
Foto: Cuartoscuro/Instagram POTUS
Antes las presiones externas, la autodenominada Cuarta Transformación ha tenido un viraje discursivo en el uso del concepto de soberanía.

En las últimas semanas, el discurso del oficialismo ha dado un giro estratégico y el concepto de soberanía ha sido clave. Ante el incremento de las sanciones financieras, los informes de agencias de inteligencia y las presiones directas de Estados Unidos en materia de narcotráfico y seguridad, Morena ha reactivado y puesto en el centro de su agenda un concepto histórico: la soberanía nacional.

Lo que comenzó como una postura de política exterior, ahora se ha transformado en el eje identitario de su narrativa pública. A través de una revisión de documentos internos del partido, análisis de las declaraciones de sus principales liderazgos y entrevistas con especialistas en derecho internacional y comunicación política, desglosamos cómo el concepto de la soberanía pasó de ser un principio constitucional a convertirse en el blindaje retórico y político de la autollamada Cuarta Transformación frente a las exigencias de Washington.
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En la teoría política clásica, la soberanía es el poder supremo e independiente que tiene un Estado para gobernarse a sí mismo, dictar sus leyes y controlar su territorio sin la interferencia de fuerzas extranjeras. Es, en esencia, la columna vertebral de la autodeterminación de un país. Aunque desde su fundación Morena ha utilizado este principio como parte de su ideología, estipulando en sus estatutos el rechazo a las coacciones que el poder pretenda imponer sobre la libertad y soberanía popular, es en los últimos meses cuando lo han anclado directamente a las presiones de Washington.
En enero de este año, la mandataria reaccionó a las múltiples amenazas sobre una posible intervención de EUA a territorio mexicano para combatir a los cárteles.
“Nos coordinamos, colaboramos, pero no nos subordinamos, platicamos, negociamos, trabajamos, pero hay algo que no está en negociación, y esa es la independencia y la soberanía de la patria”, dijo el 11 de enero, durante un evento en Guerrero.
Ese viraje en el discurso se hizo mucho más evidente cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció la acusación contra Rubén Rocha Moya y nueve de sus colaboradores por presuntos nexos con el narcotráfico. Tras dichas revelaciones, Claudia Sheinbaum señaló que cualquier proceso legal debía realizarse bajo las leyes mexicanas y que la FGR evaluaría las pruebas antes de proceder.
Incluso, el pasado 31 de mayo, cuando Sheinbaum ofreció un discurso con motivo de su segundo aniversario al frente del Ejecutivo, además de sus logros decidió destacar el tema de la soberanía, pero no sólo eso, lo ligó directamente a dos casos: el operativo en Chihuahua que dejó dos agentes de la CIA muertos, así como las acusaciones contra Rocha.
Sheinbaum aseguró que los ataques no eran solamente de la oposición, sino de factores extranjeros, por lo que cuestionó la legitimidad del gobierno estadounidense de apoyar a México en su lucha contra el crimen organizado.
“Entonces debemos preguntarnos, surge la pregunta legítima: ¿Es realmente interés legítimo, genuino por ayudar a México? ¿Es realmente un interés legítimo para combatir a la delincuencia organizada? ¿O quizá estamos viendo cómo sectores de la ultraderecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones de 2026? ¿O acaso pretenden influir en la elección de 2027 en nuestro país? No son preguntas retóricas. ¡México no es piñata de nadie!”, expresó la presidenta.
Esta narrativa escaló a nivel legal. En el paquete de reformas discutidas durante una sesión extraordinaria del Congreso, el bloque oficialista aprobó la injerencia extranjera como una nueva causal para la nulidad de elecciones. Todo esto ocurrió mientras el caso Rocha Moya avanzaba en el terreno judicial, marcado por una citación de la FGR y la incertidumbre sobre el paradero del gobernador sinaloense.
El concepto de soberanía también está presente en el ámbito electoral, pues se ha convertido en parte fundamental de la convocatoria para definir a quienes serán los futuros candidatos.
“En el contexto actual, resulta necesario fortalecer la organización territorial, la participación popular y la conciencia colectiva para consolidar los avances de la Cuarta Transformación y contribuir a la defensa de la soberanía nacional. Por ello, las personas que coordinen la Defensa de la Transformación también serán responsables de defender la soberanía nacional, bajo los principios de independencia, autodeterminación, organización popular y defensa de los intereses del pueblo de México”, se lee en el documento.
Eso contrasta con las convocatorias anteriores, en las que este concepto no tiene el mismo peso que ahora le atribuyen.
Pero para entender cómo ha evolucionado el uso de esta palabra en el universo de Morena hay que remontarse años atrás, a la época en la que Andrés Manuel López Obrador usaba el discurso para fines internos.

