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Opinión

Masiosare: Un difuso enemigo

El evento de Claudia Sheinbaum del pasado domingo no fue un festejo, sino un control de daños ante el desgaste de su defensa del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.

Claudia Sheinbaum, presidenta de México

Foto: Desconocido

Vicente Gálvez

Vicente Gálvez

Publicada: jun 04 a las 07:29, 2026

El evento de Claudia Sheinbaum el domingo en el Monumento a la Revolución no fue un festejo, por supuesto, pero tampoco un mitin político. Lo que presenciamos fue un control de daños ante el desgaste que ha significado su defensa a ultranza del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y los 9 funcionarios de su gobierno acusados por la Justicia de Estados Unidos.

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Se acabó el discurso de “pruebas, que presenten pruebas, porque no vamos a tolerar la corrupción” y pasamos al de “…es legítimo dudar del verdadero interés de los juicios de extradición para autoridades electas, porque primero vienen por unos, luego por otros, hasta que oficinas del Departamento de Justicia se vuelven el principal elector de México”. Y con esto elevó a los 8 de Sinaloa, que todavía permanecen en México, a ejemplos paradigmáticos de La Soberanía.

Y el problema es ese. Sheinbaum decidió armarse de retórica y demagogia para acudir a una batalla de hechos y pragmatismo.

Sheinbaum y Rocha Moya

Foto: Cuartoscuro

La intención de los Estados Unidos, país con el que compartimos 3 mil kilómetros de frontera y 80% de nuestro comercio, ha sido clara desde el principio. Desde que designaron a los cárteles como organizaciones terroristas extranjeras, desde que nombraron al fentanilo como arma de destrucción masiva, desde que Trump y Marco Rubio señalaron que iban por las redes políticas de protección de los narcotraficantes y por aquellos que se enriquecen gracias a ellos. Y mandaron su lista requiriendo a los primeros.

Los mandatarios mexicanos en el poder tienen la enfermiza propensión de equiparar a la Nación con su gobierno y a “los mexicanos”, con los políticos de su movimiento. Puesto así, claro está, cualquier situación que amenace su posición es considerada un ataque a la Soberanía.

¿Pero de qué Soberanía hablan cuando entre el 80% del territorio nacional tiene presencia de cárteles o de plano control territorial en 30% del país?

Y no, no solamente es el dicho del Comando Norte de EUA, es también la estimación, incluso de integrantes de la 4T, como el diputado Hugo Eric Flores quien en octubre pasado declaró que “70% de este país está tomado por el narcotráfico ¿Quiénes gobiernan a los presidentes municipales? ¿Los presidentes municipales gobiernan al crimen organizado en este país? No, no nos engañemos, el crimen organizado pone a los presidentes municipales”, aseguró.

Ante un escenario de esa magnitud y la imposibilidad de resolverlo, Sheinbaum ha optado por subir el volumen al discurso dirigido a sus bases y utilizar la “teoría de la guerra de distracción y el rally around the flag” apelando al patrioterismo más básico al tiempo que señala una amenaza externa, dramática y urgente; pero se ha cuidado de no señalar directamente a Trump.

Son “los sectores ultraconservadores de Estados Unidos, la derecha internacional, los neoliberales, sectores injerencistas, organizaciones para desestabilizar gobiernos progresistas”, es decir quien sea, es decir nadie.

Claudia Sheinbaum

Foto: Cuartoscuro

En algo tiene razón la presidenta, ya vinieron por unos y van a venir por otros. En trascendidos y filtraciones desde Estados Unidos flotan los nombres de los gobernadores Américo Villarreal, Alfonso Durazo, Marina del Pilar Ávila y funcionarios como Mario Delgado o Adán Augusto López.

Los encendidos discursos en la plaza pública puede que resulten atractivos a los simpatizantes y los beneficiarios del régimen, pero no resuelven el fondo.

La realidad es que Estados Unidos quiere cárcel para figuras de alto nivel que han cobijado y se han beneficiado de su connivencia con los cárteles y no se van a detener aún cuando les canten, voz en cuello, el Himno Nacional.