatimiento el 22 de febrero de 2026 representa el fin del último imperio criminal con alcance nacional e internacional. Con su caída, no queda ningún líder de la vieja guardia con capacidad de mando real en el país.

Con ese inventario de caídas, lo que se abre es el debate sobre la forma del nuevo ciclo.
Altamente posible una fragmentación completa del CJNG porque no se puede dar por sentado que el modelo se replique con un nuevo líder. Samuel González Ruiz sostiene que la lógica de violencia y control atribuida al ‘Mencho’ es personal y difícil de repetir.

Viene a cuenta el espejo colombiano para ilustrar la ruta, con el derrumbe de grandes cárteles y el surgimiento posterior de bandas criminales focalizadas. En su conclusión, González Ruiz advierte que no va a perdurar el modelo del cártel como se conocía antes, y extiende esa idea al resto de organizaciones, con Sinaloa y Golfo diezmados y con controles territoriales más pequeños.
Benítez Manaut coloca el foco en la mecánica interna. Dice que la continuidad en el CJNG depende de si se coordinan dos ejes, el operador del dinero y el operador de los sicarios, lo que llama el ministro de Hacienda y el ministro de Defensa. Si se coordinan, el cártel puede seguir manejándose igual. Si chocan, la disputa por control puede disparar violencia contra ciudadanía y gobierno para generar anarquía y presión por control.

Sostiene que venía convirtiéndose en un gran monopolio y que la gran incógnita es si con la pérdida del “Mencho’” ese monopolio se rompe y regresa un esquema anterior, más disperso.
La caída de Oseguera Cervantes cierra el libro de los capos legendarios y abre un periodo donde el poder ya no está garantizado por un solo nombre, donde el CJNG enfrenta el dilema de cohesión o ruptura, y donde el resto de los cárteles activos, Sinaloa, Golfo, La Línea, Tijuana, Caborca, y los que las redes sigan arrojando, entran a un entorno de reacomodos con mandos opacos y disputas que pueden multiplicarse en el territorio.

En ese nuevo capítulo, los herederos ya no son figuras míticas sino mandos en disputa, y en el radar aparece la línea de “los Chapitos”. Iván Archivaldo Guzmán y su hermano, desde la estructura que se les atribuye dentro del Cártel de Sinaloa, asoman como parte de esa nueva historia que empieza a escribirse con relevos que buscan ocupar vacíos, reacomodar alianzas y medir fuerzas en un tablero donde el apellido pesa, pero el mando ya no está garantizado.