De acuerdo con Carlos Maldonado, profesor del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, hay dos momentos clave en los que Morena ha utilizado el concepto de soberanía.
El primero, según el analista, fue para reforzar el discurso sobre las élites y la mafia del poder.
“La soberanía se concentraba en arrebatarle el poder a las élites económicas para llevarlo de vuelta a la ciudadanía”, explicó.
Sin embargo, ante las presiones sobre presuntos nexos contra el crimen organizado, Morena hace un viraje y hacen uso del concepto de una manera distinta, a manera de defensa contra las acusaciones de Estados Unidos.
“Morena siempre ha protegido la soberanía, pero ahora le dan este giro contra la injerencia extranjera, contra intereses externos, ya no es tanto la mafia del poder, la minoría rapaz, si no los que vienen de afuera”, indicó.
Maldonado advirtió que el discurso de la soberanía también ha permeado en los criterios de selección de funcionarios públicos y prevé que así sucederá con la elección de candidatos a los estados, donde se pondrá encima incluso de la capacidad y experiencia técnica.
“Efectivamente se convierte en un criterio para, digamos, los que cumplen más esta agenda de soberanía tienen más palomitas para llegar a la candidatura, lo cual es problemático porque entonces no estamos atendiendo un criterio de eficiencia, de experiencia (...) Andrés Manuel López Obrador diría, prefiero la lealtad que la técnica”, advirtió.

Para el especialista, la sobreexplotación de esta retórica nacionalista de la soberanía podría fomentar disputas dentro de Morena, debido a que habrá una especie de competencia de quienes “cuidan más la soberanía y otros que menos, ellos mismos se van a pegar con ese criterio”.
Pero para la investigadora Guadalupe Correa, de la George Mason University, Morena no sólo usa el concepto para defenderse, sino para gozar de impunidad.

“La clase política mexicana juega con una realidad y utiliza esta defensa que es legítima para, de alguna manera, oscurecer o tapar la impunidad que se está manifestando en México debido a las corruptelas y la protección a la delincuencia organizada”, indicó.
Correa Cabrera señaló la existencia de un doble discurso en la administración de Claudia Sheinbaum, acusando que la defensa encendida del territorio se queda únicamente en la retórica.
“Ellos dijeron: ‘no vamos a aceptar el injerencismo, vamos a defender nuestro petróleo, nuestros recursos naturales’, pero en los hechos no se ha defendido absolutamente nada”, aseguró.
Asimismo, la especialista apuntó que el discurso de la soberanía choca de frente con la realidad en materia de seguridad, un rubro donde México, según su análisis, opera bajo una constante presión y alineación con la Unión Americana.

“Las fuerzas militares de Estados Unidos siguen entrenando a mexicanos. Realmente la política de seguridad de México está totalmente alineada con Estados Unidos; sí, debido a una presión, pero esta presión también tiene que ver con el abandono, concluyó.
El uso estratégico de la soberanía nacional como eje discursivo perfila un nuevo capítulo en la compleja relación bilateral entre México y Estados Unidos de cara a los procesos electorales que ambos países enfrentarán entre 2026 y 2027.
Mientras para el oficialismo este concepto representa un principio constitucional indispensable para delimitar la cooperación internacional y proteger la vida pública del país, para diversos analistas se advierte el riesgo de que la retórica nacionalista postergue debates profundos sobre la eficacia institucional y el combate a la criminalidad.